Ignacio Torres apuntó contra el llamado al diálogo político: “La idea del Gobierno es dividir a la oposición”

POLÍTICA 10 de septiembre de 2022 Por Ricardo Carpena*
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Ignacio “Nacho” Torres es el senador más joven de la historia, pero habla como un político experimentado al que todavía no lo afectaron, por suerte, los chiclés de los dirigentes más curtidos al calor de lo políticamente correcto. Tiene 34 años, es de Chubut, milita en el PRO y será candidato a gobernador en una provincia manejada desde hace 20 años por el PJ, pero donde en las elecciones legislativas de 2021 pudo ganarle por 10 puntos al peronismo.

Se le nota todavía que habla sin los lugares comunes de la política y el coucheo de los consultores que pasteuriza el discurso. Por eso puede ser un implacable crítico del gobierno nacional y provincial y, a la vez, apuntarle sin anestesia a sus propios colegas de la oposición, a quienes acusa de haberse “sobregirado” tras el ataque a Cristina Kirchner por pensar “que era redituable en algún punto”.

“Todos están más preocupados en el oportunismo político coyuntural que en medir cuál es el impacto real que esto tiene en la sociedad -dijo en la entrevista con Infobae-. En definitiva, es una dirigencia que no puede salir de esa Argentina pendular. Esa grieta inconducente lleva a la sociedad a que todo sea un Boca-River, e incluso así se termina promoviendo la violencia de todos los sectores”.

El senador, que debutó en la tarea legislativa como diputado nacional, en 2019, es licenciado en administración de empresas y, aunque en la entrevista hizo esfuerzos por mostrarse equilibrado en la interna del PRO, se nota que se siente más cerca de Horacio Rodríguez Larreta. Quedó más en claro cuando, en medio de elogios hacia Mauricio Macri y Patricia Bullrich, se distanció de la jefa del PRO en la pelea con el jefe de Gobierno por el operativo de seguridad ante la casa de Cristina Kirchner: “Lo mejor es no intentar sacar rédito político coyuntural -advirtió- sino, en todo caso, dar una discusión interna o llamar por teléfono y no polemizar tanto sobre temas que pueden dañarnos”.

En la entrevista, además, le apunta con dureza al gobernador de Chubut, Mariano Arcioni (”la provincia está literalmente incendiada”, dijo) y responde con madurez qué le aporta su juventud a la tarea política: “No hay que tirar por la ventana a un dirigente de 60 y cambiarlo por dos de 30. El cambio tiene que ser de mentalidad -sostuvo Torres-. Modernizar el Estado tiene que ser un cambio de mentalidad. No acostumbrarse a que esto que sucede es la normalidad, el hecho de no tener clases, que nos roben una ruta o que la hagan cuatro veces”.

— ¿Qué marca el intento de atentado contra Cristina Kirchner para la política argentina?

— Es un punto de inflexión que debería haber marcado alguna norma de convivencia entre las partes y un llamado de atención a la dirigencia política. Lamentablemente se perdió una oportunidad con el discurso del Presidente de haber tenido un mensaje de unidad nacional, donde incluso hasta podrían haber llamado a los principales referentes de todos los sectores políticos a la Casa Rosada y que el hecho político que hubiera sido llamar al unidad nacional y a la paz social. Sin embargo, cayó en la trampa de una arenga interna, hablándole a los propios en vez de hablarles a todos los argentinos. El que crea que pueda sacar un rédito político positivo de ese hecho es un imbécil. El ataque a la Vicepresidenta agrietó más a la Argentina y generó incluso más conflictividad. Las dos sesiones, tanto de Diputados como del Senado, fueron un fracaso porque evidentemente ninguno entendió que hay que hablarle menos a la política y hablarle y escuchar más a la gente.

— ¿Un ataque semejante no afecta a toda la política? ¿Cómo juzga la reacción de la dirigencia en general, tanto del oficialismo como de la oposición?

