"En Argentina existe una nostalgia por una grandeza perdida que nunca existió"

En un reportaje increible, Jorge Asís asegura que “los ricos industriales ya se fueron del país” y que lo que más lo apena del gobierno es “la banalización del concepto de solidaridad”, que no debe ser “compulsiva”
hoy

Jorge Asís escribe en el comienzo de un capítulo de su novela Partes de Inteligencia que París es un excelente lugar para pensar Argentina. En principio la primera impresión es que al menos le sienta cómoda para la reflexión. En la charla recorrió una agenda compleja de temas internacionales, sin olvidar lanzar algunos dardos al primer mes de Alberto Fernández en el poder.

 
A pesar de que intenta esquivar, casi por elegancia, un análisis a fondo del primer mes del nuevo gobierno, desde el Café Romeo, ubicado en la Place Victor Hugo, un tradicional local parisino con sillones de terciopelo verde esmeralda, es punzante al momento de cuestionar la construcción del nuevo discurso oficial sobre el concepto de la “solidaridad”. “Está bien recordar los principios sociales que Perón ha establecido, aunque lo que necesitás ahora son tipos que vuelvan a contratar obreros”, subrayó.

Lo primero que aclara al comenzar la entrevista, más allá de las producciones que sube en su debut como usuario de instagram, es que “si pensás comparativamente los precios aquí, no te tomás ni un café, pero a esta altura del calendario no me gusta quedarme en Buenos Aires; no soy adicto a las ojotas: cuando empiezan los pantaloncitos cortos en el Patio Bullrich o por Recoleta ya me quiero escapar”. Pero también confiesa que es casi un rito esotérico comenzar los años en lugares espirituales, como le significó hacerlo días pasados en “Assisi” -cuna de San Francisco-, ciudad situada en la ladera del centro de Umbría, en Italia. Misma energía que lo lleva a reconocer que en París uno de sus ritos es 144 Rue de Bac, calle donde está la iglesia “Notre Dame de la Médaille Miraculeuse”.

Luego elige uno de los “thés” de la exclusiva selección del lugar, ordena coqueteando con un correcto francés, para seguir entonces con la conversación.
— Usted dice en una de sus novelas que París es un excelente lugar para pensar Argentina. ¿Cómo la está observando desde acá?
— Argentina está iniciando un proceso. Yo le he dado 90 días de concesión. Es lo que le corresponde a un gobierno nuevo antes de ponerse uno a criticar o elogiar. Hay que darles un tiempo para que las cosas se asienten.
— Pero permítame insistir. Hoy se cumple un mes del nuevo gobierno…
—Te repito, tengo algunas críticas y observaciones pero me parece más elegante directamente dejarlas pasar. Esperar y desearle al gobierno lo mejor. Lo que me impresiona analizar es París. Como dije en un tuit por estas horas, Francia, y en el reflejo de lo que veo en París, está sostenida por la nostalgia de aquello que fue. Vengo hace muchos años, desde antes de publicar mi novela El pretexto de París [1986], y noto bien los cambios. Noto una situación patológica, con el conflicto de las “retraites”- jubilaciones - no te podés comunicar acá. He asistido a situaciones de empujones desagradables por un taxi.
— Y en esa nostalgia, en esa similitud muy de argentinos o porteños de ver ciertos rasgos parisinos, ¿nosotros cómo estamos?
—Es distinto porque en Argentina existe una nostalgia por una grandeza perdida que nunca existió. Hasta la nostalgia es trucha. Una cosa que fue, pero que en definitiva fue falsa. Te vienen con números. Éramos el sexto país, el séptimo país. Existían otros condicionamientos, otros posicionamientos. Una dinámica de movimiento que nos dejó mal parados. La nostalgia Argentina es una nostalgia perdedora. Una nostalgia que no tiene nada que ver con ésta.
— ¿Qué está viendo en una Francia hace más de un mes bloqueada?
— Esta es una sociedad que cambia, se transforma. Aquí el problema, como en muchos otros lugares de Europa, es un problema demográfico. Cuando vos tenés un índice de natalidad de 0,9 por ciento y recibís inmigración que tiene el 4,7 por ciento vos tenés en 40 ó 50 años un problema demográfico propio. Entonces, si vos tenés una sociedad que evoluciona con adelantos científicos y más, es una tontería pensar que un tipo de 62 años tiene que estar en la “retraite” (jubilado). Es un disparate. Yo debería estar no en la retraite, en un túnel directamente pidiendo permiso para que me dejen jugar a las bochas.

— Pero hay una sociedad movilizada en las calles. Chalecos amarillos.
— Hay una gran contradicción y esta desesperación por la reforma de las jubilaciones que manifiestan los jóvenes que se movilizan permanentemente te habla de una sociedad sin objetivos, absolutamente conservadora. Porque lo que vos deberías querer es llegar a una determinada edad para mantenerte con cierto dinamismo. Esconde la falta de un deseo de progreso.
— Y lo enlaza incluso con ciertas reflexiones que ha hecho sobre el rol de los ricos. El exilio fiscal que menciona en su cuenta de Twitter.
— Yo lo enlazo con algo que pasa en la Argentina. Los ricos hace mucho tiempo que se fueron ya del país. Los ricos industriales. Esto es algo que tienen que empezar a aprender todos los gobiernos y todas las administraciones que creen ser populares y que no le hablan al que paga sueldos. Creen que aquel que tiene algún dinero es el culpable y al que tenés que castigar, o por una cuestión de solidaridad, atraerlo y sacarle más que a otro cuando lo que no tenes que hacer es cambiar el orden de algunas cosas.
— ¿Se refiere al actual discurso o nuevo relato solidario con el que el gobierno defiende sus decisiones de política?
— A mí lo que más me apena de eso es la banalización del concepto de solidaridad. Una solidaridad nunca es impuesta. No hay solidaridad compulsiva. Vos sos solidario cuando te nace ayudar. Fijate como tanta solidaridad hizo que los ricos se fueran por ejemplo de París a Bruselas. Hablar de los exiliados fiscales, que son cuantiosos en Francia y están en Bruselas. Están en Inglaterra, están en Suiza, incluso en Luxemburgo. Los ricos sienten sólo algún “sex appeal” actualmente con París y por eso vienen en tren de vez en cuando. Vuelvo. Alguien tiene que pagar. Está bien todos los principios sociales que Perón ha establecido. Está perfecto. Pero vos lo que necesitas ahora son tipos que vuelvan a contratar obreros y para eso tenés que ir a buscarlos.

