
Córdoba, entre internas, alianzas y poder: el tablero político se reordena rumbo a 2027
OPINIÓN Por Juan Palos

Por Juan Palos
La política cordobesa atraviesa una etapa de reconfiguración profunda. Mientras el gobernador Martín Llaryora consolida su gestión con eje en la administración provincial y en la construcción de un perfil federal, la oposición comienza a mover fichas pensando en el 2027, con internas abiertas y nuevos vínculos nacionales.
El peronismo busca sostener su hegemonía histórica en la provincia, pero el escenario ya no es el mismo. La crisis económica, los conflictos con sectores gremiales y el desgaste natural de la gestión obligan al oficialismo a revalidar su liderazgo en un contexto donde el gobierno nacional de Javier Milei redefine las reglas del juego político.
En la oposición, el mapa aparece fragmentado. Luis Juez mantiene una postura crítica permanente hacia el gobierno provincial, con foco en la transparencia y la seguridad. El radicalismo, en tanto, intenta recuperar centralidad política luego de años de indefinición.
En ese marco, Rodrigo de Loredo eligió Mendoza para volver a marcar posición política, tanto a nivel nacional como provincial, y reforzar un vínculo que viene madurando desde hace tiempo con el exgobernador Alfredo Cornejo, uno de los dirigentes radicales con mayor peso territorial y aliado estratégico del gobierno de Javier Milei.
La visita no fue casual. En tiempos de reconfiguración del sistema político, con Milei como eje del poder, el radicalismo que dialoga con el oficialismo libertario busca alinearse sin perder identidad propia. De Loredo —con aspiraciones explícitas a la Gobernación de Córdoba en 2027— habló de “capitalismo moderno” pocos días después de que Milei afirmara en Davos que “el único sistema justo es el capitalismo”. No fue una contradicción, sino un matiz político.
“El proceso de estabilización económica es la condición central para que nuestro país despegue definitivamente. Por ello seguiremos apoyando las reformas para alcanzar un capitalismo moderno que rompa las asimetrías sociales del país, a partir de la competencia y de contar con un sector privado pujante que cree empleo y aumente nuestras exportaciones”, sostuvo el dirigente radical.
El mensaje es claro: acompañamiento al rumbo económico del gobierno nacional, pero con una mirada más social del modelo. Un equilibrio delicado que busca sostener el diálogo con el poder libertario sin diluir el perfil propio del radicalismo cordobés.
La relación con Cornejo no es menor. Representa un intento de construir una referencia nacional dentro de la UCR que le permita a De Loredo proyectarse más allá de Córdoba y disputar liderazgo interno frente a otros sectores del partido.
Mientras tanto, el oficialismo provincial observa con atención estos movimientos. La disputa ya no se juega solo en la Legislatura, sino en la construcción de alianzas, en los gestos políticos y en la capacidad de mostrar gestión frente a una ciudadanía cada vez más exigente.
Con un peronismo que intenta consolidarse como opción federal y una oposición que busca ordenarse con nuevos socios estratégicos, Córdoba empieza a transitar un clima preelectoral anticipado. El camino hacia 2027 ya está en marcha y cada movimiento político empieza a pesar más de lo que parece.





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