— Fue un hecho grave, pero todos están más preocupados en el oportunismo político coyuntural que en medir cuál es el impacto real que esto tiene en la sociedad. En definitiva, es una dirigencia que no puede salir de esa Argentina pendular. Esa grieta inconducente lleva a una sociedad a que todo sea un Boca-River, e incluso así se termina promoviendo la violencia de todos los sectores. Cuando el oficialismo cae en la trampa de culpar a los medios, a la justicia, a la oposición, e incluso la barbaridad de decir que para que haya paz social se tiene que terminar con la causa de Vialidad, ya se convierte en una locura. La situación procesal de la Vicepresidenta es una discusión de la justicia y lo que pasó en el intento de atentado es otra discusión completamente distinta. Este también fue un error grosero por parte del oficialismo de querer meter todo en la misma bolsa porque la ciudadanía siente que le toman el pelo, y esto se vio claramente en la reacción que tuvo la gran mayoría de los argentinos.

— ¿La reacción de Juntos por el Cambio no estuvo a tono con la gravedad del episodio?

— En parte sí y en parte quizá se sobregiró en creer que era redituable en algún punto. El repudio fue unánime, pero me hubiese gustado que por lo menos podamos ponernos de acuerdo en redactar un proyecto de declaración y tener una sesión que apuntara a dar un mensaje de unidad nacional. No poder hacer esto nos da muestra de que no estamos a la altura de las circunstancias. Es muy mezquina la discusión. Incluso en la sesión del Senado se aprovechó para dar de baja algunos pliegos que habían salido en la Comisión de Acuerdos. La dirigencia no estuvo a la altura y perdimos una oportunidad muy importante de barajar y dar de nuevo, de entrar en otra dinámica. Hoy, la discusión política sigue siendo exactamente la misma que antes que de la situación lamentable que vivió la Vicepresidenta.

— ¿Por qué el Frente de Todos desaprovechó la oportunidad de mejorar el clima político y, en cambio, decidió empeorarlo con acusaciones contra la oposición, la justicia y los medios?

— Porque hay una lógica en la narrativa de tener que subir a alguien al ring sistemáticamente. Necesitan un enemigo y justificar un montón de situaciones que son injustificables: esto es el ABC del manual kirchnerista. La agenda de la Argentina de hoy debería ser una inflación galopante o que tenemos más del 40% del empleo no registrado. Hay temas muy importantes para estar discutiendo y hoy estamos hablando de lo mismo y la centralidad la sigue teniendo la Vicepresidenta. En eso hay un dejo de torpeza nuestro, como oposición, de no tener la capacidad de marcar una agenda superadora y salir de esa trampa del ida y vuelta discutiendo cuestiones que son inconducentes.

— ¿La actitud del Gobierno tuvo que ver con una intención de cambiar la agenda que existía antes del ataque para tapar el ajuste económico que se está aplicando?

— No sé si hubo un pensamiento tan sofisticado o estratégico, pero claramente les vino bien que haya una agenda diferente a la que había. Massa incluso perdió centralidad y los últimos anuncios no son favorables, menos que menos para los sectores más vulnerables que son los que dice priorizar el oficialismo. La madurez política tiene que partir de la base de separar los temas, no mezclar todo, hacer una ensalada y armar teorías conspirativas que no resisten el archivo. Tenemos que avanzar a una discusión seria de agenda de desarrollo para los argentinos y tiene que haber un debate político, con mayor o menor vehemencia, pero siempre en un ámbito de tolerancia y respeto.

— La polémica de los últimos días entre el Gobierno y la oposición está centrada en la convocatoria al diálogo para bajar la tensión política. ¿Hay que aceptar o no la propuesta?

— El diálogo político tiene que estar siempre y tiene que ser legítimo. Si se llama al diálogo de manera legítima tiene que haber una agenda sobre la mesa, no solamente la foto, y plantear puntos que sean transversales y que no tengan grieta. Un esquema de responsabilidad fiscal es central. Terminar con algunos privilegios. Algún gesto de austeridad fiscal. Por ese lado se podría empezar a hablar y a tener un diálogo con objetivos concretos. La idea del Gobierno es dividir a la oposición y marcar que hay una oposición dialoguista y una oposición más dura. Está claro. Es lo que quieren hacer. Siguen pensando en estrategias electorales y no están pensando en llamar verdaderamente a la unidad nacional.

— ¿Cristina Kirchner sale fortalecida pese al avance de la Causa Vialidad en la Justicia?

