El termómetro del poder: Milei arriba, el peronismo a la deriva

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Por RICARDO ZIMERMAN

x: @RicGusZim1

Las encuestas no explican la política, pero sirven para leer el clima. No anticipan tormentas ni garantizan buen tiempo, aunque sí permiten detectar presiones, corrientes y zonas de desgaste. El último relevamiento nacional que midió la imagen de más de treinta dirigentes deja una señal clara: el Gobierno de Javier Milei atraviesa un momento de fortaleza relativa, mientras el peronismo aparece hundido en una crisis de liderazgo, identidad y credibilidad que no logra revertir.

El dato más visible es el del Presidente. Milei encabeza el ranking de imagen positiva y se mantiene como el principal ordenador del escenario político. No es un liderazgo cómodo: la desaprobación sigue siendo alta y marca un techo evidente. Pero en términos de poder efectivo, el balance sigue siendo favorable. Milei conserva la iniciativa, fija agenda y obliga al resto del sistema a reaccionar. En política, eso suele ser suficiente para sostener centralidad.

El segundo lugar introduce un matiz interesante. Victoria Villarruel aparece bien posicionada, aun cuando su relación con el Presidente está atravesada por tensiones explícitas. Su crecimiento no parece responder tanto a una construcción propia como a una demanda social: una parte del electorado distingue entre el estilo confrontativo del mandatario y una figura que percibe como más institucional, más sobria o, al menos, menos ruidosa. Villarruel capitaliza ese espacio, aunque todavía no logra despegar del todo su imagen negativa.

Detrás del binomio presidencial surge un grupo heterogéneo de figuras oficialistas que combinan visibilidad, respaldo parcial y desgaste. Patricia Bullrich, ahora en su rol de senadora nacional, conserva un núcleo de apoyo sólido, asociado a su trayectoria y a una agenda de orden que sigue interpelando a un sector de la sociedad. Pero también arrastra rechazos persistentes, que funcionan como un límite estructural a cualquier intento de relanzamiento político.

Manuel Adorni, ya no como vocero sino como jefe de Gabinete de Ministros, aparece como uno de los engranajes centrales del dispositivo gubernamental. Su imagen refleja el costo de estar en el corazón de la gestión: protagonismo alto, respaldo significativo y una negatividad que crece al ritmo de las decisiones impopulares. Ser el articulador del Gobierno en un contexto de ajuste permanente implica visibilidad, pero también desgaste acelerado.

Diego Santilli completa ese lote con un perfil más bajo, menos estridente y todavía en construcción. Su imagen muestra un conocimiento extendido, aunque sin un anclaje emocional claro. Es una figura que acompaña, pero que aún no logra encarnar una narrativa propia dentro del oficialismo ampliado.

El contraste aparece con nitidez al observar el fondo del ranking. Allí se acumulan nombres que durante años dominaron la escena política. Máximo Kirchner, Sergio Massa y Cristina Fernández de Kirchner concentran los niveles más altos de imagen negativa. No se trata solo de una mala racha: es la expresión de un agotamiento social profundo. El rechazo no parece vinculado a decisiones recientes, sino a un balance retrospectivo de poder, gestión y estilo.

Axel Kicillof, señalado como el principal referente opositor, tampoco logra escapar a esa lógica. Aunque aparece mejor posicionado que otros dirigentes de su espacio, su imagen negativa sigue siendo dominante. Es, al mismo tiempo, la figura más relevante del peronismo actual y una de las más resistidas. Esa paradoja explica buena parte de la dificultad del espacio para construir una alternativa competitiva sin romper con su propio pasado.

El dato de Martín Lousteau en los últimos puestos suma otro elemento al diagnóstico. La crisis de representación no es exclusiva del peronismo. El radicalismo, atrapado entre su tradición republicana y su incapacidad para disputar poder real, tampoco logra conectar con una sociedad que hoy parece elegir entre el oficialismo libertario y una oposición peronista fragmentada y defensiva.

La evaluación de los ministros completa el cuadro. Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Sandra Pettovello y Alejandra Monteoliva muestran niveles de imagen que reflejan el momento del Gobierno: apoyo moderado a la dirección económica, dudas sobre los resultados y una expectativa que aún no se transforma en confianza sostenida. El elevado desconocimiento de algunas figuras sugiere que la transformación del Estado avanza más rápido que la consolidación política de quienes la ejecutan.

En síntesis, la encuesta no certifica una victoria definitiva del oficialismo ni una extinción del peronismo. Lo que expone es algo más incómodo: Milei conserva poder porque no enfrenta una oposición creíble. Mientras el Gobierno administra su capital político y sus tensiones internas, el peronismo sigue discutiendo liderazgos agotados y el resto del sistema busca un lugar desde donde volver a ser relevante. En ese vacío, el Presidente sigue marcando el ritmo.

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