Bergoglio, entre santos y diablos

LECTURA DEL DOMINGO Por José Ademan RODRÍGUEZ
Antes que nada, quiero dejar sentado en estos días de Pascua Cristiana, que el Papa Jorge Bergoglio es un señor que me cae muy bien. Y tenemos muchas cosas en común
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ademanPor José Ademan RODRÍGUEZ

Antes que nada, quiero dejar sentado en estos días de Pascua Cristiana, que el Papa Jorge Bergoglio es un señor que me cae muy bien. Y tenemos muchas cosas en común.

Es un tipo de barrio y le gustaba el tango. Nació en el barrio de Almagro, ''lugar de idilios y poesías'' como reza el tango del mismo nombre. Es simpatizante de San Lorenzo, aquél de Farro, Pontoni y Martino, que en el año 1946 superó en recaudación a la Máquina de River! Y en esos años, goleó a la selección española en Barcelona en recordada gira por España y Portugal. Buen gusto el de paquito, Papa número 266, para hinchar por los santos de Boedo. ¿Quizás fue premonitorio? Diez añitos tenía el niño Jorge.

 Fueron pasando los años, ya jovenzuelo, fue sacándole punta a las ansias religiosas en el seminario diocesano de Villa Devoto para ingresar luego a la orden jesuita.

Otra cosa que tenemos en común, ''bares de billar y reunión'', ''sábado con trampa'', que linda función, dice el tango. Y por supuesto se habrá impregnado del credo Discepoliano, que inventó la letra más realista e intemporal de todas las letras, la del tango Cambalache, sobre todo la frase ''los inmorales nos han igualao''. Aunque tal vez el tiempo demostró que se quedó corto, los inmorales nos han superao.

Y seguro que ningún otro papa habrá tenido cultura de fútbol, tango y bares. Así fue deshojando la margarita entre ponerse de novio y el sacerdocio. Aquel día 21 de septiembre, en que se festejaba la primavera, se fue a la iglesia de San José de Flores, como el tango, donde decidió que ''pudo ser amor y no fue nada''. ¡Más tangos! Renunció a la reunión con los amigos y a una cita sentimental.

Después, como buen devoto de San José, entró de lleno a frecuentar las Villas Miserias a intentar paliar la pobreza, quizá intuyendo que tenía que jugársela con un mensaje laico para combatir el lastre dejado por la mafia del vaticano, la logia masónica P2, Licio Geli, Roberto Calvi, ''el banquero de Dios'', así de golpe Jorge Bergoglio se vio inundado por maléficas criaturas. Quizás comenzó a creer discretamente, con la boca pequeña, en el exorcismo. Acaso, lo que había que exorcizar o desratizar era al mismo vaticano? Menuda tarea le esperaba. ¿En qué te metiste Jorgito!? Dejar el barrio, los amigos del alma, el fútbol y porqué no, formar una familia.

Pronto empezó a comprender que las posesiones maléficas y el diablo, existen en el alma humana y justificó el exorcismo.

De nada le valieron las lecturas de Borges, o emocionarse con Gardel o Pugliese. Hablando de exorcismo, tendría que haber practicado uno al club de sus amores, San Lorenzo de Almagro.

Primero, uno para José Francisco Sanfilippo. Fíjense en la ironía de los nombres! José, por San José, por el cual es devoto Bergoglio; Francisco, el nombre del Papa y Sanfilippo, otra vez un santo!

Fue el jugador del fútbol argentino con mayor cantidad de delitos y maldades, lleno de perversidad.

Un día, Dante Panzeri redactó en la revista Así, un dossier de tres páginas con detalle de todas las fechorías cometidas por este sujeto. Según me comentó Armando Benavides, compañero suyo en San Lorenzo, durante una gira por España, en las famosas Ramblas de Barcelona, fue detenido por hurto. Se había choreado unos souvenirs en una de esas tiendas típicas. Fue liberado al interceder ante la policía, un miembro de la institución.

 En alguna de sus declaraciones como jugador, pueden deducir el tipo de personaje del que se trata:

 ''Prefiero perder 4-3 con 3 goles míos a ganar 1-0 con gol de otro''

El 28 de marzo de 1964, mientras se disputaba el partido Boca vs San Lorenzo, el jugador, que integraba el banco de suplentes de Boca, le propinó un golpe en la cara al técnico Aristóbulo Deambrosi e insultó a Adolfo Pedernera (ambos técnicos de Boca). Días más tarde, Boca le rescindió el contrato.