— La centralidad que ganó Cristina deja expuesto también que hay un fin de ciclo. Esa épica que quisieron mostrar de la proscripción, de un espacio perseguido, en algún punto hasta fue medio cambalache. Primero hubo contradicciones muy importantes en el discurso, como el del Presidente queriendo defender de manera muy torpe a la Vicepresidenta, cuya situación procesal termina condicionando la agenda parlamentaria y ejecutiva. Eso te muestra dos cosas: por un lado, la debilidad del presidente de la Nación, que es donde tendría que estar enfocado el poder, y después también un cachetazo para Massa, que había entrado con un envión muy fuerte, con mucha expectativa, y esto lo corrió de eje y pasó a ser el ajustador en vez de ser el salvador de la Argentina.

— ¿Le alcanzará a Cristina Kirchner su papel de perseguida por la Justicia para instalar un nuevo relato? ¿Es una suerte de huida hacia adelante para no quedar pegada al ajuste?

— Es inteligente desde el punto de vista estratégico o hasta de ingeniería electoral pensar en salir por la tangente de un contexto en el que el Gobierno tiene que hacer un ajuste muy importante y pagar un costo político importante. Pero la realidad es que hablo mucho con jóvenes, y soy parte de una generación donde el kirchnerismo tuvo un crecimiento exponencial en la juventud donde despertaba cierta mística, y hoy eso no está, no prende. Se percibe más como un relato, una mentira.

— ¿Por qué no prende?

— No prende por la situación económica y también porque uno puede decir que un perro es un lobo, pero no puede decir que un elefante es un ratón. Y cuando uno escucha al fiscal (Diego Luciani) es bastante consistente. Nadie puede avalar la corrupción en un país donde cada vez hay más hambre mientras tenemos funcionarios cuyo patrimonio creció un 1000%. Empresarios que estuvieron presos y salen con un discurso como si fueran Mandela. Le han hecho un daño enorme a la Argentina y enoja, indigna. Después de la crisis del 2001 sí hubo incluso un discurso trasversal donde muchos radicales también compraron esa idea, pero hoy no y estamos ante un fin de ciclo del kirchnerismo. Creo que termina con Cristina. No hay una continuación. No lo veo ni a Máximo como el heredero.

— ¿Electoralmente le parece que esto no tiene ningún resultado?

— Es un mensaje a los propios, nada más. Y ya ni los propios se la creen.

— ¿Cristina Kirchner se terminará presentando como candidata presidencial? No hay nadie como ella que sepa los valores que debe defender el kirchnerismo y el rumbo que hay que seguir.

— Va a tener un rol protagónico, no creo que encabece, pero sí creo que va a estar en alguna lista, como candidata a senadora, por ejemplo. Igual, creí que todo iba a converger en la figura de Massa porque tiene un perfil más vendible. Como dice un periodista, un peronismo perdonable, que no está tan ligado al kirchnerismo duro. Muy difícilmente ellos puedan pescar afuera de la pecera para ser más fuertes electoralmente con Cristina a la cabeza. Alguien lo tiene que pensar dentro del espacio. Si no, ya entrarían en un dogma y un fanatismo que los hace parecerse más a la izquierda que a un partido de poder como siempre fue el peronismo. Cuanto más se radicalicen, más libertad le van a dar al peronismo ortodoxo que no se siente reflejado con el kirchnerismo, con La Cámpora; el peronismo que reivindica el trabajo, la movilidad social ascendente. Y un kirchnerismo que se va a aislar en su discurso y en su relato y que cada vez va a estar más desgastado. Es natural también que pase eso.

— ¿Un papel más protagónico de Cristina Kirchner puede hacerle olvidar el ajuste económico a su electorado más fiel?

— Cae en la misma trampa de muchos de hablarle más a la política que a la gente. No se puede esconder la situación económica. ¿Qué le importa a un laburante que se levanta a las 6 de la mañana, que va a laburar en condiciones muy difíciles, que no llega a fin de mes y prende la radio, escuchar a Cristina diciendo “me están persiguiendo”? No le interesa.

— Es una agenda distinta.

— Es una agenda totalmente disociada de la realidad de los argentinos y la dirigencia no lo entiende. Esa trampa los va a llevar también a golpearse muy fuerte en las próximas elecciones.

