Jostein Gaarder: “La pregunta más importante hoy es cómo podemos salvar la vida en la Tierra”

MIRADAS 06 de noviembre de 2022 Por BERNA GONZÁLEZ HARBOUR*
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Jostein Gaarder publicó El mundo de Sofía hace 30 años y lo que consiguió fue fascinar al mundo entero. Aquel libro multiplicó ventas y traducciones a decenas de idiomas con un hilo tremendamente sencillo: explicar a una niña de forma didáctica, cercana y familiar la vida, la filosofía y la existencia a partir de preguntas simples, las que todos podemos hacernos desde la cuna. El best seller se reproduce hoy en forma de novela gráfica y además acaba de publicar otro libro, Somos nosotros los que estamos aquí ahora (Siruela, como los anteriores), una especie de memoria de sus propias preguntas y respuestas que dirige ahora a sus seis nietos para que las respondan dentro de unas décadas, cuando alcancen su edad.

Es tan simple lo que se plantea que, como hace treinta años, sorprende la dimensión que adquieren sus respuestas. Cuando de niño se debatía entre observar una hormiga o al hormiguero entero (¿a quién no le ha ocurrido algo así?) llegaba la siguiente duda: ¿somos los humanos como hormigas que parecemos independientes en nuestro movimiento, pero que estamos unidas por unos hilos invisibles? Cuando vio Encuentros en la tercera fase, la comezón que le entró fue: ¿y si el extraterrestre soy yo mismo? Al asistir a la magia que practicaba su abuelo cuando le sacaba de la nada una moneda siempre quedaba la inquietud: ¿ha hecho magia? ¿Y por qué solo los domingos y no todos los días? Cuando vio la imagen de la Tierra que los astronautas pudieron tomar desde la Luna empezó el eco de lo que hoy es su reflexión: ¿acaso no nació allí el icono del movimiento ecologista?, ¿la preocupación por el planeta?

Porque si algo marca el nuevo libro es la sostenibilidad. El medio ambiente. Justamente lo que le faltó en El mundo de Sofía.

― ¿30 años después, cree que hay nuevas preguntas filosóficas que hoy habría introducido en su libro?

― Sí, absolutamente. Hoy lo habría escrito de forma completamente diferente. Lo primero es que me entristeció mucho descubrir que no había metido nada sobre el clima y el medio ambiente. Y la pregunta filosófica más importante hoy es cómo podemos salvar la vida en la Tierra. ¡Y eso no estaba ni siquiera mencionada en mi libro! Sofía hoy sería una activista medioambiental.

Gaarder es admirador de Greta Thunberg, la adolescente sueca que puso el discurso medioambiental en la agenda con su militancia sencilla y rotunda. “Una persona como ella ha tenido un impacto real en el mundo, se ha dirigido a los Estados, a la ONU, está despertando a mucha gente a la comprensión de la grave situación climática”.

Jostein Gaarder, nacido hace 70 años en Oslo, jamás imaginó el éxito que iba a alcanzar un libro que escribió como profesor de filosofía con la mente puesta en sus alumnos y que atribuye a la necesidad de los humanos de comprender. “La filosofía interesa a muchísima gente, pero no de una forma académica. Y esa gente vio de repente la posibilidad de leerla en el marco de una narrativa diferente”, cuenta por videoconferencia desde Oslo. “Creo que el cerebro humano está hecho para las historias, más que para la información digital. Si usted me cuenta cosas de Madrid, la escucharé, pero me olvidaré de la información. Pero si me cuenta una historia, la recordaré toda la vida. Creo en las historias”.

Pregunta. Su libro tiene más preguntas que respuestas. ¿De cuáles aprendemos más?

Respuesta. A menudo puedes aprender más de las preguntas que de las respuestas, porque las preguntas te llevan hacia adelante en la medida en que estás buscando la respuesta por ti mismo. A mis nietos les pregunto cómo será el mundo al final del siglo XXI, algo que yo no sé, ni ellos tampoco. Solo lo sabrán en el futuro. Pero mientras nos lo preguntamos, de algún modo le estamos dando forma.

