¡Furiosa y con poco poder!

OPINIÓN Por Rubén Lasagno*
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Cristina Fernández está enojada. Es la madre de la criatura, pero su consorte político que empezó jugando a ser presidente, ahora cree que puede serlo y en todo esto media el hijo putativo de CFK, Sergio Massa un cómodo alfil que puede estar con un pie en cada lado, pero nunca totalmente afuera que lo excluya del poder. 

La vicepresidente está furiosa porque ha perdido el poder omnímodo que tenía sobre su invento creado para competir en el 2019: el denominado Frente de Todos, que no es de tantos y ninguno de sus componentes va de frente; son más bien “un todos contra todos” que lucen revueltos y confusos, pero nada de esto sería importante, si como resultado de esta inutilidad institucionalizada en el país, no estuviéramos en peligro 45 millones de personas. 

Alberto y Cristina, conforman un gobierno inepto, corrupto, asquerosamente negativo, autoritario, promiscuo y patético. Ella lo eligió, lo impulsó y lo vendió como una pastilla sanadora. Una parte de la población compró. Él se comió el papel y nunca aceptó que la lapicera la tinta y el papel la tenía la jefa de la banda.

Pero Cristina se siente mal y la puso así, el desbarranque imparable de sus planes para lograr la impunidad sobre sus causas y como desde hace unos meses ve la tormenta perfecta acercarse sobre su sombrero Gucci, se desespera porque su títere no hizo lo suficiente cuando podía y ahora que ya no puede, se aproxima la hora señalada, donde varios jueces y la Corte Suprema de Justicia, la esperan con el cuchillo entre los dientes para remarcarle que ella no es nada ni nadie, que esté por encima de cualquier mortal.

La lucha de la vicepresidente contra la Corte Suprema está perdida, pero lo más patético que le enfurece, es que ni siquiera sus esbirros políticos, como Parrilli (entre muchos) y un par de jueces federales alcoholizados del interior que pretenden impugnar una decisión de la CSJ (metáfora del pato tirándole a la escopeta), no hayan podido doblegar a Rosatti, quien a su criterio asume el Consejo de la Magistratura, de forma ilegal y esto la ponen fuera de sí. En Santa Cruz ellos (Néstor y Cristina) hacían lo mismo, pero en el pago chico. Aquí sí era legal.

Claro, lo que a CFK la enfurece, es que ese lugar no lo ocupe su abogado Carlos Beraldi, por ejemplo. Esto sería “más justo” y quizás se complementaría de manera brillante si Graciana Peñafort ocupara la presidencia del máximo tribunal de la República. Ahí está su sueño, pero la realidad es otra; y es por eso que Cristina Fernández está furiosa.

Por esta razón ataca (por las redes sociales, obvio) al periodismo independiente acusándolo de casta y a quien se le cruce y la contradiga. No tolera que le digan que no y mucho menos que la desobedezcan. Pero ella, CFK, no es nadie respecto al interés general de la República. Es un débil alfil en un tablero que ya no maneja y por más que trate de diferenciarse de Alberto Fernández, ella es parte indivisible de este gobierno y responsable principal de que todos ellos estén en Olivos.

Su pretendida “separación” del Ejecutivo nacional, es un acting que no convence a nadie. Y su pérdida de poder es tan exasperante que ve cada vez más cerca el fin de sus buenos tiempos y el 2023 es el límite. Su estrategia es separase del fracaso que generó y reaparecer con otro armado, que serán los mismos, pero con otro nombre, como ya lo hizo con “Unidad Ciudadana” y luego el “Frente de Todos”; se trata del Frente para la Victoria travestido de otro color ante la demoledora degradación que ese nombre tuvo durante los 12 años en que le robaron al país.

Por esta razón, la ciudadanía y la clase política debe estar atenta para no caer en una nueva estrategia perversa por sobrevivir políticamente, de esta mujer a quien la cruza el temor de perder el poder fáctico, lo cual la acerca a la cárcel y al olvido.

 

 

* Para www.opisantacruz.com.ar

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