El BCRA defiende bandas cambiarias y monetarias en un contexto de alta tensión financiera

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • El BCRA implementó bandas de intervención cambiaria y monetaria: en la superior vende dólares y absorbe pesos, en la inferior compra dólares e inyecta pesos.
  • El Gobierno interviene en el mercado de futuros para poner un techo al dólar, con ventas estimadas en u$s5.800 millones y contratos más largos.
  • La suba de encajes bancarios limita la capacidad prestable, encarece tasas activas y pasivas, afectando créditos e inversión.
  • Los préstamos en dólares son muy costosos por la suma de tasa, devaluación y cobertura, superando el 50% anual.
  • La política del BCRA mantiene iliquidez para controlar el dólar y activos financieros, mientras las tasas permanecen altas.
  • La mejor inversión en este contexto son bonos en pesos ajustados por tasa, y el mercado no puede combinar dólar alto con tasas bajas.

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) estableció un esquema de bandas de intervención que busca regular tanto la política cambiaria como la monetaria. La estrategia se fundamenta en dos niveles: en la banda superior, la entidad vende dólares y absorbe pesos, lo que genera una contracción monetaria y, como consecuencia, un aumento de las tasas de interés; mientras que en la banda inferior compra divisas e inyecta pesos, generando una expansión monetaria y una baja de tasas. Este mecanismo funciona como regla de referencia, y el BCRA mantiene una flotación “limpia”, sin intervenciones irregulares o sorpresivas, aunque sí orienta el mercado mediante operaciones de futuros y regulaciones del sistema financiero.

En paralelo, el Gobierno interviene activamente en el mercado de futuros del dólar para ponerle un techo a la divisa, con estimaciones que indican ventas por unos u$s5.800 millones hasta fines de agosto. El interés abierto en este segmento asciende a u$s7.700 millones, reflejando un papel relevante del Estado en la fijación de precios y vencimientos más largos de contratos de dólar futuro, lo que supone una señal positiva para la confianza del mercado.

Dentro del sistema financiero, la suba de encajes bancarios está limitando la capacidad prestable de las entidades, encareciendo la tasa activa y generando efectos colaterales como mayor morosidad y una moderación en la actividad económica. A su vez, las tasas pasivas se incrementan, elevando el costo de oportunidad para inversiones y dificultando la planificación financiera. Tomar un crédito en pesos resulta hoy prácticamente inviable para inversión productiva, mientras que un préstamo en dólares puede superar el 50% anual una vez sumada la cobertura y la probable devaluación, cifra muy por encima de la inflación proyectada del 20% anual según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA.

El desarme del stock de LEFI y los vencimientos de deuda en pesos, que suman alrededor de $100 billones con un 45% concentrado en el sector público y un 55% en el privado, obligan al Gobierno a mantener la iliquidez mediante subas de encajes y absorción de pesos. Esta estrategia apunta a impedir la inyección de dinero extra al mercado, manteniendo control sobre la cotización del dólar y sobre la estabilidad de los activos financieros, pero a costa de tasas de interés elevadas y persistentes.

En este contexto, los instrumentos más recomendables para los inversores son los bonos en pesos que ajustan por tasa de interés, como el Boncap dual, vinculado a la tasa TAMAR, que hoy se ubica en 64% anual. El seguimiento de las cuentas públicas resulta crucial, ya que los superávits fiscales mensuales constituyen señales de responsabilidad presupuestaria que podrían traducirse en inflación más baja y estabilidad cambiaria en el mediano plazo.

Respecto a la deuda pública, desde la asunción del Gobierno, la consolidada del sector público y el BCRA bajó de u$s488.015 millones a u$s458.706 millones, reflejando una reducción de u$s29.309 millones, lo que representa un descenso del 6%. Sin embargo, el debate sobre las tasas en pesos persiste, mientras que la reducción de la deuda ha pasado casi desapercibida en el análisis público.

El mercado enfrenta un dilema: coexistir con tasas elevadas y un dólar contenido. Si la divisa prueba el techo de la banda, el BCRA intervendrá vendiendo dólares y retirando pesos, lo que elevaría aún más las tasas. La opción inversa, con tasas bajas y dólar alto, resulta incompatible con el esquema de bandas vigente. En consecuencia, los bancos podrían verse forzados a reconvertir su modelo de negocio hacia depósitos y colocaciones en dólares, reduciendo márgenes de ganancia y generando ajustes en su estructura de costos.

En definitiva, el BCRA busca consolidar un equilibrio delicado entre control cambiario, estabilidad monetaria y confianza del mercado, pero la lógica es clara: en el sistema de bandas, un dólar más alto implica tasas más altas y viceversa. La ilusión de tasas bajas y divisa elevada resulta, en este marco, imposible. La política económica del Central apunta a imponer disciplina y previsibilidad en un escenario de alta volatilidad financiera, mientras inversores y empresas deben adaptarse a las reglas de la banda.

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