El imperdible reportaje de Luis Juez con Novaresio y su emoción al hablar de su hija Milagros

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En una entrevista a corazón abierto, el senador de Juntos por el Cambio, y candidato a gobernador por la provincia de Córdoba, Luis Juez, habló sobre el día a día familiar que atraviesa con su hija Milagros, de 22 años, afectada con parálisis cerebral.

“No creo que entienda, pero sí debe notar que llego a casa hecho un [no llega a completar la frase] A Milagros, a la noche, la cuido yo porque mi mujer se levanta a las 6 de la mañana, entonces, cuando yo llego a la noche, me pongo en la cama de ella y voy, no menos de tres veces, hasta que se duerme, la doy vuelta, hay que acomodarla porque ella no puede”, dijo en un fragmento de la entrevista que le hizo Luis Novaresio en LN+.

 
Entonces, el periodista le pide al funcionario cordobés que ponga en contexto a los televidentes, acerca de la condición que ella padece desde hace 22 años. “Tiene parálisis cerebral con todas las dificultades de una bebita que padece eso. Si vos en la cama te querés dar vuelta porque, por ejemplo, se te acalambra un brazo, lo hacés para el otro lado, pero ella no puede. Se queja porque está acalambrada o se llenó de baba. Por eso, a la noche cuando estoy en casa, ella es mi responsabilidad”.

Además, reconoce que cuando él “está hecho una brasa, enojado, ella se da cuenta, se lo transmito, aunque seguro no sabe por qué estoy así, o qué estoy haciendo”. Y asiente con la cabeza: “Esto también lo hago por ella”. Se hace un silencio y al funcionario cordobés se le hace un nudo en la garganta, la voz se le quiebra y levanta el dedo hacia su interlocutor. “Yo siempre fui un tipo decente, siempre lo fui, porque vengo de una cuna así pero Milagros me hizo más decente”, enfatizó.

Y recuerda que, cuando a él lo interpelaron y le pedían “determinadas cuestiones a cambio” era “cuando Milagros estaba internada y se moría, estaba con un respirador”. Y completó: “yo juré por su vida que, mientras ella estuviera, yo me iba a volver intransigente: no sobreactúo la decencia, es una promesa que tengo con ella”.

Además, el funcionario cambiemita rescata que “siempre fui un tipo honorable, pero después me volví un fundamentalista”. Y hace una pregunta retórica: “´¿Por qué peleás?´ Porque es un compromiso que tengo con ella, aún cuando no se de cuenta, pero si mis otros hijos. Tengo una palabra de honor que se la di a ella, le juré a dios: ´si ella sale de acá, me la devolvía con vida, esa era mi contribución´”.

“¿No puteaste a dios por lo que le pasó a Mili?”, le repreguntó Novaresio. “Sí, claro, pero después me regaló un ángel”. Y piensa, mientras se toca el mentón con la mano: “al principio me cuestionaba todo, decía (y levanta la vista y sus ojos se empañan), ´tan mala persona no soy´, tengo miles de defectos pero no más que cualquier ciudadano común, pero al principio me reprochaba y me preguntaba ´¿por qué?´”.

Juez reconoce que, después, se dio cuenta de que dios le había “regalado algo que no tenía”. Y lo justifica con su hija: “Milagros no sabe lo que es la maldad, nunca va a tener un pensamiento horrible ni desearle mal a la nadie. Es un ángel en estado puro, todo amor. Pasé del enojo absoluto al agradecimiento perpetuo”, dijo el candidato a gobernador quien además reconoció que no hace psicoanálisis para abordar este tema. “¿Quién me va a entender? Lo hago con mi conciencia o con ella (por Milagros) mientras la estoy dando vuelta como un panqueque y le hablo pero, obvio, no me da bola”.

“Solamente quiere amor, nada más”, confiesa y se queda sin palabras. “Para tener un ángel, tenés que ser buen tipo, buena persona”, dice en uno de los pasajes más emotivos de la entrevista con los ojos empañados por la emoción. “Dios no le da ángeles a cualquier gil, te obliga a que lo que vos decís, lo tenés que sentir. Yo no le puedo mentir a mi hija, no me puedo convertir en un hipócrita, un cínico”, remata mientras toma un vaso con agua.

“La nena es un brasero en los momentos de mayor frío, es un regalo que tengo que honrarlo. Lo mío no es una puesta en escena”, ratifica, mientras hace el gesto de “no” con el dedo índice. “Que no lo pueda resolver porque nunca lo pude charlar con nadie, es otra cosa”, cierra.

Con información de Infobae

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