Niños partidos por la mitad

OPINIÓN 14/01/2022 Por * Mónica G. LUQUE / Especial para Diario Córdoba
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 Por Monica G LUQUE

Más de 700.000 niños argentinos vivieron una Navidad no del todo feliz: o faltó papá o faltó mamá. Y a esas ausencias se sumaron las de alguno de los abuelos, tíos o primos. Faltó toda la línea parental de uno de los progenitores.

Cada vez son más los niños que por problemas en la relación de sus padres padecen no poder compartir una relación con el progenitor con el que no conviven. ¿Qué significa esto?: que están partidos por la mitad. Pero, ¿cómo se llega esta situación? 

Entre las peleas y discusiones propias del divorcio, muchos padres definen con quien convivirán los niños, el régimen de visita, tiempos, espacios, encuentros, y demás pormenores, sin pensar en el bienestar de sus hijos sino en términos de ganar "la batalla de la separación".

Quien se erige en "vencedor", constituyéndose en el progenitor con quien conviven los niños, suele dificultar el contacto de sus hijos con su ex pareja, incurriendo en un impedimento de vínculo.   

A partir de ese momento, las familias rotas entran en un largo camino de presentaciones judiciales en las que no estarán ausentes las denuncias por maltrato infantil, violencia y hasta abuso hacia los menores. Ante esta situación los tribunales de familia actuarán a su ritmo, que no es el mismo que asiste al desarrollo de un niño, haciendo que el reencuentro y la re-vinculación con el progenitor y toda su línea parental tome en promedio unos 5 o 6 años.

 ¿Cómo los niños aprenden a vivir solamente con uno de sus padres, huérfanos de un progenitor vivo?

En diciembre de 1979 se estrenó la película más exitosa de ese año: “Kramer versus Kramer”, llevándose 5 Premios Oscar. Protagonizada por Dustin Hoffman y Meril Streep, trata la historia de una joven pareja que debe afrontar una separación conyugal viviendo y haciendo vivir, al hijo de ambos, los sinuosos y dolorosos caminos de los condicionantes personales, primero, y los impedimentos derivados del accionar de la justicia, después. Claramente este film refleja el cambio cultural ocurrido en la década de los años ´70 donde se comienzan a cuestionar los roles tradicionales del hombre y la mujer hacia el interior del hogar. Lo evidente, también, es que en las peleas de poder entre papá y mamá hay más de dos integrantes; los hijos.

El psiquiatra infantil P. Castells Cuixart nos advierte que “el hijo de padres separados” constituye por sí mismo un cuadro clínico crítico en términos de desarrollo infanto-juvenil. En efecto, numerosos autores coinciden en señalar que la separación de los padres es uno de los acontecimientos más estresantes que pueden ocurrir en la vida de un niño. Y más traumatizante será en tanto sea más contencioso, es decir, en tanto se vuelva un proceso más y más litigioso.

Esta problemática se agrava más aún cuando los niños no pueden vincularse con el progenitor con el cual no conviven. Los chicos pierden así la seguridad afectiva y emocional que precisan para su desarrollo sano porque no comprenden la razón del abandono global ni tampoco alcanzan a integrar el nuevo juego de alianzas y lealtades en que son imbuidos por una de las partes.

La separación se llevó al progenitor y a toda su línea parental. Además, a diferencia de lo que ocurre cuando fallece uno de los progenitores, el niño conoce que la ausencia no ha sido por muerte sino porque algo malo, feo, terrible, ha ocurrido.

Artilugios de un padre desesperado que se convirtió en mamá

A los 50 años, cansado de no poder ver a su hija por la obstrucción de contacto impuesta por su expareja, un papá cambió su género y su nombre en el DNI.

“… solo quiero ver a mi hija”, dijo.

Horacia Eduarda vive en Neuquén y confía en que este artilugio le permitirá encontrarse con su hija y ser considerada, así, como otra mamá. Sortea de este modo las denuncias por violencias de género de su expareja ya que, si nuevamente quisiera reiteraras, esta vez debería presentar pruebas.

¿Es esta conducta una afrenta a los derechos humanos reconocidos por ley, según lo dejan saber quienes critican esta decisión?  ¿O más bien se trata de un accionar que se sirve de los intersticios que provee la propia ley?

Más allá de los aspectos que confieren atención respecto de la liviandad y ligereza con que se pueden arbitrar los medios que facilitan el cambio de identidad en nuestro país, está en claro que en esta escena se sobreexponen varias dimensiones que requieren un mayor análisis.

Por un lado, existe un papá que está impedido de ver a su hija por la recurrente cantidad de denuncias de violencia. Por otra parte, esas denuncias no requieren ser probadas por el hecho de que quien las enuncia es una mujer. Más allá, en algún rincón efímero y desenfocado de nuestra atención se encuentra la niña. ¿Y respecto de ella nos preguntamos qué efectos producirá en su conformación socioemocional y espiritual este rol de "trofeo de guerra"?

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