Inflación: los fabricantes exigen permiso para aumentar más los precios y ahora empieza lo peor

ECONOMÍA Por Heretz Nivel
Desde productos de la canasta básica hasta servicios de comunicaciones, hay una oleada de aumentos. Los analistas ya hablan de una inflación del 5% mensual
INFLACIÓN

La economía pandémica sufre de "desórdenes múltiples". Más profundos de los que acumulaba antes de la extensión del Covid-19. La definición, acertada, corre por cuenta de un director de un banco público designado por la actual administración.

Está claro que el Gobierno intenta cerrar trato con los acreedores, sellar un acuerdo por la deuda, y para hacer pie en las aguas torrentosas de la economía. Porque los desequilibrios ya están ejerciendo presión sobre las principales variables. El mercado cambiario se encuentra bajo presión extrema desde hace varios meses, y las herramientas para contener la salida de las debilitadas Reservas del Banco Central ya no son remedio. Ni siquiera pagando los elevados costos de una profunda recesión; histórica.

Los precios también se encuentran bajo presión, cada vez más incontenible. A pesar de que los salarios están cayendo -ya no sólo en términos reales (contra la inflación)- sino, más grave aún, en valores nominales, los precios pugnan por subir. Empezando por el dólar, claro está, pero también sobre bienes y servicios claves de la economía.

Los alimentos tuvieron una primera oleada de subas en los precios, luego de tensas negociaciones entre las principales fabricantes y los funcionarios de Comercio Interior. Esas alzas, de hasta 9% en el caso de la lista de Precios Cuidados, y de hasta 4,5% en la nómina de 2.300 productos de "Precios Máximos", se quedaron por detrás de los incrementos por afuera de esas selecciones puntuales.

En las últimas semanas, las fábricas de alimentos aumentaron los precios en torno al 10% promedio. Incluso hubo empresas que quitaron sus marcas más baratas de harinas o aceites para reemplazarlas por otras hasta 17% más costosas.

Estos aumentos incluyen a todos los productos de la canasta básica alimentaria. Es muy probable que los artículos de mayor elaboración o destinados a determinados mercados de consumidores tengan alzas por encima de aquella tendencia.

Tal como informó iProfesional, los distintos cortes de carne vacuna registraron aumentos del 10% promedio en la última semana.

La suba de precios incluyó a insumos básicos. Desde cartón a aluminio. Ambos productos tienen impacto en distintos rubros y actividades. Influyen sobre el costo de la construcción, pero también afectan a cualquier productos envasado: desde medicamentos al reparto del delivery que lleva comida preparada, empanadas o pizzas a los hogares.

Las subas llegan a los servicios

Otros precios se moverán en las próximas semanas. Ya lo avisaron las principales compañías que manejan el mercado de la televisión por cable y el servicio de internet. Lo mismo harán las empresas telefónicas.

Los servicios de TV paga y de internet se incrementarán entre 10% y 13% a partir del primer día de septiembre, cuando vence el acuerdo de congelamiento entre esas compañías y el Gobierno.

El Gobierno -según supo iProfesional- ya tomó la decisión de no renovar ese congelamiento y negocia que los incrementos ya anunciados se hagan de manera escalonada. Algo que, por ahora, las empresas rechazan.

Hoy en día, en plena pandemia, esos servicios se han convertido en esenciales y formar parte de los costos básicos de empresas y trabajadores, que vienen operando de manera remota para evitar trasladarse y así cuidarse de los contagios.

Pero esta tendencia alcista en los precios demuestra que la presión aparece como incontenible. Aun en medio de la pandemia. Y con costos salariales que van hacia abajo. El escenario es inédito. De acuerdo a los últimos datos del Indec, hay un efecto devastador de la crisis sobre los salarios del sector privado: una caída nominal del 0,2% entre los "registrados" y del 0,5% en el "no registrado" durante mayo.

Es decir: los salarios ya no sólo pierden en términos reales (contra la inflación) sino que ya se anotan una caída nominal (rebajas) en medio de la crisis.

