Murió Marzolini, el mejor 3 del mundo

Falleció un defensor que marcó una época con la camiseta de Boca y la Selección argentina. Tenía 79 años y venía luchando duramente por aferrarse a la vida.
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- Sí, seguro. Yo era más bien un carrilero, aunque hoy esa función es más específica y no se llega tanto al ataque. Yo iba más hasta el fondo. Sí, era algo así como un carrilero pero que llegaba más al fondo y tenía más obligaciones de marca.

Silvio Marzolini le explicaba así a La Prensa su forma de jugar. En la entrevista, publicada en 2002, se refería a la actuación de la Selección argentina en los Mundiales de 1962 y 1966, torneos en los que fue el dueño del lateral izquierdo de la defensa. En aquellos tiempos fue destacado como el mejor en su posición en el mundo. Rubio, alto, elegante en sus desplazamientos, habilidoso con la pelota en los pies, se distinguió nítidamente en una época en la que los colegas se caracterizaban por su fiereza en la marca. Próximo a cumplir los 80 años, este símbolo de Boca y del fútbol nacional murió después de una pelea contra su salud maltrecha por una larga enfermedad en una contienda a la que se entregó con la misma determinación con la que cubrió el flanco izquierdo de la defensa de Boca y del Seleccionado nacional.

Marzolini, nacido el 4 de octubre de 1940, pasó sus últimas horas en su domicilio de Belgrano acompañado por sus seres queridos. Hace un año había sufrido un ACV mientras estaba internado en el sanatorio Fleni y debió afrontar una prolongada recuperación que se vio agravada por una enfermedad terminal. Su deceso consternó al fútbol argentino, que le reservó para siempre un lugar entre los defensores más destacados de la historia, especialmente por la exquisitez de su juego, un valor agregado a su rol de marcador de punta.

A Bernardo Gandulla, máximo goleador de Ferro en la era profesional y sabio técnico de divisiones inferiores, no le pasó inadvertido el talento del joven Marzolini, de 14 años, y lo sumó a la entidad de Caballito. Allí se formó a las órdenes de José Scalise, otro maestro de jugadores. El debut en Primera División se produjo en 1959 y muy pronto llamó la atención por su calidad. Por supuesto cumplía con el requisito de controlar al wing derecho del equipo rival, premisa fundamental para su puesto.

DE CABALLITO A LA RIBERA

Apenas 23 partidos en el certamen de 1959 le bastaron para captar el interés de Boca, club al que se incorporó un año después. Se mudó a la Ribera junto con Antonio Roma, un atlético arquero que desde el ´55 defendía la valla de Ferro. A ninguno de los dos les costó asegurarse la titularidad con los colores azul y oro. Y se transformaron en ídolos de la mitad más uno del país. Marzolini le daba un salto de calidad a las retaguardias xeneizes. Tan inmediata como su consagración fue su llegada a la Selección. Se vistió por primera vez de celeste y blanco el 15 de marzo del ´60 en un triunfo por 2-0 sobre Costa Rica.

Siempre fue titular en Boca. Roma, Carmelo Simeone, José María Silvero, el brasileño Orlando y Marzolini integraron una inexpugnable defensa que fue el principal argumento por el que los auriazules fueron campeones en 1962, el certamen que quedó en el recuerdo porque en una acción muy polémica el arquero le contuvo un penal a Delem, de River. Unos meses antes, Marzolini había sido el 3 titular del Seleccionado en el Mundial de Chile, donde sobresalió por sus desempeños en un equipo en el que reinaba el desconcierto por los cambios de marchas del DT Juan Carlos Lorenzo y que no pasó la primera ronda.

Sumó los títulos de 1964 y 1965 con el conjunto xeneize. Tiempos de ásperas e invencibles defensas en las que los hinchas se asombraban por la reciedumbre del Cholo Simeone, Silvero, Alcides Silveira, entre otros, y disfrutaban la clase de jugadores de técnica suprema como Marzolini y Federico Sacchi.

FIGURA EN CELESTE Y BLANCO

En 1966 el planeta futbolero se rindió a sus pies en el Mundial de Inglaterra. Con Roma, Roberto Pipo Ferreiro, el Mariscal Roberto Perfumo y Rafael Albrecht le dio vida a una última línea impasable que fue el punto más alto de la Selección que armó el Toto Lorenzo. En ese torneo fue escogido como el mejor en su posición. También se lo había señalado como un destacado exponente cuatro años en Chile, pero en la tierra de los inventores del fútbol el reconocimiento a su trabajo fue aún mayor.

Debió soportar el trago amargo del fracaso en las eliminatorias para México ´70. Era uno de los líderes de la improvisada Selección que intentó reconstruir Adolfo Pedernera  y que fracasó contra el Perú de Teófilo Cubillas, Oswaldo Cachito Ramírez y Héctor Chumpitaz que dirigía el brasileño Didí. Ese nefasto 31 de agosto de 1969, el día del golazo de Alberto Rendo que no alcanzó para evitar el papelón de perderse el Mundial, Marzolini jugó su último partido en la Selección. El Maestro Pedernera apostó por él, a pesar de que muchos le exigían que recurriera a un marcador menos técnico como Oscar Malbernat. Jugó 28 partidos en su ciclo internacional.

Ese mismo año fue uno de los puntales del equipo de Boca campeón en el Nacional de 1969. Bajo la batuta de Alfredo Di Stéfano, ese conjunto marcó un antes y un después por la distinción de su juego. Ya no era sólo una cuestión de garra en la defensa. Basta con acotar que compartían la retaguardia dos hombres de excelentes condiciones como el peruano Julio Meléndez y Marzolini…  La consagración incluyó la vuelta olímpica en el Monumental.  Esa temporada también obtuvo la Copa Argentina.

TRAS EL RETIRO, CAMPEON COMO DT

Su último título dentro de la cancha fue el Nacional de 1970. Dos años después se retiró cuando el técnico Rogelio Domínguez decidió no asegurarle la titularidad. Jugó en el club de la Ribera 408 partidos y marcó 10 goles. Atrás quedaba una carrera en la que marcó una época y que en el ámbito internacional le permitió tomar la posta del brasileño Nilton Santos (campeón del mundo en 1958 y ´62) y competir mano a mano con el italiano Giacinto Facchetti y el alemán Karl-Heinz Schnellinger, dos referentes. En su esplendor debió lidiar con famosos punteros como el uruguayo Luis Cubilla, Raúl Emilio Bernao y los últimos días felices del Loco Oreste Osmar Corbatta, de quien también fue compañero en la Ribera.

Después de un tiempo alejado del fútbol profesional, asumió la dirección técnica de Boca en 1981. El equipo venía de pasar un muy mal año en 1980 con Antonio Rattín -un símbolo xeneize con quien compartió las formaciones de los ´60- como DT. Marzolini supo sacar rédito de un elenco que giraba en torno de Miguel Angel Brindisi y Diego Armando Maradona. Bajo sus órdenes, los auriazules fueron campeones del Metropolitano, aunque para él la experiencia fue dura y un problema cardiaco lo obligó a dejar el cargo por un tiempo.

Regresó al club en 1995, otra vez con Maradona en el plantel, pero su gestión no se vio recompensada con título alguno. Pasó un tiempo al frente de las divisiones inferiores de Banfield. Siempre fue un hombre de consulta por sus profundos conocimientos del juego y su cordialidad. Con su muerte, el fútbol argentino pierde al hombre que, con la cabeza levantada, fina estampa y un manejo delicioso, hizo un arte del oficio de defender.

Fuente: La Prensa

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