Gabriel Chumpitaz: “En Rosario hay una guerra urbana por la droga que va a derramarse en toda la Argentina”

POLÍTICA 16 de junio de 2022 Por Ricardo Carpena*
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“Hoy, Rosario está totalmente copado por el narcotráfico y en la antesala de una cartelización”. El que lo advierte es Gabriel Chumpitaz, diputado nacional del PRO por Santa Fe, de 46 años, un pasado de rugbier y de empresario del rubro seguridad, y con una carrera en la política que comenzó en 2015, cuando lo convocaron para encabezar la lista de concejales del PRO de Rosario. Cuatro años después, estuvo en la nómina de diputados provinciales. Hoy, es una de las nuevas figuras de la Cámara de Diputados y no oculta su aspiración política: postularse como candidato a intendente de Rosario, una ciudad sobre la que hace un diagnóstico descarnado por el avance del narcotráfico y plagado de críticas contra las autoridades provinciales y municipales.

Hace 10 años, luego de viajes y capacitaciones en Colombia y otras ciudades de América Latina, Chumpitaz alertó que se aproximaba “una guerra urbana que podía llegar a Rosario y que comenzó en aquel entonces por la disputa de distintos puntos de venta de droga, principalmente relacionados con las barrabravas de Rosario Central y de Newells Old Boys”. Hoy, se cumplieron sus peores pronósticos: cree que en aquella ciudad hay “una guerra urbana que puede derramarse no sólo en el resto de la provincia sino también en toda la Argentina”. Por eso cuestiona a las autoridades porque “lo primero que se tiene que tener para trabajar en seguridad es decisión política, de combatir el narcotráfico, la delincuencia”.

Rosarino, hijo de inmigrantes, este legislador es sobrino de Héctor Chumpitaz, el famoso futbolista peruano que es conocido como “Capitán de América”, jugó al rugby amateur y profesional y a los 17 años fundó una empresa de seguridad, donde soportó los avatares que sufren todos los dueños de una pyme: “Los empresarios argentinos son sobrevivientes -afirma-. No conozco muchos lugares en el mundo donde haya que sacar un crédito para pagar sueldos”. Y decidió dedicarse a la política, aun cuando antes era un duro crítico de la dirigencia, porque “es la mejor herramienta para transformarle la vida a la gente”. Aun así, es implacable con sus colegas: “La Argentina tiene que empezar a discutir cuestiones estratégicas con menos politiquería. A veces estamos discutiendo a Yrigoyen y a Perón cuando tendríamos que estar discutiendo inteligencia artificial”, sostiene.

— ¿Qué opina del episodio del avión venezolano-iraní?

— Es un claro ejemplo de que la Argentina tiene varios ministerios acéfalos. Los organismos de defensa no están a la altura de las circunstancias: un avión no identificado debe ser escoltado para salir del territorio nacional o derribado. Al mismo tiempo, es una vergüenza que desde el gobierno nacional se intente encubrir lo sucedido, con el agravante de un posible relacionamiento con sectores que pudieron estar involucrados en los atentados terroristas que sufrimos en nuestro país.

— ¿Este caso es representativo de lo que pasa en otra áreas? ¿Qué opina sobre el Gobierno?

— A la Argentina, en términos generales, la veo mal. Me preocupa mucho el nivel de discusión política que estamos teniendo y eso deriva de manera negativa en las distintas gestiones, ya sean nacionales, provinciales y municipales. Y también veo una Argentina colapsada en términos del trabajo. Ante la cuarta generación de personas que no trabajan y que viven de un plan, parecería que eso está bien y nos estamos malacostumbrando. Tenemos que volver a la cultura del trabajo que nos imprimieron nuestros padres, nuestros abuelos, los inmigrantes. Esa era la Argentina productiva, del esfuerzo, de la dedicación. Al Gobierno lo veo totalmente alejado de la realidad social. Preocupado por su lucha interna dentro del Frente de Todos, una lucha de poder entre un sector representado por Cristina (Kirchner), La Cámpora y el Instituto Patria, y otro sector representado por el Presidente, que ha demostrado que no tiene el poder de conducción de la Argentina. En los últimos tiempos quedó demostrado que lo tiene Cristina.