Las empresas no lo admiten en público, pero algunos ejecutivos lo aceptan en charlas privadas. Las compañías empezaron a tomar como base de sus costos la cotización de un dólar que ya no está transparentado en el "oficial" de 76 pesos.

El "blue" no es una opción ya que existe un consenso en que el valor de $136 refleja la gran incertidumbre sobre la economía. Y no es referencia respecto de lo que debería aceptarse como un "tipo de cambio competitivo".

Al contrario, en términos reales, el dólar "oficial" no se encuentra atrasado si se toma en cuenta la historia. Ocurre que, dadas las inconsistencias de la economía, hoy la cotización más aceptada por los empresarios se encuentra reflejada en los "dólares alternativos" (contado con liqui y Bolsa), más cerca de los 120 pesos.

Entonces, los precios apuntan a esa referencia. Economistas de distintos ámbitos -como Carlos Melconian, Ricardo López Murphy o Marina dal Poggetto- hablan de la necesidad de una aceleración en el ritmo de devaluaciones diarias, para evitar una mega devaluación más adelante.

Esa presión cambiaria, reflejada en toda su potencia por la oleada récord de compradores de dólares billetes en la "ventanilla" del Banco Central ya se traduce en mayores expectativas inflacionarias adelante.

Y no solamente por la cuestión cambiaria. Se sabe: el Banco Central deberá emitir al menos $2 billones hasta finales de año, y con esa perspectiva la propia autoridad monetaria viene ampliando el stock de Leliq, que ya superó 1,7 billón.

Pronóstico: inflación acelera

Bajo esa perspectiva, algunas consultoras económicas ya advierten que habrá una aceleración inflacionaria en el corto plazo.

"Nosotros estimamos una inflación anual del 45% y la aceleración la vemos a partir de septiembre, porque a partir de ese mes vemos que podría estar en torno al 5% mensual", sostuvo Orlando Ferreres durante una conferencia realizada por Zoom y convocada por la Fundación Mediterránea.

Pablo Goldín, economista jefe de la consultora MacroView, también enciende las luces amarillas. "El camino hacia adelante -sabiendo que la brecha actual es insostenible y que el dólar a $130 es caro- es encontrar algún sendero de corregir el tipo de cambio oficial sin que se genere un salto muy fuerte. Es inevitable que en los próximos meses que el BCRA tenga una corrección cambiaria, y que de ahí haya un salto inflacionario".

Luego agrega, en diálogo con iProfesional: "Este Gobierno apuntaba a volver -a partir de 2021- a la inflación del 25% anual que en su época tenía Cristina Kirchner. La pandemia cambió todo. No podremos salvarnos de tener una inflación mensual del 4%. Incluso del 5% por mes. Y que los precios que ahora están adormecidos o congelados se muevan. Yo no puedo descartar que la Argentina entre en un nuevo régimen inflacionario, donde la inflación no pueda bajar del 4% o 5% mensual para siempre. La crisis es tremenda".

La expectativa de una aceleración inflacionaria para los próximos meses estuvo presente en la decisión del Banco Central de elevar la tasa de interés de los plazos fijos minoristas, que pasó del 30% al 33% anual.

Ese movimiento, linkeado directamente con la fiebre dolarizadora de los argentinos -en julio fueron cuatro millones las personas que compraron dólares en los bancos- tuvo también un motivo puesto en el temor a una escalada de la inflación, a medida de que se levanten las restricciones por la pandemia.

Dentro de la cantidad de desbalances que muestra la economía, la inflación (sobre todo en alimentos) y la pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de la población figuran al tope de la agenda de los funcionarios.

Las próximas semanas -a partir de que se vayan relajando aun más los controles de la cuarentena y quede claro la situación de la deuda externa- serán claves para tener más claro el próximo destino de la economía argentina.

Con información de www.iprofesional.com sobre una nota de Claudio Zlotnik

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