Así trabajan en el cementerio San Vicente en la segunda ola

CÓRDOBA 05 de junio de 2021 Por Gregorio VÉLEZ
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Argentina se acerca a las 80 mil muertes por coronavirus a más de un año de la pandemia, mientras que este jueves, la provincia de Córdoba superó los 4 mil fallecimientos. De acuerdo a los datos nacionales, la tasa de letalidad (cantidad de muertes en relación a la cantidad de personas contagiadas) es menor en relación al 2020.

El año pasado, en Argentina murió el 2,8% del total de personas que se contagiaron y en lo que va del 2021 bajó al 1,4%. Esto se explica por el avance de la vacuna a los mayores a 60. En la provincia de Córdoba, la tasa de letalidad fue del 1,95% en el 2020 y del 0,76% hasta mayo del 2021.

La segunda ola avanza de manera acelerada y son muchas familias que despidieron a un ser querido a causa de esta enfermedad. El Cementerio San Vicente, ubicado al este de la ciudad Capital, comenzó a prepararse a principios del 2020 para el peor escenario al ver lo que sucedía en otros países del mundo.

 En abril del año pasado, ya difundían el protocolo de manejo de óbitos. Desde entonces, solo está permitida la inhumación en tierra y las cremaciones -no en nichos ni panteones- respetando las medidas de bioseguridad correspondientes. Actualmente, fueron ocupadas 200 de las 1.000 fosas cavadas en el cementerio, ya que el 70% de los cuerpos que llegaron fueron cremados.

La directora Claudia Romero detalló a Telenoche que para las ceremonias de despedida solo permiten el ingreso de entre 6 y 10 familiares de la víctima y se ubican a 20 metros desde donde están cavando la fosa individual. Una vez finalizado el procedimiento, pueden acercarse a la tumba y estar el tiempo que deseen.


Mientras que en la cremación, ningún ser querido puede ingresar al sector de hornos. Esta modalidad, elegida por muchos familiares de víctimas, tarda entre 2 y 3 horas.

En cada caso, los trabajadores deben contar con todos los insumos de bioseguridad para evitar contagios, desde el mameluco blanco, máscaras, tapabocas, botas y hasta guantes. Cada vez que llega un féretro, deben sanitizarlo con lavandina.

"Nos manejamos como si estuvieramos adentro de una terapia", reconoció Romero. "Deseo no tener que abrir más tumbas y que esto pase rápido. Es un momento muy triste para la humanidad, darse cuenta lo chiquito que somos", reflexionó con profundo dolor.

Fuente: El Doce

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