— ¿Puede haber algún riesgo institucional a partir de la debilidad política de Alberto Fernández?

— La Argentina está en permanente riesgo institucional por la violencia con la que se discuten los temas. Tenemos que sacar un poco de pasión a las discusiones y ponerle mucha más frialdad e inteligencia. Los argentinos somos todos muy futboleros, pero esa pasión la trasladamos a todo lo que hacemos. La política tiene que tener un análisis mucho más profundo, sin tanta pasión. El riesgo de institucionalidad es permanente. Un nuevo gobierno kirchnerista en el año 2023 puede terminar en una verdadera insurrección porque la gente está muy cansada de los piqueteros y, principalmente, de los gerentes de la pobreza que son quienes organizan y administran este grupo de personas que cobran planes sociales y no trabajan. Y la gente está cansada también de otro grupo de poder que tiene la Argentina que es el sindicalismo, o, mejor dicho, que son las mafias sindicales. El sindicato tiene que existir y trabajar en defensa de los trabajadores, pero en el país existen mafias sindicales que extorsionan, que cortan el ingreso a las empresas, que bloquean, que aprietan y que así le hacen daño al desarrollo y al trabajo.

— Desde Raúl Alfonsín en adelante, muchos gobiernos intentaron ponerle límite al poder de los sindicatos y ninguno pudo hacerlo. ¿Cómo se puede lograr?

— El límite a los sindicatos se pone con una mayoría parlamentaria que apruebe la reforma de la Ley Sindical. Nosotros hemos presentado un proyecto hace muy poco tiempo en donde proponemos que se limiten las reelecciones indefinidas de los secretarios generales que conducen los sindicatos. Hay casos de 30, 40 y hasta 50 años con la misma persona conduciendo el gremio. Proponemos la paridad de género. Una participación de un 30% de jóvenes en los distintos órganos de conducción. Proponemos que el Estado pueda regular y controlar las finanzas, la administración de los sindicatos. Hoy parece que nadie puede controlar el dinero que manejan los sindicatos. Y se pone también freno a las mafias sindicales con la fuerza pública, con la Justicia, para no permitir un bloqueo. El bloqueo de una empresa es totalmente corrosivo para el desarrollo económico.

— En Santa Fe, y particularmente en Rosario, su ciudad natal, hay un grave problema de seguridad por el narcotráfico. ¿Cuál es la mirada de un especialista en el tema como usted?

— Es el principal problema que tenemos y viene de hace muchos años, pero en los últimos tiempos se incrementó de manera exponencial. Hay varios factores de análisis criminal que han cambiado. Todos los delitos se cometen con muchísima más violencia que antes. La franja etaria de los delincuentes, cada vez son más chicos. Vemos que han cambiado los espacios de victimización: antes los delitos se cometían en la periferia de la ciudad y hoy se cometen en el 100% del territorio. Y algo que es muy grave que es la sofisticación de las bandas narcocriminales. A veces se habla sólo de narcotráfico, pero prefiero hablar de droga porque la droga es un negocio ilícito que manifiesta su oferta a través del narcotráfico y su demanda se manifiesta a través del consumo. Hay miles y miles de personas que consumen en la ciudad de Rosario y en toda la Argentina y esto debe ser tratado como un problema de salud pública. El problema del narcotráfico, narcomenudeo y microtráfico debe ser considerado como un problema de seguridad. Para eso hay que trabajar en los ejes de un sistema integral de seguridad, principalmente los que se relacionan con la criminalidad o la marginalidad, que son la penitenciaría, la justicia y la policía como columna vertebral de ese sistema.

— ¿Por qué hasta ahora han fallado en la solución de este grave problema?