 

Y el otro exorcismo para el bambino Veira que tuvo una ''situación'' con un ''bambino''. Se puede ser luterano, pero no confundir el útero con el ano!

''Me acuerdo haber escuchado en un partido en Córdoba, cuando ya era técnico, que en la grada algún negro le gritó a un jugador que estaba por entrar al campo: ''Che, pibe, no te agachei a atate lo' cordone' !''

 

Otros recuerdos que me vienen a la memoria. Por ejemplo, un ''exorcismo'' infantil que consistía en llevar colgada al cuello una bolsita con alcanfor, amuleto que servía para ahuyentar los malos espíritus y para que nadie te impida jugar en primera.

Sobre los ocho años hice la comunión en la Iglesia del Sagrado Corazón. Una buena cachetada correctiva -que equivale a una "hostia"- común en muchos colegios de curas, significaba un exorcismo. Pero sin nada de truculento ni terrorífico como en la famosa película.

También recuerdo el olor a cera e incienso, el coro y la habilidad futbolística del padre Mestre en medio de la jarana del piberío, que alteraba el silencio de templo y el murmullo de las oraciones, ponían su retablo litúrgico-futbolero, retablo que se esfumó con la diáspora inevitable de los años. Cuando el sol caía oblicuo sobre algún vitriolo, era la hora del final del rosario y comienzo del partido de fútbol, no sin antes robar las ciruelas del patio de la iglesia, que nos quedaba de paso.

 

En fin, Dios y el diablo siempre van juntos, son compinches, coexisten tomaditos de la mano en el cerebro y las pasiones, conformando una suerte de aparejamiento y determinando que el mundo sea un péndulo que oscila entre “la hora de la Bestia y la paz del Señor”: comparten el Apocalipsis y la Bienaventuranza.

El Todopoderoso nos intimida: “¡Arderás en las llamas del infierno!”, que sabemos es una amenaza de mentirijilla, equivalente a cuando de chiquilines hacíamos diabluras y los padres nos decían: “Portate bien que vendrá el hombre del saco”. La “santa” Inquisición tomaba “diabólicas” decisiones. Hete aquí que la supuesta bondad se contradice con el hecho de ser justo, como si las dos cualidades no pudieran fundirse, porque si la primera es infinita, ¿cómo va a ser justicia castigar a unos a quienes, además, les abona el terreno para que sean corderitos con forma de hombre?

 

¡Temor a Dios! es la primera condición que se exige a los cristianos, que equivale a temor a lo desconocido, precisamente por no conocer nada. Ante esa amenaza, Satán nos guiña un ojo, escondido debajo de algún escote y nos tienta e invita a comprar un descapotable más ligero que el viento, no creo que para que nos endeudemos eternamente y nos hagamos papilla, sino para que lo disfrutemos. ¿Por qué se habla del diablo como del mismo diablo, así como a Dios lo “endiosamos” fanáticamente?

Para el amor como para el odio no hacen falta cielo ni infierno; son dos impostores, como el triunfo y la derrota, tanto en los campos de la vida como en los del fútbol. Es el hombre quien obra mal o bien, lo cual no significa que haya Reino del Mal o del Bien, ni demiurgos ni deidades.

 

Dios y el diablo están en el horizonte del levante y del poniente: uno en el esplendor rosado de las yemas de la aurora y el otro en el rojo bermellón del crepúsculo; o ambos tan poderosos sólo ocupan el espacio breve de una roca al influjo de la lumbre de un ascua en una noche de habaneras en el Empordà catalán. ¿Quién dictará el ritmo que se posa en las caderas? ¿La argéntica apacibilidad de la luna llena? Lo que más templa el espíritu, según dicen algunos, es el goce de la carne.

 

Dios y el Diablo son la imagen que nos hacemos del bien y del mal, es eso, solo una idea figurada en abstracto que nosotros nos creamos de ellos, pero no quiere decir que uno sea la bondad personificada en las nubes y el otro la maldad reencarnada en una figura llena de fuego y azufre.

 

Para terminar sobre todo eso del Papa santo, del exorcismo y de los diablos:

un día no muy lejano Jorge Mario Bergoglio, se irá apagando,

con los ojitos cansados, opacos y tristes,

por un pasillo de esos largos del vaticano,

amangándo a las baldosas por su renguera,

se irá tangamente y se pondrá por los hombros de abrigo toda el alba

y llegará su muerte enamorada...

será de madrugada, que es la hora en que mueren los que saben morir.

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