— Si Cristina Kirchner decide competir por la Presidencia, ¿puede llegar a tentar a Mauricio Macri a presentarse también para intentar un regreso al poder?

— Esos son mitos que se van instalando, pero yo hablo mucho con Mauricio, cada vez más, y en ningún momento vi que ese escenario esté arriba de la mesa. Sería muy malo para la Argentina profundizar la grieta. Hay que dar una vuelta de página y discutir lo importante, que es una agencia de desarrollo. Incluso generar consensos. Necesitamos salir de ese país pendular donde cada uno escucha la radio que le dice que tiene la razón, el diario que le dice que tiene la razón y terminan existiendo dos Argentinas distintas donde el debate es inconducente.

— La sensación es que la grieta es cada vez más profunda.

— Hay que despersonalizar un poco la política. No necesitamos líderes mesiánicos. Tenemos que salir de esa lógica arcaica, vieja, donde quieren vendernos que una persona va a salvar al país. El cambio tiene que ser cultural, tiene que ser más profundo, reivindicar el trabajo. Sí es necesaria una mística también para que “compren”. Es muy difícil para el PRO, por ejemplo, lograr esa mística militando el déficit fiscal porque es una premisa aburrida, muy sofisticada. Los más chicos ahora van detrás de las ideas más que de los sellos partidarios. Cada vez hay esquemas más frentistas. Hay un cambio de paradigma en la construcción de un espacio de poder donde naturalmente vamos a ir. Pasa en términos generacionales: yo hablo con oficialistas que son más jóvenes y con los que nos ponemos de acuerdo en agendas ambientales, de trabajo joven. Discutimos, por ejemplo, el sistema previsional. Ya empezamos a ver que esto es una bomba de tiempo y que en algún momento nos va a explotar a nosotros si no empezamos a discutir lo importante.

— ¿Ese mantenimiento y profundización de la grieta no tiene que ver también con la vigencia de los liderazgos de Mauricio Macri y de Cristina Kirchner?

— En algún punto, sí. Son posiciones muy antagónicas y a nosotros nos encanta el Boca-River, lo plasmamos en todo.

— ¿Tendrían que retirarse los dos de la escena política para que superemos la grieta?

— No, Macri tiene que tener un rol protagónico en la construcción de Juntos por el Cambio de cara al 23, no retirarse. Todo lo contrario. Tiene que garantizar y ser el articulador para que ninguno se sobregire en esta discusión interna.

— ¿Le parece bueno que fuera candidato presidencial?

— No me parece atractiva esa dicotomía entre Cristina y Macri porque discutimos personas, no ideas. Y hay que salir de esa trampa también de dividir tanto. A algunos dicen que les sirve electoralmente. No creo que sirva. Hay que dejar de pensar en lo que sirve electoralmente y pensar en lo que le sirve a la gente. No creo que Cristina se retire. Hay un fin del kirchnerismo, pero Cristina va a tener un rol protagónico. No la veo siendo candidata a presidente, sí con un rol protagónico.

— ¿Juntos por el Cambio no queda atrapado en las tensiones de tener tantos candidatos?

— Lo que algunos plantean como un problema, en todo caso es un buen problema. Tenemos muchos presidenciables que tienen posibilidad de competir y de ganar las elecciones, y a veces cuando hay tensiones y se discuten formas con más o menos vehemencia también es un síntoma de que hay vida dentro del espacio. Lo que no puede pasar es que esas tensiones terminen siendo funcionales al kirchnerismo. Este espacio tiene la madurez y los anticuerpos suficientes para entender que se puede discutir puertas adentro y que hay que mantener una coherencia sostenida en el tiempo para llegar al 2023 compitiendo, con la premisa de que quien mejor esté va a ser el que encabece y de que hay que darle la posibilidad a los argentinos de elegir a quien más los represente.

— Patricia Bullrich criticó el operativo de seguridad que dispuso Horacio Rodríguez Larreta ante la casa de Cristina Kirchner y se rompió una tregua complica al PRO. ¿Quién tiene razón?