— Hay dos factores fundamentales por los cuales en los últimos años se ha fallado, aunque hubo momentos donde bajaron las estadísticas de delitos no sólo de homicidio doloso sino de toda la matriz de análisis criminal: del 2015 al 2019 bajaron un 40%. En ese momento, el ministro de Seguridad fue Maximiliano Pullaro (actual diputado de la UCR). Bajaron con una conducción política de la fuerza provincial, con presencia en el territorio y con políticas sociales. Los dos principales problemas por los cuales avanzan el delito, el narcotráfico y las estadísticas de manera negativa tienen que ver con la tibieza gubernamental y con una justicia abolicionista que todo lo ha permitido en Santa Fe y en todo el país. Una justicia que sanciona al policía y beneficia al delincuente. Un gobierno o varios gobiernos que permiten que la delincuencia haga cualquier cosa. Después hay otras razones técnicas y razones políticas. Las razones técnicas tienen que ver con un concepto geoestratégico, la ubicación de la ciudad de Rosario: al Norte, la ciudad tiene 24 puertos privados y uno de los tres escenarios en donde se desarrolla el narcotráfico que es la Hidrovía, que es la autopista de ingreso y egreso de la gran mayoría de los estupefacientes y mercancías ilegales. Otro de los escenarios es el territorio, obviamente hoy copado por el narcotráfico. Y el tercer escenario que hay que trabajar muy fuerte son las cuevas de lavado de activo, las cuevas financieras que son el paladar negro del narcotráfico en el centro y macrocentro de Rosario. En esos tres escenarios es que hay que trabajar y fallan por tibieza gubernamental y una justicia abolicionista.

— Usted escribió hace 10 años un artículo en el que vaticinaba el avance del narcotráfico. ¿Qué es lo que veía?

— Siempre trabajé en seguridad y me capacité en el tema. Hace 10 años, luego de varios viajes a ciudades de América Latina, planteábamos una guerra urbana que podía llegar a Rosario y que comenzó en aquel entonces por la disputa de distintos puntos de venta de droga, principalmente relacionados con las barrabravas de Rosario Central y de Newells Old Boys. En ese momento empieza una disputa que termina en lo que hoy estamos sufriendo los rosarinos: el tercer estadio del narcotráfico. Los estadios del narcotráfico son filtración, penetración y copamiento. Hoy, Rosario está totalmente copada por el narcotráfico. Está en la antesala de una cartelización. Todavía no hemos llegado a ese punto, pero se puede llegar a una cartelización si no se pone fin a esta guerra urbana. Guerra urbana que puede derramarse no sólo en el resto de la provincia sino también a toda la Argentina.

— Lo que usted dice es muy grave: ¿por qué no deriva en un acuerdo de toda la clase política para solucionarlo?

— Primero, porque hay mezquindades políticas. Tiene que existir un pacto político que permita determinar una política criminal. Al mismo tiempo se necesitan poderes ejecutivos, tanto gobernador como intendente, que se hagan cargo de la situación. Lo primero que se tiene que tener para trabajar en seguridad es decisión política, decisión de hacer las cosas, de combatir el narcotráfico, de combatir la delincuencia. Lo segundo es una planificación estratégica. El tema es que no se puede planificar algo que se desconoce, y menos cuando no se tiene la decisión política para llevarlo adelante. Y en tercer lugar hay que llevar adelante una coordinación interdisciplinaria porque la droga es una matriz que manifiesta una oferta y una demanda, consumo y venta, comercialización y exportación de estupefacientes. A partir de allí, la responsabilidad no puede delegarse: por la Ley de Seguridad Interior es del gobernador, que tiene que hacerse cargo de la situación por más que también tengan responsabilidad legisladores, concejales, diputados, senadores. Cada uno en su porcentaje, pero la responsabilidad es de los poderes ejecutivos.

— ¿Cómo califica la actitud del gobernador Omar Perotti ante este problema?

— Lamentablemente, en la provincia de Santa Fe se tira la tierra debajo de la alfombra.

— ¿También el intendente de Rosario, Pablo Javkin?

