MARADONA, LA GRIETA Y LAS OPORTUNIDADES

EDITORIAL 29 de noviembre de 2020 Por Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba
En Argentina, millones nos conmovimos con la muerte de Maradona. En Nápoles y muchas otras ciudades del mundo ocurrió lo mismo. Pocas veces se ve algo semejante en tantos y tan disímiles países
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Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba 

Cuenta Pedro Bieger, un conocido experto en política inernacional, que una vez hubo de viajar a Bagdad para cubrir un acontecimiento. Era una época de tensión social, y una noche se aventuró fuera de su hotel. De pronto apareció una patrulla armada, con caras de poco amigos, y comenzó a interrogarlo. A los nervios del momento se sumó la dificultad idiomática, y el periodista, al tratar de explicarse, pronunció “Maradona”. Bastó eso para que a los militares (o milicianos), se les iluminara el rostro, y cambiara el trato hacia un tono muy amistoso. Son muchas los relatos de otras situaciones similares, aunque tal vez en situaciones no tan inquietantes.

 

Maradona tenía una posición política que, obviamente, satisface a algunos y es detestada por otros. Y su problema con las drogas concitó tanto compasión como repudio. Los primeros ocupan una franja que va desde el ídolo hasta Dios. Hacia abajo, todos coinciden en que fue un gran jugador (no hay forma de no hacerlo). Pero también aquí encontramos dos bandas: una mayoritaria, que buceando en su vida privada repara en sus claroscuros, o más bien en los oscuros, pero de última encogiéndose de hombros. Y en la última faja encontramos a quienes dejan de lado sus méritos deportivos, y les dan ataques de caspa su amistad con líderes sudamericanos con visión social como Lula, Evo, Correa, Lugo y, obviamente Néstor y Cristina Kirchner.

 

Se trata de la minoría violenta, movida por el odio racial y la aporofobia, el miedo a los pobres. Aquí se destaca el vómito de Lanata y de quien fuera el Administrador General de la Residencia de Olivos durante una parte de la presidencia de Macri, Chris Claret. No vale la pena detenerse mucho en los dichos de estos lamentables personajes, pero no pueden dejar de mencionarse.     

 

“Alegría” y "Algo bueno tenía que pasar en 2020" dijo Claret mientras el mundo lloraba; en tanto quien fuera el fundador de Página 12 y luego transfugó hacia la derecha más reprochable, el conductor de PPT, quien tuiteó “Murió Diego Armando Maradona.

Dentro de la Cancha un excelente jugador.

Fuera de la Cancha un Asco de Persona.

Que la muerte no convierta a una mala persona en buena. No sean HIPOCRITAS”.  

 

Es el odio destilado en su expresión más pura. Cuesta creer que haya personas que caigan tan bajo.

 

El momento que vive la política argentina es realmente preocupante. Aunque algunos integrantes de la oposición que lograron cargos electivos muestran racionalidad, dialogan y eventualmente colaboran en la proyección que fija el gobierno, otros representantes de primer nivel de la alianza opositora se centran no solamente en manifestarse contra cualquier medida gubernamental sino que azuzan a la ciudadanía para que se rebele frente al poder constituido, sin siquiera aclararle de que se trata. Vicentín y la reforma judicial son apenas dos ejemplos, entre tantos. El disparate llega a motivar contra la vacuna rusa porque “es comunista”, sin darse por enterado que la URSS se disolvió ya hace muchos años, y que en los países que quedaban dentro de la “cortina de hierro” tienen regímenes tan capitalistas como cualquier otra.  

 

En otro orden de cosas, los incidentes producidos en Casa Rosada y alrededores desnudan una falencia institucional que nació en las negociaciones relativas a la reforma de la Constitución Nacional de 1994. En esa instancia, la ciudad de Buenos Aires dejó de ser la Capital Federal, y pasó a ser una ciudad autónoma, conformando algo muy similar a cualquier provincia.

 

Qué racionalidad puede tener que el ámbito que aloja al gobierno nacional pueda quedar en manos de un gobierno diferente, ya sea éste coincidente con las autoridades nacionales o no, aunque peor en este último caso? Este es un factor más que pesa al poner en un plato de la balanza las ventajas de mudar la capital y en el otro el esfuerzo que significa.

 

Hay quienes sostienen, en una expresión simplista, que no hay dinero para hacerlo. Esto es desconocer la fabulosa capacidad del Estado para crear riqueza. El valor de la tierra que aloje a la nueva capital se multiplicaría posiblemente por un factor millonario. El impulso económico que se generaría sería fenomenal. Claro está, siempre que el negocio lo haga el Estado y no un puñado de especuladores. Pero de cualquier manera habría oportunidades para todo tipo de empresarios e inversores, a las que se agregaría un formidable incremento de la demanda laboral implicada.

 

Argentina tiene que sacudirse el vetusto sistema en el que está inmersa y lanzarse a toda máquina a desarrollar sus enormes potencialidades.   

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