La deuda privada en dólares, otra espada de Damocles para el BCRA

ECONOMÍA 10 de febrero de 2021 Por Jorge Herrera*
El Banco Central mira de reojo, ya con el caso testigo de YPF en la mesa. Sigue la frazada corta para todos.
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Que YPF haya alcanzado un acuerdo para reestructurar su deuda ayudará a bajar el nivel de incertidumbre sobre los pasivos en moneda extranjera de las principales empresas locales (generada a raíz del deterioro en los flujos de fondos por la crisis sanitaria y las disposiciones del BCRA que obligó a refinanciar pasivos por escasez de divisas). Sin embargo la situación que llevó al BCRA a tomar esa medida el año pasado hoy sigue vigente. Es que, según el último dato al 30 de setiembre pasado, el stock de deuda externa privada de u$s78.882 millones indicaba que hubo una cancelación neta (-7,1%) de más de u$s6.000 millones en los últimos meses. Las principales cancelaciones se vincularon con las líneas de comercio exterior, principalmente las prefinanciación de exportaciones que bajaron más de u$s3.000 millones en un año (las empresas recurrieron al financiamiento en pesos para aumentar el capital de trabajo y no necesitar financiar en dólares las operaciones de comercio exterior). En cuanto a la deuda financiera, que equivale al 56% del total, apenas registró una reducción del 4% lo que implica que se cancelaron obligaciones por u$s1.800 millones.

De modo que si se mantenía el ritmo de cancelaciones, la economía iba a necesitar generar un excedente de dólares de al menos u$s500 millones mensuales (bajo el riesgo además de que se pudiera acelerar). De hecho, el perfil de vencimientos para los próximos 12 meses era mucho más elevado. El stock de deuda sin fecha de vencimiento (exigible) y con plazo de pago en los próximos 12 meses totalizaba u$s32.000 millones, de los cuales el 51% era con empresas relacionadas y el 49% restante con otros acreedores. Esto implica que eran exigibles u$s15.600 millones en 12 meses. “Es habitual que las empresas renueven vencimientos de capital y paguen intereses, pero si decían financiarse en pesos y cancelar pasivos en dólares, la demanda podría llegar a ser inclusive mayor a u$s1.300 millones por mes”, explican los analistas de Quinquela Fondos. Por lo tanto, era un escenario de demanda de dólares para cancelar pasivos que podía ubicarse en u$s500 millones mensuales en el mejor escenario y u$s1.300 millones mensuales si se cerraban los mercados para el refinanciamiento de pasivos de privados. Y suponiendo que las deudas intra-firma se refinanciaban, aun así son niveles de demanda muy altos, que un superávit comercial en caída no alcanza a cubrir.

Es entendible entonces que el BCRA al ver la evolución de las reservas y del mercado cambiario adoptara esa decisión soslayando las implicancias negativas que trajo y seguirá trayendo. Pero no hay magia, las reservas no alcanzan para hacer frente a esos vencimientos. “Si, en efecto, las empresas solamente cancelan el 40% de sus vencimientos de capital y el resto lo refinancian, la demanda máxima vuelve a los u$s500 millones promedio mensual. Es decir que se atenúa la posibilidad de demandas mayores a ese monto, bajando la probabilidad de que el BCRA tenga que intervenir para abastecer a la demanda y evitar la suba del tipo de cambio. Pero esto no soluciona el problema de raíz, que es la falta de dólares y los incentivos negativos que genera la brecha y la tasa de interés real negativa”, agrega la gente de Quinquela. inquiEs, que el superávit comercial de 2020 cerró en u$s12.500 millones, lejos de los u$s19.200 millones acumulados entre agosto 2019 y julio 2020 (si bien la cifra de diciembre estuvo afectada por un problema gremial que afectó los embarques de granos, la dinámica igual era negativa) y en el mejor de los casos podría haber sido u$s13.400 millones.

Lo que inquieta es la falta de reacción de las cantidades exportadas a pesar de la mejora en los precios mientras las importaciones siguen en franca recuperación (en el IV trimestre crecieron casi 16% interanual con un nivel de actividad que seguía mostrando resultados negativos). En el caso de que se mantenga esta tendencia el BCRA no tiene más remedio de intentar contener la demanda de divisas en todos los frentes. La cancelación de deuda privada es un desafío y el saldo comercial no tiene la dinámica suficiente como para asegurar la oferta necesaria de divisas. La favorable evolución de las materias primeras ayudará a compensar en parte pero de todas maneras será una variable más a monitorear en los próximos meses. El cepo a la demanda de personas compensó la menor oferta de divisas en 2020, pero ya más “cepeado” es complicado. Una clave es que la oferta del superávit comercial cambiario como mínimo le tiene que empatar a la demanda para no perder reservas; y aun con la demanda súper limitada, el financiamiento comercial negativo no debería superar al de 2020. Amén de rezar al FMI.

 

 

* Para www.ambito.com

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