— Por supuesto. El intendente de Rosario tira la tierra debajo de la alfombra en términos de seguridad. Llegó en una campaña electoral diciendo que conocía de leyes y sobre seguridad y al día de hoy no ha hecho absolutamente nada. No se ha involucrado. El municipio tiene un papel fundamental en términos de seguridad, sobre todo en el eje social, que lo brindan los gobiernos locales y tiene que ver con el desarrollo social. Es la prevención, que es educación, cultura y deporte. Esa es la tarea que tiene que hacer el municipio y que hoy no la hace. Además, el municipio es el articulador de la mayor cantidad de información en términos ciudadanos. Estamos hablando de centros de salud, de clubes de barrio, de distritos municipales. A partir de allí se genera toda la información y el principal motor de la seguridad tanto para las fuerzas policiales como para el crimen organizado es la información. A partir de la información uno puede elaborar una planificación para contrarrestar esa actividad criminal.

— ¿Hay otro lugar en la Argentina en donde haya un peso del narcotráfico tan fuerte como en Rosario?

— Hoy no se ve otro lugar. Hay algunos indicios de lugares que separan lo que es la inseguridad del narcotráfico. Por ejemplo, hay tráfico en Mendoza que ingresa por Chile. Estamos hablando de drogas sintéticas, drogas duras, ácidos. Pero Mendoza es relativamente segura, mientras que quien vive en Rosario, o la visita, tiene cuatro veces más posibilidades de morir que otra persona en la Argentina. Lo dicen las estadísticas. La tasa de homicidios allí es cuatro veces más grande que la media nacional.

— ¿Usted quiere ser intendente de Rosario?

— Hoy estamos trabajando dentro de Juntos por el Cambio, en mi caso como hombre del PRO y en el caso de Maximiliano Pullaro, de la Unión Cívica Radical. Hemos hecho una muy buena elección el año pasado, que no fue una alianza electoral sino que fue a mediano y largo plazo y por eso estamos trabajando para transformar la provincia de Santa Fe y la ciudad de Rosario. Hay varios grupos, principalmente del sector privado, que están hablando conmigo para trabajar por Rosario. No es un capricho ser intendente, ya nos ha ido muy mal con los caprichitos de distintas personas que quisieron ser intendentes. Tiene que ser un proyecto colectivo, de transformación de la ciudad. Que tiene algunas diferencias con un cambio: la transformación parte de adentro, el cambio es una imposición externa. Los rosarinos tenemos recuperar la ciudad que alguna vez tuvimos. Cuando yo era chico jugaba en la vereda al fútbol o andaba en bicicleta, hoy es absolutamente imposible hacer eso en Rosario.

— ¿También hay negociaciones a nivel provincial para una coalición opositora?

— Actualmente estamos trabajando en la conformación de un frente político amplio, y estamos basando esas negociaciones en un plan programático que pueda aglutinar a varios partidos políticos en una coalición para derrotar al kirchnerismo. El enemigo político a vencer es el kirchnerismo, tanto en lo nacional como en la provincia de Santa Fe. Hay que buscar los mismos objetivos: los partidos políticos que tengan el objetivo de respetar la democracia, la institucionalidad, la libertad y el respeto por las instituciones tenemos que ponernos de acuerdo. Después podemos tener matices, distintas miradas de temas puntuales, pero si el kirchnerismo vuelve a ganar en el 2023 estamos realmente muy complicados en la Argentina.

— ¿Cómo afrontar el desafío que tiene Juntos por el Cambio de frenar ese drenaje eventual de votos que, según las encuestas, pueden ir en 2023 hacia el diputado libertario Javier Milei?

— Ese drenaje eventual de votos de centroderecha se irá taponando con las propias acciones de los actores políticos que representan los espacios liberales. Acostumbro a no hablar de las personas, sí hablo de las ideas y los proyectos. Y las ideas y proyectos que llevan adelante los referentes libertarios son descabelladas. Como, por ejemplo, la libre portación de armas o la libre venta de órganos que presentaron los libertarios. Esas propuestas no van a avanzar en los próximos meses y si a esto le sumamos que se trata de un partido que no va a lograr mayorías parlamentarias, prácticamente se va a empezar a diluir.

