Fotocopias de avales y múltiples afiliaciones: por qué es tan fácil armar un partido político en Santa Fe

POLÍTICA 06 de septiembre de 2021 Por Daniel Abba*
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¿Cómo se explica el furor por ser candidato a concejal de Rosario? Se renuevan 13 bancas y hay 55 listas de precandidatos. En los principales frentes disputarán la interna 10, 8 y 5 nóminas y hay partidos o frentes nuevos en los que también compiten varias listas. ¿Es tan fácil armar un partido y presentar una lista? En Rosario con 4 mil avales alcanza, y la falta de control y la atomización política pueden explicar en parte esta singularidad.

Primero hay que aclarar que nada ha cambiado en la normativa electoral para que se haya dado esta proliferación de listas, y que la boleta única con la que se vota en la provincia de Santa Fe desde hace algunos años le sacó atractivo a los jugadores de la política, al desactivar algunos negocios que se hacían a costa del anterior sistema electoral.

Uno de ellos era el uso del dinero que el gobierno otorgaba para que los partidos impriman sus boletas, de dudosa verificación cuando quien presentaba la lista no tenía como objetivo principal la elección sino el dinero. Actualmente el Estado provee las boletas y garantiza que lleguen al cuarto oscuro, con lo que resuelve las cuestiones de impresión y fiscalización, problemas que mantiene la boleta sábana de la elección nacional.

Este sistema donde todos los candidatos aparecen en una boleta única tiene defensores y detractores. Facilita la participación ciudadana en las candidaturas, pero también permite con cierta facilidad que aquellos que no se sienten contenidos en un partido puedan presentarse por fuera sin tantas complicaciones, o con cierto trámite pero de accesible resolución.

A favor debe decirse que garantiza igualdad de condiciones para todos, ya que equipara las posibilidades entre los grandes frentes y los principiantes de la política. Pero ha comenzado a advertirse un problema: el florecimiento de candidaturas como hongos propiciado por quienes inscriben partidos o alianzas que constituyen verdaderos sellos de goma, que ofrecen a los postulantes de ocasión.

Cuando un candidato no se siente contenido en su partido o prefiere evitar la interna se inscribe por alguno de estos sellos partidarios y avanza directamente a la elección general. Esto se verifica dentro de los partidos políticos más asentados, que sufren una repentina atomización por falta de liderazgos, pero también aparecen los aventureros de turno.

Ha surgido una categoría de profesionales de la política que sólo excepcionalmente van a ser candidatos y que a derecha e izquierda disponen de una amplia paleta de agrupaciones políticas para ofrecer. Ajenos a la grieta y a la calidad de los candidatos que lanzan, sólo les importa mantener con vida sus creaciones electorales, y cada dos años cumplir con el propósito de formar parte del juego electoral.

Esto les permite estar en la actividad a muy bajo costo, a veces cobrar por el alquiler de ese instrumento electoral que ponen a disposición de los desplazados o disconformes, y hasta hacer una buena diferencia con el cobro de votos si el candidato que utilizó su sello termina haciendo una buena elección. Amalia Granata fue un ejemplo de esto.

En Santa Fe se paga por el voto en las elecciones generales, no en las primarias, a un precio que establece el Poder Ejecutivo alrededor de un mes antes de las elecciones. Todavía no se pagaron los sufragios correspondientes a las elecciones de 2019 donde cada voto reportó 29 pesos a su partido. En el caso de la lista que encabezó Granata, y que obtuvo unos 300 mil votos, su promotor embolsó o va a embolsar 8 millones 700 mil pesos.

Los trámites y los controles

¿Por qué es tan fácil inscribir un partido? En realidad existen requisitos bastante exigentes, el problema es la laxitud en el control, muchas veces justificado en la idea de favorecer la participación política antes que limitarla.

Desde las oficinas electorales del Gobierno se asegura que se cruzan los datos y que por eso se han caído varias listas, aunque ese detalle se conoce menos. Y se asegura que lo que está ocurriendo no tiene nada de ilegal; sólo se trata de que la viveza de la política va más rápido que la legislación. Al principio todos los sistemas electorales sirven, pero después de un tiempo les descubren filtraciones.

La ley establece que para anotar un partido político hace falta el uno por mil de los inscriptos en el padrón electoral de la jurisdicción que se trate. En Rosario eso equivale a unos 4 mil avales, un número no muy difícil de reclutar.

Especialmente si se utilizan artimañas non sancta. Una de las conocidas para ayudar en esta tarea consiste en comprar bancos de datos de fotocopias de DNI. Aseguran que hay un mecanismo muy aceitado para conseguir duplicados de personas que por distintos trámites terminan certificando su documento. Eso alimenta un archivo que puede terminar en el aval a partidos y candidatos sin quererlo ni saberlo.

Ahí aparece el problema de la falta de control. A veces salta de manera fortuita. Le pasó a una conocida dirigente de Juntos por el Cambio de Rosario que cuando fue a renovar su cargo en la nómina de autoridades del PRO en Santa Fe le rechazaron el trámite porque figuraba como afiliada a otro partido político, que ni conocía.

Ese hecho y otros similares favorecen la conclusión de que muchas personas pueden figurar avalando una lista de candidatos o estar como afiliados a un partido sin saberlo. Y peor aún, aparecer simultáneamente en varias nóminas. El día que se controlen las afiliaciones y se crucen esos datos puede aparecer más de una sorpresa.

La certificación de los avales o afiliaciones están delegadas en los partidos, por lo que los mismos que las promueven tienen que controlarlas y autorizarlas.

Ante la exagerada proliferación de candidaturas, en el cuarto oscuro los rosarinos se encontrarán el domingo 12 con una boleta de medio metro de largo y 33 centímetros de ancho, y hasta tendrán disponible una lupa para ver los nombres y fotos de los candidatos.

En el trámite previo a la inscripción de listas nadie parece haber tenido problemas para completar los requisitos para anotarse. Algo que también puede reconocerse como un síntoma de buena salud del sistema.

Pero queda la sensación de que si se controlaran con rigor los avales y afiliaciones, al menos que sean verdaderas y voluntarias, así como los otros requisitos que están vigentes por ley, no todos pasarían la prueba. Muchas de estas exigencias fueron suspendidas este año a raíz de la pandemia.

Se trata de verificar la existencia de vida interna o actividad política en los partidos, de controlar que haya elección de autoridades, así como la transparencia, bancarización y trazabilidad de su movimiento de fondos, que rindan cuentas de sus ingresos y egresos y que haya un control patrimonial.

Como están las cosas, desde la política se reclama que ahora se le quita organicidad a los partidos y cualquiera puede ser candidato. Se emparejó demasiado la cancha cuando se quiso corregir los anteriores armados que estaban en manos de caciques partidarios.

Más lejos quedó la vieja costumbre de que se presente una plataforma electoral, un programa de gobierno, un decálogo de principios que fundamente la aparición de cada nuevo partido, en lugar de una valija con sellos que se ofrecen al mejor postor.

 

 

* Para www.infobae.com

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