P. ¿Cree que la sociedad se hace suficientes preguntas o tiene demasiadas certezas?

R. Los humanos estamos demasiado seguros. Deberíamos ser un poco más humildes y formular preguntas antes de responderlas. Pienso en el clima, la pérdida de hábitats, la guerra de Ucrania… no sabemos gran cosa sobre nuestro futuro como no sabíamos nada de la guerra de Ucrania hace dos años. Pero haciendo las preguntas, nos acercamos a la comprensión. La historia está llena de ejemplos de cómo las certezas fallan y de cómo detrás de los cambios políticos y la ciencia hay preguntas. Einstein se hizo muchas preguntas hasta encontrar las respuestas así que, definitivamente, sí, lo más importante son las preguntas.

P. Si unos seres respondieran al fin a las señales enviadas por radio al espacio. ¿Qué les preguntaría?

R. Les preguntaría lo mismo que me pregunto a mí mismo: ¿Qué es el universo? ¿Sabéis algo más que nosotros? ¿Qué fue el Big Bang? Tal vez también podemos contarles nosotros lo que sabemos. Me encantaría entrar en contacto con otra civilización en el espacio porque estamos solos, esto es demasiado precioso y somos demasiado vulnerables en este diminuto planeta y en una civilización que podría desaparecer. Sería estupendo tener una ayuda en el universo.

También les preguntaría, cuenta Gaarder, “cómo son sus familias y cuántos sexos tienen”. “Aquí en la Tierra solo necesitamos dos para reproducirnos. Tal vez en otros lugares del universo necesitan tres o cuatro sexos para tener descendencia. Y tal vez eso sería mejor”. Lo que tiene claro es que, vengan de donde vengan, los principios de la evolución serán válidos en todo el universo. “Y que tener ojos para ver y oídos para oír sería una ventaja en cualquier planeta”.

P. Imagine que sus nietos le pueden responder en 50 o 70 años y contactar de alguna forma con usted. ¿Qué le sorprendería saber?

R. Me sorprendería que dijeran: “Oh, el abuelo era demasiado pesimista”. Porque pienso que los problemas de Tierra son demasiado graves. Pero creo que es más probable que me escriban diciendo: “Gracias por alertarnos para que actuáramos”. Nunca se sabe, tal vez digan que la naturaleza está intacta, que quedan leones en África y que el abuelo era un exagerado. Sería estupendo.

Gaarder sitúa la imagen de la Tierra desde la Luna como el momento más icónico de la conciencia medioambiental. “Para el Apolo I fue más importante la imagen de nuestro planeta desde el espacio que lo que descubrieron en la Luna. Y cuando preguntaron a los astronautas qué les había impresionado más no dijeron los cráteres, por ejemplo, sino ver su propio hogar”. La imagen captada por el Voyager I de la Tierra, un pequeño lugar de azul pálido, fue un despertar”. “¡Es nuestra casa! Y aquí estamos, destruyéndola como estamos viendo en Ucrania. Si Putin fuera a la Luna y viera el planeta desde allí, tal vez se lo pensaría antes de seguir destruyendo Ucrania”.

Se prohíbe el pesimismo porque lo considera una forma de pereza. Y el optimismo puede resultar ridículo. Entre las dos vías asoma “la esperanza, que es una forma de lucha. Imagine que está enamorada. La esperanza es una categoría de la que dependes cuando estás luchando por algo. Lo mismo con la guerra y la paz”.

P. Sofía hoy tendría redes sociales. ¿Cómo nos han cambiado las redes?

R. Nos han cambiado, aunque no sé si de forma positiva o negativa. Me deprime ir en tranvía en Oslo y ver que la gente solo está mirando sus perfiles en las redes. Han estrechado nuestra mente definitivamente, pero también la han abierto. Tal vez hay menos soledad, la gente puede entrar en contacto con otros. Es como un alcohólico que se encuentra que antes bebía de la botella y ahora la botella bebe de él. Es lo que puedes decir de la televisión y las redes. Pueden abrirte la mente, pero también beben de ti.

Gaarder empezó la entrevista mencionando dos carencias en El mundo de Sofía hace 30 años. La primera era la medioambiental. ¿Y la segunda cuál es? “Haberme limitado a la filosofía occidental. Hoy habría incorporado tradiciones de China, India, Japón”. La asignatura pendiente quedará para la siguiente generación.

*Para El País de España

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