Macri–Schiaretti: el armado de una fórmula que ilusiona al cordobesismo y busca disputar el poder nacional

OPINIÓN Por Juan Palos

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Juan de los Palotes
Por Juan Palos

Hay dirigentes que hacen política para administrar el presente. Y hay otros, menos, que juegan siempre mirando el tablero completo, incluso cuando el reloj parece estar en contra. Juan Schiaretti pertenece a ese segundo grupo. Tiene un objetivo claro, casi obsesivo: dar el salto definitivo a la escena nacional. Y está convencido de que esta puede ser su última oportunidad real.

La reaparición de Mauricio Macri no hizo más que encender esa ambición. En el universo político de Schiaretti, el regreso del exmandatario no es una incógnita, sino una puerta. Una posibilidad concreta de subirse a una fórmula presidencial competitiva en un escenario que imagina abierto, fragmentado y, sobre todo, favorable para quienes logren construir una alternativa al oficialismo libertario.

En una reciente reunión en Buenos Aires, lejos de los flashes, ambos dirigentes pusieron sobre la mesa una lectura común: la Argentina podría encaminarse a una elección de tercios. Un escenario en el que Javier Milei retenga un núcleo duro que le permita liderar la primera vuelta, mientras que Macri podría consolidarse como el principal opositor competitivo. Y allí es donde Schiaretti cree tener su lugar.

“Si vos te presentás, Mauricio, las próximas elecciones pueden ser de tres tercios. Si en primera vuelta gana Milei y vos salís segundo, el peronismo —tapándose la nariz— te va a votar. Nunca el peronismo duro ni los kirchneristas van a votar al león.”

“Yo te quiero acompañar y llevar los votos del verdadero peronismo, el que nunca quiso al kirchnerismo y el que quiere que el país salga adelante.”

La lógica del cordobés no es nueva, pero sí brutalmente pragmática: en un eventual balotaje entre Macri y Milei, el peronismo —incluso el más refractario— terminaría inclinándose por el mal menor. No por afinidad, sino por rechazo. Porque, en esa lectura, hay un límite que ni siquiera el kirchnerismo estaría dispuesto a cruzar.

Es en ese punto donde Schiaretti se ofrece como pieza clave: el garante de un peronismo no kirchnerista, una identidad política que lleva años intentando consolidar. Su propuesta no es ideológica, sino instrumental. Llevar votos. Aportar volumen. Convertirse en el puente entre un electorado históricamente peronista y una eventual construcción liderada por Macri.

Sin embargo, no todos en su entorno comparten ese diagnóstico. Algunos de sus propios operadores creen que el escenario es aún más favorable de lo que Schiaretti plantea. Sostienen que el kirchnerismo atraviesa una etapa terminal, con un desgaste que se profundiza mes a mes y con un liderazgo que no logra reconfigurarse. En esa mirada, la figura de Axel Kicillof aparece debilitada, sin la potencia suficiente para ordenar una oferta competitiva a nivel nacional.

“El cordobesismo y Macri comparten la visión de que el kirchnerismo está en caída. Cada mes que pasa mide menos y creemos que a Axel no le va a dar.”

“Hay que meter algo por el medio; y entre dos opciones de derecha, la gente va a elegir al más moderado y serio.”

Pero detrás de todas estas especulaciones hay algo más profundo: el tiempo. Schiaretti sabe que no hay margen para errores ni para esperar otro turno. No hay segunda oportunidad para un proyecto que lleva años intentando despegar del plano provincial.

Por eso se mueve, negocia, se acerca y se posiciona. Porque entiende que, en política, los trenes no pasan dos veces. Y este, para él, puede ser el último.

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