— Hay dirigentes opositores que apuestan a endurecerse para captar el voto antisistema. ¿Esa es la fórmula?

— No creo en la antipolítica ni en los conceptos de la antipolítica. Sí considero que hay que hacer una fuerte autocrítica de la política en general. Tanto en el Frente de Todos como en Juntos por el Cambio, las dos coaliciones con mayor representación en la política argentina, tenemos que hacer una autocrítica de por qué año tras año la Argentina sigue en decadencia, cada vez hay más cantidad de pobres, cada vez hay más cantidad de niños que no tienen sus cuatro comidas diarias. Y en ese sentido hay que aplicar todo lo contrario a la antipolítica. La Argentina sale adelante con buena política. Y la buena política se hace con un Estado pequeño, transparente y eficiente. A partir de allí se pueden generar los cambios y las transformaciones necesarias. Si nosotros seguimos atacando la política vamos a terminar en cualquier desastre que ya vivió la Argentina en otros tiempos.

— Dentro del PRO, ¿usted es una “paloma” o un “halcón”?

— El PRO tiene hoy un liderazgo bien marcado por Mauricio Macri, que fue su fundador, y después hay otros actores que son fundamentales en la discusión política. Patricia Bullrich, como presidenta del partido, que ha ocupado el lugar que ha dejado Mauricio en el último tiempo. María Eugenia Vidal, en menor magnitud, pero también ocupando principalmente un sector dentro de la provincia de Buenos Aires. Y Horacio Rodríguez Larreta, que encarna una visión un poco más amplia, la representación de una Argentina razonable en donde incorpora a otros actores que no son todos del PRO y que intenta generar una mayoría de un 70% del electorado para poder generar esos cambios a través de las mayorías parlamentarias. Hay distintas visiones, distintos matices, algunos creen que las coaliciones tienen que ser parlamentarias y ejecutivas, otros creen que deben ser sólo ejecutivas y dejar el Parlamento de lado. Creo que deben ser las coaliciones tanto para el Ejecutivo como para el Parlamento.

— Macri cree que la unidad no es tan importante como los cambios que hay que hacer en la Argentina, mientras que Rodríguez Larreta piensa que primero hay que unirse para poder vencer y hacer las transformaciones. ¿Usted qué opina?

— Hoy estamos haciendo un esfuerzo importante dentro de Juntos por el Cambio en mantener la unidad porque hay distintos pensamientos, distintos matices, y lo vemos en el bloque en la Cámara de Diputados, lo vivo todos los días en discusiones que a veces son secundarias, pero terminan derivando en cuestiones mucho más grandes. La Argentina tiene que empezar a discutir cuestiones estratégicas con menos politiquería. La Argentina tiene que empezar a discutir energías renovables, geoestrategia, geopolítica, seguridad, narcotráfico, la defensa nacional. La reivindicación de las fuerzas armadas. Hoy, nuestras fuerzas armadas son atacadas como si fueran las fuerzas armadas de los años 70 y ya no existe ningún oficial ni suboficial que haya participado en la década del 70. Tenemos que hacer un cambio de pensamiento en la concepción de la defensa nacional y empezar a valorar a esas personas que son integrantes de las fuerzas armadas. Y lo mismo con las fuerzas de seguridad y las fuerzas policiales. Son las discusiones que nos tenemos que dar. Las discusiones que nos tenemos que dar son la tecnología, el desarrollo, la inteligencia artificial. A veces estamos discutiendo a Yrigoyen y a Perón cuando tendríamos que estar discutiendo inteligencia artificial.

— Igual, no me quedó claro: ¿usted piensa que la unidad es prioritaria o que es más importante el cambio?

— La unidad de Juntos por el Cambio debe ser taxativa. Si no mantenemos la unidad, vamos al escenario más letal y trágico que puede tener la Argentina: que vuelva a ganar el kirchnerismo.

 

 

* Para www.infobae.com

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