— Con el diario del lunes, se puede decir que está bien tener diferencias. Lo mejor es no intentar sacar rédito político coyuntural sino, en todo caso, dar una discusión interna o llamar por teléfono y plantear distintas posiciones. Entiendo que es lo que se acordó en el famoso almuerzo del PRO con Mauricio. La diferencia enriquece, pero hay que tratar de discutir con mayor o menor vehemencia para adentro y no polemizar tanto sobre temas que pueden dañarnos.

— En medio de tantas diferencias, ¿por quién se define en la interna del PRO?

— Desde Juntos por el Cambio es bueno que haya diferentes formas. Necesitamos del coraje de Patricia y también del ordenamiento y la gestión de Horacio, y necesitamos de la experiencia de Mauricio. Eso tiene que converger en un acuerdo macro de competitividad electoral. Porque a veces el mejor candidato no es el que uno piensa sino que es el que necesita la Argentina, y eso se va a ir dando naturalmente. Lo mismo pasa con un Morales, con un Manes, con un Cornejo, con un Lousteau.

— ¿Se dirimirá en las PASO?

— La PASO son una excelente herramienta. Por eso también hay que tener cuidado con esta avanzada de querer eliminarlas.

— ¿El Gobierno está decidido a eliminar las primarias?

— El kirchnerismo está viendo de qué manera tramposa puede sobrevivir y ese instinto de supervivencia los puede llevar a hacer cualquier desastre a nivel institucional. No se ponen colorados de plantear cualquier burrada. En Chubut querían la Ley de Lemas hasta hace poco. En esas cuestiones tenemos que estar espalda con espalda y no dejar que pasen. Porque atrasa y porque institucionalmente es peligroso también. Ya es peligroso que cada vez sean más finitas las líneas entre la división de poderes. Va en contra de los valores republicanos que hace a los cimientos de nuestro proyecto en Juntos por el Cambio. No hay margen para que puedan avanzar en tocar la democracia.

— Vuelvo a una pregunta que no me contestó con claridad. ¿Con qué dirigente del PRO se siente identificado para apoyarlo desde una candidatura presidencial?

— En Chubut somos un equipo de dirigentes que queremos que quien presida la Argentina tenga una mirada más federal. Por eso decidimos tener un bloque propio. No es un binomio, no es o sos halcón o sos paloma, hay también un Juntos por el Cambio federal con actores que tenemos sana vocación de poder. Nosotros vamos a abrazar a los halcones, a las palomas, a los canarios y a todo lo que le sirva a la Argentina para poder sacar a la gente de esta situación.

— A la hora de la verdad, usted deberá definirse.

— A la hora de la verdad, hay que competir. Hay que darle la posibilidad a la gente de elegir a quién quiere que lo represente. Por ejemplo, hace poco tuve una reunión muy interesante con Horacio (Rodríguez Larreta), en Chubut. Fue la primera vez que tuve una reunión no para hablar de cambio de figuritas o de lo más mezquino de la política: estuvimos una hora y media hablando de lo que necesita Chubut, de la macroeconomía, de cuál es el potencial a nivel sectorial de la pesca, de hidrocarburos. Y coincidimos en que para lo que va a necesitar la Argentina necesariamente va a tener que mirar al Sur. Quiero que esa obsesión de Horacio por tener una agenda de desarrollo inteligente y prepararse con mucha anticipación tenga la fortaleza de Patricia (Bullrich) para dar una pelea muy importante contra el narcotráfico, que en Chubut es un problema serio. Todo puede converger en una unidad. No digo que se va a resolver de antemano, quizá se resuelve en unas PASO y tampoco digo que Mauricio no va a estar en esa discusión. No lo sé. Hasta el momento no lo dijo públicamente, pero tenemos la mejor herramienta, que son las PASO. Y también están los radicales: me gustaría que la fórmula sea cruzada. Me parece que sería un buen gesto hacia adentro, y vamos encaminados a eso también.

— ¿Cómo está la provincia de Chubut?

— La provincia está literalmente incendiada.

— ¿Qué significa eso?

— Prendieron fuego la provincia y hoy se quejan del olor a humo. Hoy escuchamos al gobernador (Mariano) Arcioni hablar de la herencia recibida y está gobernando hace 20 años. Para darte una idea: en Chubut hace cuatro años y medio que los chicos no tienen clases regulares.

