Efecto pandemia: en 2020, las familias ganaron menos con su trabajo y recibieron más subsidios del Estado

ECONOMÍA Por Daniel Sticco*
El Indec estimó que los ingresos laborales representaron el 72 por ciento. El retroceso comenzó en 2018 y se acentuó con la cuarentena
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La suma total de ingresos de los hogares creció nominalmente en el último trimestre de 2020 un 19,6% en relación con igual período de 2019; los laborales aumentaron 18,2% y los no laborales, 23,2%, informó el Indec. En todos los casos se trató de incrementos muy inferiores a la tasa de inflación entre esos tramos del año que fue 36,4%: cayeron 12,3%; 13,3%; y 9,7%, en términos reales, respectivamente.

En la dinámica de estos últimos se destacaron los subsidios o las ayudas sociales del gobierno (incluye AUH, IFE, Tarjeta alimentaria, etcétera).

Además, entre los recursos no laborales sumó en el año el efecto de la movilidad trimestral de las jubilaciones y pensiones, la cual para la mayor parte de los beneficiarios le permitió obtener un ajuste levemente superior al de la inflación, pero de más de 5 puntos porcentuales respecto al conjunto de asalariados.

Por el contrario, sobre los recursos originados en el trabajo gravitaron negativamente las sendas caídas que el organismo oficial de estadística detectó en el último cuarto del año en el poder de compra de las remuneraciones, en parte afectadas por subas inferiores a la inflación, en parte por el recorte de la jornada laboral, y en muchos casos por la caída del empleo, más intensa entre los trabajadores informales -asalariados y cuentapropistas- que en la nómina registrada, sujeta a aportes al sistema jubilatorio, derivada del cierre de empresas durante la cuarentena sanitaria.

De ahí que una base superior al 73% de los ingresos de los hogares sustentada en el trabajo remunerado promedió hasta la primera mitad de 2019, desde un pico de más de 74% antes de que comenzara el ciclo recesivo, descendió a un mínimo de 68,7% en el tercer trimestre de 2020, y repuntó a 72% en los tres meses siguientes. El promedio del primer año dominado por la pandemia de covid-19 fue de 72,225%, significó una disminución de 2,8 puntos porcentuales respecto del año anterior previo.

El ingreso promedio per cápita del total de la población, que corresponde a 28.739.630 personas, alcanzó a $19.524, mientras que la mediana del ingreso per cápita fue de $14.357. Los perceptores varones tuvieron un ingreso promedio de $37.910, mientras que el de las mujeres fue de $28.937. Esa última brecha se explica principalmente por la menor carga horaria que se observa en la desagregación del trabajo remunerado por género.

El Informe del Indec sintetiza:

- Un 58,6% de la población total (16.836.669 personas) percibió algún ingreso, cuyo promedio fue de $33.306. Y según escala de ingreso individual, el promedio del estrato bajo (deciles del 1 al 4) fue de $12.150; el del estrato medio (deciles del 5 al 8), a $31.766; y el del estrato alto (deciles 9 y 10), fue de 78.723 pesos.

- El ingreso promedio de las personas que tuvieron algún ingreso mostró un aumento interanual de 26,1%. Subió 10 puntos porcentuales menos que la tasa de inflación. En el caso del estrato bajo, el aumento interanual observado fue de 30,4%; y tanto en el segmento medio como en el alto, la suba fue de 25,4%. Destacar el organismo oficial de estadística que en el trimestre se observó una caída de 2,9 puntos porcentuales en la población perceptora de ingresos respecto a igual período de 2019 (58,6% frente a 61,5 por ciento).

- Respecto a la población ocupada, se registró un ingreso promedio de $33.217 y un ingreso mediano de $28.000. El ingreso promedio de los primeros cuatro deciles de la población, ordenada según ingreso de la ocupación principal, fue de $12.018. El ingreso promedio del estrato medio (deciles del 5 al 8) es de $33.845, mientras que el ingreso de los deciles 9 y 10 equivale a $74.366. Se observó una caída de 752.947 personas ocupadas con ingresos respecto al último trimestre del año anterior.

Brecha entre altos y bajos ingresos

El coeficiente de Gini del ingreso per cápita familiar de las personas fue de 0,435 para el cuarto trimestre de 2020, mientras que igual tramo de 2019 fue de 0,439 y en el primer trimestre de este año 0,444, mostrando en ambos casos una disminución de la desigualdad.

Se trata de un indicador que indica que cuanto más cerca de cero representa una igual distribución del ingreso promedio entre la población, en tanto la aproximación a 1 es reflejo de mayor desigualdad, o concentración de los recursos que se generan en el año por el conjunto de la economía en menos habitantes.

No obstante, en el promedio del año, la brecha de ingresos per cápita familiar se amplió en 1 vez en el caso del promedio simple y en el caso de la mediana que saca el efecto de los extremos en el resultado estadístico aumentó en 1,5 veces, a 18 y 23 veces, en cada medición respectivamente.

En la medición del Indec el 2020 cerró con una concentración de los ingresos del 22,1% en 10% de los hogares, en términos por habitante del grupo habitacional, mientras el extremo opuesto, que comprende al núcleo duro de pobres indigentes apenas percibió 3,1% del total.

La brecha fue menor en el decil siguiente más alto (proporción de la población desagregada por tramos de 10% del total) que fue de 14,7%, y el segundo menor que captó 5,1% de los recursos.

De todas formas, por efecto del diferente impacto de la crisis sanitaria, en particular en lo referente a las medidas preventivas que tomó el Gobierno desde fines del primer trimestre, con el ASPO y Dispo, en el promedio del 2020 el Indec registró un aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso total entre la población entre los extremos: se elevó 1 vez, a 18 en el caso del promedio simple, y 1,5 veces en la mediana (la medición estadística que permite quitar el efecto de los valores fuera de escala) a 22 veces.

“Aquellos hogares que ya se encontraban en situación de pobreza o percibían ingresos bajos, fueron quienes se vieron más afectados por la situación económica, junto con aquellos cuyas actividades laborales estuvieron vinculadas a sectores particularmente afectados por la pandemia (como la construcción, trabajadoras de casas particulares, monotributistas sociales, entre otros)”, había detectado a comienzos del corriente año un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso.

El consenso de los analistas en temas laborales y socioeconómicos destaca que la mejor manera de mejorar la distribución de los ingresos entre la población es a través de impulso a la inversión productiva, con eliminación de los impuestos considerados distorsivos, como a los Ingresos Brutos, Cheque, cargas patronales sobre la nómina salarial, e incluso las escalas extremadamente bajas a partir de la cual las empresas son obligadas de aportar al fisco desde el 25% a más de 45% de las ganancias. Así como incentivos a la apertura de la economía e incorporación de la última tecnología al proceso productiva.

La decisión del Gobierno de comenzar a flexibilizar el régimen de control de cambios a las empresas que generen divisas a partir de inversiones superiores a USD 100 millones, constituye un piso muy alto que deja fuera de posibilidades a las pyme, a las cuales se las propone también gravar con la alícuota mínima de 25% de las ganancias desde cero peso hasta $5 millones al año (equivalente hasta USD 4.250 por mes al cambio oficial y 3.000 al libre), y mantener el tope de 35% a partir de $20 millones (entre USD 17.000 y USD 12.000, según la paridad de cambio que se tome como referencia).

 

 

* Para www.infobae.com

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