El Gobierno no entiende el mensaje electoral. ¿Y la oposición?

OPINIÓN 29/12/2021 Por Eduardo van der Kooy*
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La nueva escalada de la pandemia está sembrando de pánico, otra vez, al gobierno de Alberto y Cristina Fernández. Regresan los recuerdos sombríos del 2020 y sus consecuencias verificadas este año: la doble derrota electoral, en las PASO y noviembre. 

La primera reacción del Presidente permitiría asegurar que hubo un mínimo aprendizaje sobre el pasado. Después de un informe de la ministra de Salud, Carla Vizzotti, descartó la posibilidad de volver a las medidas restrictivas. La extensa cuarentena del 2020, como acertó el economista y consultor, Guillermo Olivetto, produjo una implosión social.

Nada puede, sin embargo, considerarse definitivo: el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, se vio forzado a restaurar limitaciones colectivas. Esa provincia es el epicentro de la tercera ola acicateada por la variante Ómicron.

Tal vez Alberto cometa el error de suponer que aquel encierro fue la razón excluyente del malestar social. Hubo una estrategia general equivocada que incluyó: la mala negociación por las vacunas, el escándalo del Vacunatorio VIP, la ausencia de una conducción en la política sanitaria y una comunicación siempre contradictoria y confusa.

La fotografía del Olivosgate (la foto de la fiesta de cumpleaños clandestina de la primera dama, Fabiola Yáñez) pareció un moño para tantos desaciertos.

Frente al panorama que anticipa Europa (similar en contagios a aquel del 2020), el Gobierno parece estar en una actitud pasiva. No tiene margen (lo sabe) para nuevas imposiciones. Demuestra en dos aspectos fundamentales una incoherencia que no atina a subsanar.

En 2020 fueron los problemas para comprar vacunas. Llama la atención ahora la falta de celeridad con la vacunación. El monitor oficial registra una brecha de alrededor de 15 millones de dosis entre las que figuran en stock y aquellas que fueron aplicadas. Difícil de entender frente a la opinión de los expertos que señalan: una sola dosis (5 millones de personas en la Argentina) no sirve para proteger de contagios serios ante el avance de la Ómicron. Lo imprescindible serían tres dosis, que posee solo el 10% de los ciudadanos.

Las vacunas sobran. ¿Por qué razón, entonces, el ritmo de la inoculación es tan lento? ¿Por qué no se vacuna las 24 horas como se hizo en Europa y Estados Unidos en los momentos críticos? ¿Por qué declina tanto el ritmo los fines de semana? ¿Por qué no se habilitan para la tarea las farmacias o centros de salud privados? Los interrogantes son innumerables.

Otro aspecto tiene que ver con la comunicación. Las autoridades hacen hincapié en la reticencia de los sectores más jóvenes para explicar el panorama dispar de vacunación. La reticencia podría tener múltiples motivos. Pero el ejemplo y los gestos públicos suelen resultar determinantes.

El Gobierno relajó todos los cuidados en las vísperas de las primeras elecciones. Sigue sin reconsiderar ahora mismo la conducta. ¿Cómo puede explicarse, por ejemplo, esa celebración de la semana pasada, con bailes, brindis y sin barbijos de la cual participó en primera fila Cristina Fernández?

Machacar con la necesidad de los cuidados evitaría al Gobierno, tal vez, hallarse dentro de algunas semanas frente al dilema de tener que adoptar medidas mucho más ingratas. Que, guste o no, repercutirán sobre el rebote económico que se verifica en los últimos meses.

Voracidad impositiva y re-reelección

Esa prescindencia del poder, el distanciamiento respecto de los beneficios concretos para la sociedad, se detectarían en otros terrenos. Denotan también la incomprensión sobre los múltiples mensajes que encerró el pronunciamiento popular. ¿Alguien votó, por caso, a favor de un nuevo torniquete tributario? Juntos por el Cambio, que hizo campaña en sentido opuesto, obtuvo el mayor volumen de votos en el segmento opositor. Indicativo de algo.

El Gobierno lo instrumentó con el aumento de la alícuota de Bienes Personales para patrimonios en el exterior. Convirtió esa pieza que nació como temporaria en permanente. Va por el impuesto a la herencia. ¿Alguien cree que aquel controvertido impuesto a la riqueza de este año ideado por Máximo Kirchner no volvería a repetirse?

Ciertas interpretaciones del Gobierno, a propósito, provocan perplejidad. Al presentar el nuevo Pacto Fiscal, que el Presidente firmó con 23 gobernadores (Horacio Rodríguez Larreta se negó), el ministro del Interior, Eduardo De Pedro, aseguró que el acuerdo limita a los mandatarios a aumentar la presión tributaria. Exactamente al revés de lo que sugiere su texto.

Algo más: aseguró que el único que tendría las manos libres para hacerlo sería el Jefe de la Ciudad. Larreta se encargó de hacer una rueda de prensa para asegurar que se opone a los nuevos impuestos.

Aquella interpelación sobre la presión tributaria encajaría en la agenda encapsulada de la clase política. ¿Alguien votó en septiembre o en noviembre para que de modo prioritario se ponga a discusión la re-reelección de los intendentes de Buenos Aires? Estaba limitada a dos períodos consecutivos, según una ley sancionada en 2016 por María Eugenia Vidal. Pero una sanción exprés de la Legislatura permitió extender un tercer mandato.

En esa andanza estuvieron los últimos días dirigentes kirchneristas mechados con otros de Juntos por el Cambio. Todos se montaron en un ardid que, en su momento, pasó inadvertido. La reglamentación de la Ley se hizo recién en 2019, cuando Juntos por el Cambio avizoraba el fin de ciclo. Esa norma habilitó ahora el debate al supuesto derecho sobre otro mandato desde el 2023.

El empeño oficialista nunca debe sorprender. Llama la atención la fragmentación opositora, una parte de la cual haría esfuerzos extraños por establecer una simbiosis con el oficialismo que resultó castigado en las urnas.

Ello pondría en duda la principal prédica política opositora. Aquella que remarca sus diferencias con la anacrónica práctica de los K. Entre tanta confusión, cabría remarcar un gesto. Sergio Massa, aliado del Frente de Todos, titular de la Cámara de Diputados, ratificó su oposición a las re-reelecciones. Fue socio clave de Vidal para la sanción de la ley limitante en la Legislatura.

Las elecciones de medio término significaron, simbólicamente, la posibilidad de reescritura del contrato de la sociedad con su clase dirigente. A ese texto le estaría faltando todavía la rúbrica de las dos principales coaliciones que sostienen el sistema.

 

 

* Para Clarín

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