


Javier Milei y Martín Llaryora decidieron darse una nueva oportunidad durante las frenéticas negociaciones por la ley ómnibus. El celestino Guillermo Francos logró que una relación que empezó a los tumbos encontrara un punto de apoyo en la negociación de necesidades y urgencias mutuas, las de la gestión y las de la política.
Un semestre después, el Presidente -que subió tres puntos en mayo en la consideración pública cordobesa- y el gobernador -político de raza, que busca adaptarse al nuevo clima de época- hicieron un intercambio que sirvió para bajar decibeles y mostrar trabajo cooperativo. Un pacto para vivir.
El negocio es redondo para las partes. Mientras el gobierno nacional y la “casta” se trenzan en el Senado, Francos cerró el apoyo de buena parte de los gobernadores a cambio de obras y autorizaciones para tomar deuda. A su vez, Llaryora muestra una relación dialoguista y productiva con la fuerza política nacional que el electorado cordobés prefirió masivamente.
El debut del nuevo juego del gobierno de Córdoba
Llaryora se instaló estos días en Buenos Aires para sostener una agenda cordobesista -de defensa de la educación y la producción, en este caso, asociada a la industria turística- y una negociación con el poder central para corregir el negativo del ajuste libertario, que arrasó con los subsidios al transporte, el FONID e incumple con los giros para la compensación de las cajas de jubilaciones de las provincias.
Seguirá caminado esa vía dual que supone colocar los intereses de Córdoba por encima de cualquier otro tópico, pero sin romper puentes. Sin embargo, el peronista mediterráneo logró en el segundo round de la Ley Bases el compromiso de reactivación de obra pública paralizada y la autorización para reingresar al mercado de créditos por parte del ministro de Economía, Luis Toto Caputo, el rockstar.
Con esos incentivos, se explica la efusiva defensa de Llaryora a la batería de artículos, horas antes de su discusión en el Senado. Fue una muestra de buena fe porque el voto positivo de Alejandra Vigo ya estaba cerrado. Una prueba de sonido de lo que vendría después.
Los acuerdos entre Martín Llaryora y la escudería de Javier Milei
Apenas comenzaba la sesión en la cámara alta, Llaryora firmó el traspaso jurisdiccional para terminar las autovías que une Córdoba con San Francisco; la que va de Río Cuarto a Holmberg y la circunvalación de Villa María. Los tres bastiones son gobernados por los peronistas de la casa, Damián Bernarte, Juan Manuel Llamosas y Eduardo Accastello.
Momentos antes de ingresar al despacho en la Casa Rosada, Francos comentó sobre la nueva sinergia con el cordobesismo. Lo hizo en el pasillo, donde se encontraba su vicejefe de Gabinete, Lisandro Catalán; el responsable de la bancada de La Libertad Avanza en Diputados, Gabriel Bornoroni; y otros asesores en una mesa 100% masculina.
Los alfiles de Llaryora comparten la lectura, con evidente tranquilidad. Los frustraba no poder ejecutar un entendimiento como el que marcó los tiempos de convivencia entre Mauricio Macri y Juan Schiaretti, con el agravante del escrache libertario en las redes, donde la política clásica tiene escasas herramientas para competir.
La presencia del diputado estacionero, ungido por Karina Milei y Martín Menem para formalizar el armado partidario en la provincia, es indicativa de los nuevos tiempos que vendrán.
Hace poco, Bornoroni cuestionó con dureza a Llaryora por las prioridades que le asignaba al gasto público y le recomendó que la plata de las obras la ponga para cubrir los subsidios al transporte. En adelante, se da por descontada otra línea de convivencia dentro de las fronteras provinciales que leerán atentamente en el universo de Juntos por el Cambio, que muestra sobrevida en Córdoba.
Las negociaciones que siguen con Guillermo Francos y Toto Caputo
Francos fue clave para lograr la reunión de este martes por la noche entre Caputo y Llaryora. Venían conversando por la autorización para pesificar la deuda en dólares de la provincia, que a diciembre tocó casi el 100%, con la intervención en el mercado de capitales.
Con el aval de la Nación, el gobierno de Córdoba pudo emitir títulos por $350 mil millones y letras del tesoro por $150 mil millones. En adelante, quedó planteada la conversación para que Llaryora pueda tomar deuda en dólares.
Propuso a Caputo acceder a los créditos internacionales que el poder central no utilizará para financiar obras con los fondos árabes, el Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco Mundial.
La conversación quedó planteada, sin respuestas concluyentes como ocurre con el pasivo con la Caja de Jubilaciones o los subsidios al transporte. No obstante, el cordobesismo logra aire en tiempos de ajuste y una senda para recuperar la sintonía de la gobernabilidad que bien aprueba el electorado cordobés.
Un dato no menor: Llaryora empieza a disputar el terreno a Luis Juez, el comensal casi regular de la mesa presidencial. El gobernador sabe que con el diálogo abierto con el poder central la gestión local tendrá mayores posibilidades de mostrar más avances.
No sólo se trata de la pulseada en 2025, sino de la siguiente etapa de consolidación del recambio generacional del cordobesismo en 2027.
Con información de Letra P, sobre una nota de Yanina PASSERO




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