— ¿Cuál es la excusa ahora para que no haya clases?

— Empezó con un conflicto paritario gremial. Para ganar las elecciones se prometieron acuerdos paritarios de más del 90%, en algunos casos 80 y 70, en un contexto que no teníamos el guarismo inflacionario actual. Fue eficaz electoralmente porque ganaron las elecciones, pero después era imposible de cumplir e hipotecaron a una generación de chubutenses. Después hay serios problemas de infraestructura escolar. Tuvimos hace poco en una escuela en El Maitén, en la cordillera, más de 50 chicos intoxicados por monóxido de carbono. Explotó una caldera en Camarones. El problema de Chubut no es de ingresos, tenemos uno de los presupuestos per cápita más altos de la Argentina, el problema es de mal gasto público. Hubo un crecimiento exponencial de los cargos políticos, empresas estatales, usinas de “ñoquis”, que hacen prácticamente inviable el manejo de un Estado que hoy es prácticamente anárquico. Porque la Legislatura tiene más bloques que diputados. Hay una especie de poliamor peronista donde nadie se hace cargo de Arcioni, pero están todos dentro del Frente de Todos. Entonces tenés a La Cámpora, al kirchnerismo, al Partido Justicialista y al Frente Renovador, pero no hay políticas de Estado, están siempre atando con alambre la coyuntura, apagando incendios. Hace una semana, por ejemplo, hubo paro en todos los puertos de la provincia. En un momento donde la Argentina necesita exportar, tuvimos todos los puertos de la provincia, que representa la segunda actividad exportadora que más divisas genera después de los hidrocarburos, parados por un mal manejo político. Eso no puede pasar en la Argentina. En cualquier país del mundo, una provincia como Chubut estaría intervenida en el estado en que está ahora.

— Usted será candidato a a gobernador de Chubut. En una provincia incendiada, según la definió usted, ¿cómo se apaga el incendio y se reconstruye todo?

— Somos la provincia más endeudada en dólares, 1200 millones. Nos endeudamos a un dólar MEP y liquidamos regalías a un dólar ficticio, que vale la mitad que el MEP. Quien asuma va a tener los primeros vencimientos a los tres meses con un déficit sostenido de más de 1.000 millones de pesos. Un economista me dijo: “Nacho, ¿por qué no te quedas en el Senado unos años más y la dejás pasar?”. Es una realidad muy distinta de la que tiene Luis Juez o cualquier candidato en Córdoba o que tiene Rogelio (Frigerio) en Entre Ríos. Nosotros vamos a tener que endurecer las costillas, resolver temas muy complicados en el corto plazo, pero es un desafío que hay que asumir. Yo quiero seguir viviendo en Chubut, quiero que mis hijos vivan en la provincia y en algún momento hay que darle un corte a semejante descalabro. Porque a Chubut se lo robaron. La provincia era el motor energético de la Argentina, tenía mucha densidad de empresas y cada vez se fue concentrando más en pocos actores de poder muy poderosos y que terminan blindando todo. Tienen empresas constructoras, son dueños de los medios, son dueños de la justicia, son dueños de la política. Chubut tiene dueños. Y esa pelea hay que darla. Nosotros la dimos, ganamos después de 20 años contra todo ese aparato y creo que se les está terminando la mentira. Vamos a poder romper con esos actores de poder y democratizar un poco más una provincia que no tiene que tener dueños, tiene que estar bien gobernada.

— ¿Su juventud le juega a favor o en contra de semejante desafío?

— En algún punto a favor y en otro en contra. Es como también le pasa a las mujeres en la política. Los jóvenes tenemos que demostrar siempre que estamos a la altura y que tenemos más capacidad que los más experimentados. Me pasa en el Senado. Esta semana estaba entrando a la Cámara y me dijeron: “Es por el otro lado”. “Pero soy senador”, les contesté y me miraron como si no me creyeran.

— Para algunos, el Senado siempre representó la aristocracia del Parlamento.

