La encrucijada de Luis Juez

OPINIÓN Juan Palos
28-04-2025-luis-juez-2012248

Juan de los PalotesPor Juan Palos

Luis Juez se encuentra en una encrucijada política que no solo podría moldear su futuro, sino también el rumbo del libertarismo en Córdoba. Su compromiso con el presidente Javier Milei, firmado en un momento de euforia electoral, hoy le pesa como una losa, sobre todo ante el desplome de apoyo popular que muestran las encuestas.


Es evidente que el entorno de Juez se encuentra desconcertado al ver al senador sentado al lado de Laura Soldano, una figura controversial que ha hecho del desprecio hacia ciertos sectores vulnerables una clara bandera de su campaña. La declaración de Soldano, en la que señala que "los jubilados y los discapacitados no son parte del plan" debe al menos hacer que Juez se cuestione su conexión con este tipo de personajes, sobre todo considerando que su trayectoria política se ha construido sobre una base más humanitaria.

Aparentemente, Gabriel Bornoroni intenta proyectar una imagen de confianza hacia Juez, pero la realidad sugiere que el senador ha sido relegado a un papel de mero "colaborador" en la campaña. Este es un claro intento de Bornoroni de utilizar la palabra dada por Juez para fortalecer su propia posición, mientras el senador navega por un mar de tensiones y ambivalencias. Su participación en el programa de Jonatan Viale, donde criticó abiertamente al Gobierno nacional, subraya su deseo de distanciarse de una administración que, cada vez más, parece alejarse de sus values fundamentales.

El clímax de su descontento se hizo evidente cuando Juez afirmó: "me mataron por el Garrahan y veo por la televisión que no había plata para la terapeuta de mi hija, pero sí para la cometa". Este es un grito de desahogo que muchos comparten en silencio, un llamado a la transparencia y la rendición de cuentas que deberían ser la norma en cualquier gestión pública. Su frase, que resonó en redes sociales, señala un creciente desencanto que podría capitalizar para marcar una nueva dirección política, una que se aleje de la retórica vacía y se enfoque en las realidades sociales.

Un detalle inquietante es que, por primera vez, se habla de que el "olfato" de Juez, su famosa capacidad para leer la política y anticipar movimientos, podría estar fallando. Esto no es un tema menor; la percepción de debilidad en su instinto puede llevar a cuestionamientos tanto en su partido como en su apoyo popular.


En el seno del libertarismo, los murmullos de reproche comienzan a aflorar. La elección de Juez como aliado por parte de Bornoroni no ha sido bien recibida por aquellos que no fueron incluidos en la lista de candidatos. La decisión de ampliar la "foto de familia" con radicales es un intento un tanto desesperado de mantener una imagen de unidad, que en la práctica se siente más frágil que nunca. Los contactos fallidos con figuras como Rodrigo de Loredo y Soledad Carrizo son indicativos de un descontento profundo que podría erosionar aún más la coalición.


Juez enfrenta un reto mayúsculo: debe encontrar la manera de reafirmar su posición sin comprometer sus principios. La clave estará en su habilidad para distanciarse de una administración que ya no representa lo que él alguna vez defendió y en su capacidad para atraer votantes que busquen un liderazgo auténtico y comprometido con la realidad de quienes más lo necesitan.

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