LA BOLSA, UNA POSIBILIDAD DESATENDIDA II

EDITORIAL Por
¿No hay ahorro interno?. Uno de las afirmaciones pocas veces desmentidas en materia de macroeconomía es que las inversiones extranjeras son imprescindibles porque el ahorro nacional es escaso, y frecuentemente nulo
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Isaías ABRUTZKY / Especial para Diario Córdoba

Con una inflacion del 40 ó el 50% anual ¿quien va a invertir en actividades productivas? Es obvio que con tasas de interés en pesos que alcanzan niveles tan increíbles como el 70 u 80 por ciento anual no hay ningún estímulo para instalar fábricas, y lo mejor que puede hacer quien tiene dinero es ponerlo a especular, o convertirlo a dólares para invertir en propiedades en Miami o transferirlos a paraísos fiscales para que estén bien resguardados, y lo mas lejos posible de la mirada de los organismos impositivos.

La reinstauración del control de cambios, el famoso “cepo”, mostró la aparición de un fenomeno interesante: el valor del dólar se estancó. Y esto constituirá un factor muy importante en la lucha contra la inflación. El desdoblamiento cambiario que se produjo con el impuesto del 30% sobre los gastos en el exterior que se paguen en pesos -ya sea de los turistas que abonan con tarjeta de crédito en pesos sus gastos fuera de nuestras fronteras o de quienes usan Netflix y otros servicios similares, o adquieren bienes afuera a través de Amazon y otras compañías de ventas online- desalienta estas operaciones que en definitiva constituyen importaciones, y que son apetecibles para algunos particulares pero no son de mayor beneficio para la nación.

La situación actual crea un problema real para aquellos a quienes les sobra algo -o mucho pero no tanto- a fin de mes: no hay nada que se pueda hacer con el dinero, como no sea gastarlo. No está mal eso, porque es necesario reactivar el mercado interno, aunque ese dinero es excedentario del consumo. Pero, si las inversiones exranjeras no vienen o no nos convienen, ¿cómo hacemos para tener inversión productiva real?

Las estimaciones de la fuga de capitales durante los cuatro años de la admnistración macrista se extienden en un rango -según las fuentes- de entre 60 y 130 mil millones de dolares. Y cualquiera de los extremos que se considere muestra la falacia de la afirmación de que no hay suficiente ahorro interno para desarrollar al país con recursos propios.

Con cepo y dólar caro, lo mejor para quienes disponen de esos dineros y no pueden acceder a las divisas ni a colocaciones financieras convenientes -porque se supone que las tasas de interés tenderán a bajar- es tener un canal alternativo al que derivar esos fondos. Y lo mejor para el país, también, es que se abran otras instancias de inversión. Y una que se ajusta perfectamente a las necesidades de los particulares y la sociedad es la creación y desarrollo de empresas.

El mercado de acciones argentino es notoriamente escuálido, y por añadidura poco y nada accesible al ciudadano común. Cuando hoy en día cualquier particular del mundo desarrollado puede comprar o vender acciones en segundos, quien quiera hacerlo en el país enfrentará condiciones imposibles de creer. Una transacción de ese tipo en los bancos requiere lapsos de una semana o más. A esto se suman muchos otros factores que hacen que las operaciones bursátiles estén limitadas a unos pocos iniciados. La puesta en marcha de un sistema de información sobre esta posibilidad, a un público que necesita opciones de colocación para su dinero, la agilización de los mecanismos operativos y la adecuación de las condiciones legales que faciliten a los ahorristas de montos pequeños y medianos puede significar un impulso formidable a la formación y puesta en marcha de grandes proyectos productivos.

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