— Hay otras vanidades, otros egos. Hay ex gobernadores. Hay presidentes. Igual, el Senado necesita un trasvasamiento generacional, como decía Perón. Y, por otro lado, siento que la juventud juega a favor porque hay más energía: nosotros queremos comernos la cancha. En Chubut, los más grandes están más aburguesados, más cansados, y ese peronismo que nunca pudo renovarse hoy no tiene una oferta electoral atractiva. De todas formas, no creo que la cuestión etaria haya que analizarla. No hay que tirar por la ventana a un dirigente de 60 y cambiarlo por dos de 30. El cambio tiene que ser de mentalidad. Modernizar el Estado tiene que ser un cambio de mentalidad. No acostumbrarse a que esto que sucede es la normalidad, el hecho de no tener clases, que nos roben una ruta o que la hagan cuatro veces. Tuvimos medio gabinete preso en la provincia por sobreprecios y todas las semanas hay un nuevo escándalo. Ya es como mirar el clima en los diarios, pero no es la normalidad. Hay que terminar con eso. Y para eso necesitamos de la experiencia y también de la fuerza de la juventud.

— Usted armó un bloque nuevo en el Senado dentro de Juntos por el Cambio, con eje en la defensa de una agenda federal. ¿Puede crecer la defensa del federalismo en el Congreso?

— Fue muy frustrante para mí en la Cámara de Diputados haber tratado de instalar algunos temas porque la agenda la monopolizan la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires por el peso específico que tienen. En el Senado tenemos una ventaja: cada provincia, independientemente de la densidad demográfica tiene tres representantes y de ahí surge la idea de armar un bloque federal. Tenemos un peronista que es Juan Carlos Romero, salteño; una radical que es Edith Terenzi; Lucila Crexell, del Movimiento Popular Neuquino, y estoy yo, que presido el PRO en Chubut. El bloque va a crecer. De hecho, ya estamos hablando con dos senadores más que tienen intención de incorporarse y también hay temas que ya se están discutiendo con mayor fortaleza.

— ¿Por ejemplo?

— El dólar petrolero hizo mucho ruido a nivel nacional y en la OFEPHI (Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos) compraron una idea nuestra para poder resolver estas asimetrías que se generan por el valor del dólar criollo y las regalías. Y, por otro lado, la discusión madre del federalismo que es una ley de coparticipación federal. Tenemos un mandato constitucional desde el 94 que lo estamos incumpliendo e incluso el propio Presidente dijo que estaba en su agenda y hasta el momento esa discusión no se dio. Hablar de redistribución de subsidios también está en nuestra agenda. ¿Por qué un chubutense tiene que financiar el subsidio al transporte de Capital Federal o de la provincia de Buenos Aires? Son discusiones que hay que empezar a dar y hay que actuar en consecuencia. Hay una oportunidad para que este bloque federal crezca y en algún punto sea la lógica de Juntos por el Cambio: quiero que el secretario de Hidrocarburos sea de la provincia que más potencial tiene en esa materia. Que el secretario de Pesca sea de la provincia que más capturas tiene y que más agregado de valor puede darle. Un gabinete federal. El candidato que tenga una mirada más federal y nos dé lugar también a participar del armado del Gobierno va a ser quien tenga el acompañamiento de la mayoría de las provincias.

— A partir de la radicalización de Cristina Kirchner, ¿empeorará el funcionamiento del Senado?

— Es coyuntural porque incluso el Poder Ejecutivo necesita tratar otros temas. No se puede estar condicionando, cambiando figuritas: “Che, le doy a Alberto esta ley para que me meta la ampliación de la Corte Suprema”. Ese fuego amigo le hizo mucho daño al país. Terminamos todos los argentinos rehenes de una pelea de egos entre Cristina y Alberto, que incluso a modo de coacción terminó condicionando al presidente de la Nación. Y el resultado fue que La Cámpora se quedó con todas las cajas del gobierno y Alberto Fernández no pudo hacer nada. De todo lo que dijo que iba a hacer el día 1, hitos de este gobierno, cero. Va a decir que fue por la pandemia, por la guerra de Rusia, por Macri. Pero la realidad es que fue por ese fuego amigo. Estuvo atado de pies y manos desde el primer día.

— Alberto Fernández está casi circunscripto a temas protocolares, Cristina Kirchner gobierna y tiene un mandatario en lo económico que es Massa. ¿Este esquema se puede sostener, es viable?

