
Llaryora mueve fichas en el PJ cordobés y prepara el terreno para la gran batalla de 2027
POLÍTICA
Agencia 24 NoticiasEl recambio de autoridades del Partido Justicialista de Córdoba aparece, en la superficie, como un trámite administrativo para cumplir con los plazos formales. Sin embargo, detrás de esa renovación se esconde una jugada política clave del gobernador Martín Llaryora, que ya proyecta su estrategia de cara al 2027.

Los mandatos actuales, heredados de la etapa de Juan Schiaretti, vencen el próximo 31 de marzo. Pero lejos de tratarse de un simple cambio de nombres, la intención del oficialismo es avanzar en una reconfiguración profunda del partido, alineándolo con el liderazgo actual y con los desafíos electorales que se avecinan.
Para Llaryora, el objetivo es doble: consolidar su poder interno y garantizar la continuidad del peronismo en la provincia, que acumula siete victorias consecutivas. En ese camino, el partido se convierte en una herramienta central para ordenar la estructura política, fortalecer la presencia territorial y administrar tensiones dentro del propio espacio.
La estrategia incluye imprimir una nueva identidad al PJ, marcando distancia con la etapa anterior. En ese proceso, gana protagonismo Facundo Torres, actual jefe de bloque oficialista en la Legislatura, quien fue elegido como figura clave para conducir el reordenamiento partidario y perfilarse como presidente alterno.
En una reciente reunión en la sede partidaria, encabezada por Torres, se avanzó en la organización del proceso interno. La elección fue fijada para el 3 de mayo, y en principio se espera una lista única que exprese la unidad del espacio, aunque no se descartan disputas puntuales en algunos distritos.
Durante los próximos días, el armado comenzará a tomar forma con encuentros entre la conducción y referentes departamentales, donde se buscará alinear posiciones y consolidar la estrategia de una lista consensuada.
Todo indica que Llaryora encabezará la boleta, pero el armado final reflejará una clara “llaryorización” del partido: dirigentes de confianza ocuparán los lugares clave, desplazando progresivamente a figuras vinculadas al esquema anterior.
Entre los nombres que hoy integran la conducción y que podrían quedar afuera aparecen la diputada Natalia de la Sota y el histórico dirigente Oscar González, además de otros referentes que ya no tienen peso en la estructura de poder provincial.
El rediseño no es menor. Quien controle el partido tendrá en sus manos la definición de la estrategia electoral, la relación con el gobierno nacional y la administración de las disputas internas, en un escenario donde varios dirigentes ya empiezan a posicionarse para el próximo turno electoral.
Con este movimiento, Llaryora busca rodearse de una estructura política alineada, capaz de garantizar cohesión y disciplina en el proceso que se viene. Porque, más allá de la formalidad del recambio, lo que realmente está en juego es la continuidad del proyecto peronista en Córdoba y el liderazgo del propio gobernador en una elección que será decisiva.


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