El pasado oscuro del laboratorio que está involucrado en la llegada de la vacuna rusa

CORONAVIRUS Por GERMÁN DE LOS SANTOS
Directivos de HLB Pharma formaron parte del laboratorio Apolo, que explotó en junio de 2016 en Rosario. Ninguno fue condenado porque los querellantes se retiraron de la causa tras cobrar sumas millonarias.
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El 24 de junio de 2016 a las 4.25 de la madrugada los vecinos del barrio La Tablada se despertaron aturdidos. Sobresaltados por el estruendo. La onda expansiva hizo añicos los vidrios de las casas, a causa de la explosión de una caldera del laboratorio Apolo, ubicado en Alem al 2900, en el sur de esta ciudad.

Allí, unos 120 operarios fabricaban suero fisiológico para proveer al Estado a nivel nacional y en las provincias. Dos meses antes de la explosión, la jueza Civil y Comercial Elvira Sauan había declarado la quiebra de esa empresa pedida por Ángel Gargicevich, según los documentos oficiales.

 Los principales accionistas del laboratorio Apolo eran Ariel García Furfaro y Jorge Salinas. Ambos fueron quienes se habrían quedado un año después de la explosión con HLB Pharma Group, luego de varios vaivenes económicos que llevaron a la empresa a convocatoria de acreedores.

Directivos de HLB Pharma Group integraron la comitiva encabezada por la secretaria de Salud Carla Vizzotti a Rusia para traer a la Argentina la vacuna Sputnik V. ¿Qué rol tendrá este laboratorio? Lo poco que trascendió hasta ahora de información oficial es que HLB Pharma Group se encargaría de la venta de la vacuna en la Argentina.

Según el boletín oficial, HLB Pharma cambió de directores en abril de este año. Renunció al cargo de titular de la empresa Hugo Suárez Borello, quien fue detenido el 31 de mayo de 2019 en la localidad de Todd, provincia de Buenos Aires, acusado de estafa, luego de que avanzara una causa en el juzgado criminal Nº23 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 Lo reemplazó en el directorio de HLB Pharma Group, según el registro oficial, Damián Roberto García, quien estuvo imputado por la explosión del laboratorio Apolo hasta mayo del año pasado, cuando el juez de Rosario Hernán Postma decidió avalar el pedido de la defensa y admitir el llamado “criterio de la oportunidad”, luego de que el fiscal Walter Jurado aceptó levantar la acusación contra cinco imputados por el delito de “estrago culposo agravado y lesiones graves culposas”. Al fiscal no le quedó otro remedio después de que los ocho damnificados por la explosión recibieron sumas millonarias a cambio de que se retiraran de la causa.

 El fiscal Jurado determinó en la investigación que la caldera explotó "por negligencia e inobservancia de los reglamentos y deberes" de los responsables.

 Damián García, junto a Ariel García Furfaro, otro de los supuestos dueños de HLB Pharma Group, y Marcela Vozza fueron sobreseídos. El gerente Marcelo Ferré y al encargado Jorge Gómez tuvieron que cumplir una probation en una fundación en la ciudad de San Nicolás.

Punto final para la causa de la explosión de Apolo, que pudo tratarse de una tragedia mucho mayor. Siempre llamó la atención que la detonación de la caldera se produjo a la madrugada, cuando no había operarios dentro del laboratorio. Detrás de la explosión hubo decenas de mitos que circularon, que sólo quedaron como parte de las leyendas oscuras porque nunca nadie en la justicia investigó: varias versiones apuntaban a que la explosión sirvió para ocultar algo mayor. En los peritajes se detectó que no se pudieron advertir las fallas en las calderas porque las alarmas estaban anuladas.

Cuatro años antes de la explosión de Apolo los trabajadores de la empresa denunciaron que los sueros que se producían en Alem al 2900 “no cumplían los periodos de cuarentena indispensables antes de su comercialización”.

 Jorge Salinas, socio de García Fufaro, estuvo al frente de Apolo desde 2012, cuando la empresa fundada por Antonio, Rafael y Francisco Iudica empezaba a tener problemas económicos. Salinas era el dueño del laboratorio Rigecin, también especializado en la fabricación de sueros. A partir de la adquisición de Apolo, que era la principal competencia, este grupo se quedó con más de la mitad del mercado de provisión de sueros fisiológicos. El principal comprador, según admitió a Aire de Santa Fe la diputada Graciela Ocaña, era el Pami en esa época.

En agosto del año pasado, la Administración Nacional del Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), que será la encargada de aprobar la vacuna rusa Spunik V cuando termine las pruebas de la fase tres, prohibió uno de los principales medicamentos que produce HLB Pharma, luego de que se detectara un lote de Omeprasec /Omeprazol y Keytruda falsificadas.

 Durante la pandemia esta firma reapareció en escena y volvió a hacer contratos con el Estado. El laboratorio vio el negocio para producir barbijos y montó una fábrica en la provincia de Buenos Aires que tiene capacidad para confeccionar 16 millones de barbijos de triple capa por mes.

Por  GERMÁN DE LOS SANTOS para Aire de Santa Fe

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