— Pasamos de un gobierno bicéfalo a un gobierno tricéfalo. Hay que ver cómo equilibra Massa esa balanza, que es muy difícil.

— Si ofrece buenos resultados, la podrá equilibrar.

— Me parece muy torpe el hecho de haberle puesto tanta expectativa a la entrada de Massa. Era hasta bizarro cuando uno veía esa asunción con cánticos triunfalistas y afuera la gente estaba cagada de hambre. Cada vez hay más conflictividad social. Hoy te saquean un “chino” en La Matanza y lo atajás en Tierra del Fuego. No es que está todo bien el país. Fue provocador ver que la política aplaude, festeja y descorcha champagne cuando la Argentina está agonizando.

— No es común que el peronismo ponga en marcha un ajuste ortodoxo.

— Es la primera vez que el kirchnerismo habla de ajuste. Eso también es raro, es disruptivo y también genera muchas tensiones dentro del kirchnerismo. Nosotros tenemos nuestras cositas, nuestras peleas, pero no pasan de alguna discusión o algún entredicho entre dos dirigentes. Las peleas del gobierno les cuestan carísimas a los argentinos. La salida de (Martín) Guzmán hizo que todos, desde el tipo más humilde hasta el más poderoso, sean más pobres en 48 horas. Y mucho más pobres. Acrecentó la espiral inflacionaria, generó más incertidumbre. Y eso fue una pelea del Gobierno, no hubo variables exógenas del mercado que nos condicionaron. Fue el berrinche de un gobierno al que lo único que le interesa es mirarse el ombligo en vez de pensar en lo que les pasa a los argentinos.

— El miedo al colapso económico fue lo que transformó esa resistencia a tomar medidas a la experiencia de Massa ajustando lo que antes tendrían que haber ajustado y no quisieron. ¿Funcionó el miedo a la debacle económica, a un escenario similar al de 2001?

— De una mega a una hiperinflación hay un pestañeo. Estamos muy cerquita de los tres dígitos. No estamos tan lejos. En todo caso, la medalla que se quiere colgar Massa es no caer en la híper, pero no va a resolver nada porque no se puede. Si Massa resuelve el descalabro económico de la Argentina hasta yo lo voto. No lo va a hacer. No lo va a hacer, además, porque tiene aspiraciones presidenciales. Un tipo que tiene aspiraciones políticas termina cayendo en posiciones demagogas que lo alejan de lo que tiene que hacer. Si vas a poner a un tipo a ajustar, que no sea el que tiene aspiraciones electorales. El trabajo del malo lo tiene que hacer alguien que no quiera después ser candidato. Es de manual.

— ¿Cristina Kirchner y La Cámpora se pueden bancar un ajuste económico como el que está en curso?

— La realidad los va a llevar a tener que bancársela y esta avanzada de la situación procesal de Cristina les da otra narrativa y se corren. Puede ser que se sientan más cómodos en esa pelea, pero siempre tiene que subir alguien al ring. El kirchnerismo cree que hacer política es subir al ring todo el tiempo y pelearse con alguien. Creo que la política es algo muy distinto. Por suerte, cada vez los siguen menos.

—No se pueden ganar elecciones haciendo ajuste económico.

— Es la primera vez que a ellos les toca gobernar en una situación difícil.

— Les explota a ellos, en todo caso.

— Sí, les explota a ellos. Hay un dicho que dice que “la soja es peronista”. Y es cierto, cuando uno ve los valores de algunos commodities parece mentira. Les calza justo esa bonanza y muchas veces se despilfarra ese dinero en vez de diversificar la matriz económica o plantear políticas desarrollistas que sean sostenibles en el tiempo. Tiene que haber, si se quiere, un “gobierno polea” hacia una discusión más madura de la dirigencia argentina. Y hay que terminar con la judicialización de la política, que es nefasta: esto de que cada presidente que se va son carpetazos de un lado y del otro. La justicia tiene que actuar de manera independiente y cuando alguien roba, sea presidente, gobernador o lo que sea, tiene que someterse a la decisión de los jueces como cualquier ciudadano de a pie. Pero hoy, lamentablemente, la agenda de la política es todo chicana, todo barro.

 

 

* Para www.infobae.com

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