El peronismo ante el espejo de sus propias indefiniciones

OPINIÓNRicardo ZIMERMANRicardo ZIMERMAN

Politicos frente al espejo roto

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Por RICARDO ZIMERMAN

x: @RicGusZim1

La discusión sobre las reglas de juego suele revelar más que las propias candidaturas. En el peronismo, el debate en torno a las elecciones primarias no expone únicamente una diferencia técnica sobre mecanismos electorales, sino una dificultad más profunda: la incapacidad de resolver su identidad política en un contexto donde el poder se desplazó hacia un liderazgo externo, disruptivo y ajeno a sus tradiciones.

La eventual eliminación de las PASO por parte del gobierno de Javier Milei funciona, en ese sentido, como un catalizador. No hay todavía un proyecto formal, pero la sola intención oficial alcanza para obligar a la principal fuerza opositora a discutir algo que venía postergando: cómo ordenarse sin la tutela de un sistema que, durante más de una década, actuó como válvula de escape de sus tensiones internas.

El peronismo no está hoy atravesado por una crisis estridente. No hay, al menos por ahora, un conflicto abierto que lo fracture en múltiples direcciones. Pero esa calma relativa es engañosa. Bajo la superficie, conviven estrategias divergentes, ambiciones personales y, sobre todo, diagnósticos distintos sobre cómo reconstruir competitividad electoral frente a un oficialismo que, aun con desgaste, mantiene la centralidad política.

Axel Kicillof parece encarnar una de esas líneas. Su entorno no descarta ningún escenario: ni una primaria, ni una candidatura de consenso. Pero introduce una condición que revela el dilema estructural: competir entre peronistas no alcanza. La lógica es clara, aunque incómoda. El peronismo, tal como se presentó en las últimas elecciones, ya demostró sus límites. Volver a discutir entre los mismos actores difícilmente produzca un resultado distinto.

De ahí surge la idea de ampliar, de incorporar sectores que hoy orbitan por fuera del universo tradicional del justicialismo. La hipótesis de una interna que incluya a espacios no peronistas apunta en esa dirección, aunque también desnuda una contradicción: para abrirse, el peronismo necesita primero ordenar su propio liderazgo, algo que todavía no logró.

En paralelo, los gobernadores exhiben un mapa fragmentado. Algunos defienden la continuidad de las PASO como herramienta de legitimación y ordenamiento. Otros las consideran un gasto innecesario o un mecanismo agotado. Y un tercer grupo, quizás el más pragmático, evita definiciones tajantes y se mueve en función de su vínculo con la Casa Rosada. Esa dispersión no es nueva, pero adquiere otra dimensión cuando lo que está en juego es la arquitectura electoral que definirá el próximo ciclo político.

Sergio Massa, por su parte, ensaya una posición intermedia que refleja tanto su experiencia reciente como su lectura del presente. Reconoce las limitaciones del sistema de primarias, pero advierte que, en ausencia de una alternativa clara, siguen siendo una herramienta útil para ordenar una coalición heterogénea. Es, en el fondo, una postura de transición: sostener lo que existe mientras no haya algo mejor.

Más enfáticos son los sectores que ven en las PASO una condición indispensable para la reconstrucción opositora. Dirigentes de distinto origen coinciden en que sin ese mecanismo será más difícil articular una propuesta amplia, capaz de competir con el oficialismo. No se trata solo de definir candidaturas, sino de construir legitimidad en un espacio donde las jerarquías ya no son incuestionables.

También desde los márgenes del peronismo llegan señales en favor de sostener las primarias. Tanto los sectores más cercanos a los movimientos sociales como el núcleo duro del kirchnerismo coinciden, por razones distintas, en la conveniencia de mantener un sistema que les permita disputar poder en igualdad de condiciones. Es una coincidencia táctica, no necesariamente estratégica.

En ese contexto, aparecen alternativas como la propuesta de una interna partidaria anticipada. La iniciativa parte de una premisa concreta: si el oficialismo logra avanzar con la eliminación de las PASO, el peronismo deberá construir su propio mecanismo de selección. Pero incluso esa solución abre interrogantes. ¿Una interna del PJ alcanza para ordenar a un frente que aspira a ser más amplio? ¿O corre el riesgo de convertirse en una discusión endogámica, desconectada de la sociedad?

La pregunta de fondo sigue siendo otra. No es solo cómo elegir candidatos, sino qué tipo de coalición pretende construir el peronismo. La herramienta electoral es importante, pero no sustituye la necesidad de un proyecto político claro, capaz de interpelar a un electorado que en los últimos años se mostró dispuesto a romper con las opciones tradicionales.

Mientras tanto, el oficialismo avanza con su propia agenda, consciente de que cada debate interno en la oposición juega a su favor. La eliminación de las PASO no es únicamente una reforma institucional: es también una jugada política que obliga al peronismo a exponerse en sus diferencias.

El tiempo, en ese escenario, se vuelve un factor determinante. Cuanto más se prolongue la indefinición, mayor será el costo. Porque en política, como en la economía, la incertidumbre rara vez es un activo.

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