Por la caída del poder adquisitivo, calculan que en un año se desactivaron un millón de tarjetas de crédito

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Son cifras que difundió la cámara que agrupa a los emisores de tarjetas. Además, se emiten menos plásticos y no se actualizan los límites de compra. El impacto de las tasas altas tasas de interés.
CONTADO

La caída persistente del consumo vinculado al deterioro del poder adquisitivo, y el endurecimiento de las condiciones financieras, le están pegando de lleno al mercado de las tarjetas de crédito. Y ocurrió algo que nunca antes había sucedido. Empezó a caer el uso habitual de la tarjeta como medio de pago y se están desactivando plásticos que se venían usando regularmente. La información se conoció en el Congreso Internacional de Tarjetas de Crédito que se está desarrollando en estas horas en Buenos Aires.

Las cifras que brindó la Cámara Argentina de Tarjetas de Crédito y Compra (Atacyc) son contundentes. Cesar Bastién, titular de la Cámara, afirmó que “en Argentina hay un millón menos de plásticos activos que hace un año. La reducción del uso de las tarjetas afecta tanto a los bancos emisores como a las empresas no bancarias” (tarjetas regionales) que son particularmente importantes en el interior del país,  “lo que grafica la tremenda crisis que atraviesa el sector”.

Bastien calcula que ese millón menos de tarjetas equivale a una reducción del 5 al 6% sobre las tarjetas realmente activas. Es decir, se sabe que una buena cantidad de las tarjetas son extensiones de otra tarjeta titular, o no son usadas con regularidad. Por eso la mirada está puesta sobre aquellas que sí se usan, o más puntualmente a las cuentas bancarias con las que están relacionadas. Según el BCRA, los 10 primeros bancos del sistema tienen 14,6 millones de titulares de tarjetas de crédito. Se calcula que en total hay 25 millones de titulares de tarjetas de crédito.

 Este menor uso del plástico refleja que las operaciones que se pagan en efectivo, y por lo tanto más cerca de la informalidad, están ganando terreno.

Hay cifras que explican este fenómeno, a partir de la recaudación del IVA DGI, que es una buena aproximación. Se calcula que hoy el consumo “blanco”, tomando en cuenta la variación de ese impuesto en relación al consumo estimado, cayó de un 47% en 2017 a un 42% en 2019.

Otra forma de mirar la retracción en el uso de este medio de pago es el saldo de cartera, es decir cuál es la cantidad de dinero que los usuarios mantienen como deuda, porque no pagaron el total del resumen del mes.

En términos reales,  descontada la inflación, ese saldo bajó de 500.000 millones de pesos en 2018 a unos 410.000 millones en 2019, es decir una caída de 18%.

Esto está directamente relacionado con la decisión de los emisores (bancos y empresas regionales) de acotar los márgenes de financiación. Una manera de hacerlo es no actualizar los límites de gastos permitidos para cada tarjeta. Otra, reducir promociones. Y otra, más drástica, dejar de emitir plásticos, enfocando el negocio a la cartera de clientes más rentables.

Para el caso de las tarjetas regionales, que basan su negocio en fondearse en el mercado de capitales a través de la venta de cartera o emisión de fideicomisos, la disparada de las tasas de interés fue un golpe muy duro, explica Bastien.

El titular de Atacyc enumeró los problemas que, a su juicio, -además de la recesión y la caída del poder adquisitivo de los usuarios- complican al negocio del dinero plástico.

- En 2017 se forzó al sector a bajar artificialmente los aranceles a los niveles más bajos de la región, fuera del contexto macroeconómico e impositivo.

- El plan Ahora 12 dispone una tasa bonificada desde el banco emisor para el comerciante, y se convirtió en un plan a tasas inferiores a la inflación. Además, se amplió a la mayoría de los rubros y se extendió a todos los días de la semana.

- Se redujo el plazo de pago a comercios a 10 días hábiles a los emisores financieros, provocando una pérdida por pagar al comercio antes de cobrar del usuario.

- Se aplica el impuesto a los débitos y créditos sobre el pago de liquidaciones a comercios, y no se aplica sobre otros medio de pago electrónicos.

- La tarjeta es el único medio de pago que administra más de 90 regímenes de recaudación en forma gratuita para el Estado.

Bastien concluye: “Cuando los incentivos son negativos, como lo son estas regulaciones distorsivas, y llevan a una empresa a perder dinero con su actividad, la reacción natural es a achicar el negocio, restringiendo la oferta de productos a los segmentos más rentables, y simultáneamente, a bajar la cantidad de beneficios que se prestan”.

 

 

Con información de www.clarin.com sobre una nota de Gustavo Bazzan

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