— Déjeme traerlo nuevamente a las complejidades que está enfrentando el mundo por estas horas. Uno de ellos es el problema migratorio.
— Así como la inmigración interna produce un “porteño café con leche” en Buenos Aires, acá hay una inmigración que ha sido muy poco aceptada por muchos sectores. Incluso no lo puede negar su propia historia. Porque si vos leés tu historia, fuiste un país colonizador y ahora impugnás a los naturales de los países que vos colonizaste y no los dejás entrar. Me parece una inmoralidad. En ese aspecto yo te pongo en un lugar superior al de todos los estadistas, y claramente de los bocetos de estadistas que hay en la Argentina, al Papa Francisco. El Papa Francisco, que tiene la iniciativa y el coraje de hacer su primer viaje apostólico a la isla de Lampedusa, que tiene a la defensa de los migrantes como una de sus prioridades. Lugar desde donde vienen todos los desgraciados con iniciativa. Un capitalismo falso y trucho que quiere estimular la iniciativa privada y que rechaza a estos tipos que llegan en barcazas horribles, que pagan para cruzar en esas barcazas. Tipos que tienen iniciativa verdaderamente privada para llegar a un lugar y trabajar. A esos tipos los combatís en nombre de no sé qué. En algo sospecho que hay sectores que están absolutamente agotados. Veo mucha desesperación por avanzar sin saber hacia dónde.
— Está en Europa. Ya analizamos Francia. ¿Puedo ahora preguntarle por el nuevo gobierno formado en España?
— En primer lugar lo que celebro es que España haya podido formar gobierno. España avanzó en su sociedad, no en su política. Una de las cosas que tiene que alentar es que las sociedades pueden funcionar a pesar de sus clases políticas. Donde más se ve esto es en Italia, una clase política desastrosa, y así y todo su sociedad funciona. En España pasa algo parecido, con una historia tétrica al respecto, pudo finalmente formar gobierno con los “podemitas”, con Pablo Iglesias, un cacerolero nuestro. Un indignado de la Puerta del Sol inspirado en aquellos caceroleros de Argentina. Claro que los nuestros se conformaron con ser prenseros de Patricia Bullrich o Elisa Carrió. En el caso de estos muchachos españoles, que se inspiraron en los argentinos, llegaron a una vicepresidencia de la República y gracias a ellos pudo formar gobierno España, donde hay un hervidero político bastante más importante. Igual lo que me asombra es la derecha en la oposición que se gesta de manera bastante hosca. En España crece una derecha intelectual, con un crecimiento más rápido que la izquierda. Es apasionante el crecimiento de Vox. Fue más sorprendente que el de Podemos. Es el gran problema, como describe muy bien la economista francesa Julia Cagé en su libro El precio de las democracias, es la crisis en los procesos de representación de los partidos políticos. Los partidos políticos se quedan sin esa representación y surgen todas estas situaciones.

— Mientras conversamos, y más allá de que deberíamos tener otro espacio para la crisis del Reino Unido, el Brexit y ahora el desmembramiento de la corona británica, el conflicto principal es el de Estados Unidos con Irán. ¿Que piensa viéndolo desde aquí?
— Primero dejame decir que el problema de Inglaterra se origina con David Cameron y un error político que fue el referéndum. Inglaterra sin la Unión Europea pasa a ser verdaderamente una isla. Una isla casi diría pintoresca. En el conflicto de Estados Unidos e Irán, hay un interés, un reproche de dos tipos que compiten en su brutalidad: Donald Trump y Mike Pompeo. Un reproche con los líderes de la Unión Europea por no ser lo suficientemente solidarios con esa causa de Estados Unidos, y de la que Europa no está convencida de seguir. Europa estaba absolutamente alienada con la política y tesis de Obama. Y hoy Trump el problema no lo tiene con Hassan Rohani, lo tiene con la destrucción de lo que proviene de Obama. Igual hay un retroceso donde Trump quiere quedar teóricamente bien parado e Irán respondiendo sin matar. Irán si quería podía golpear con otra ferocidad.
— Convenimos en que es un escenario mundial muy complejo. ¿Cómo encaja la política exterior Argentina?
— Argentina está extorsionada en su política internacional. Cuando vos estás extorsionado, porque tenés que arreglar tu deuda, necesitás la mejor relación con Trump. Si Trump dice que tal cosa es así, para vos tal cosa es así. En realidad desde Argentina no tenés hoy un gran derecho de exigir la verdad, porque no te lo dan. Por eso el canciller Felipe Solá, que es uno de los cuadros que más respeto del gabinete, ¿qué puede hacer con la política internacional? ¿Venezuela o tener el mismo contenido del Grupo de Lima? Es un gran disparate. El mismo disparate que salir a defender a Maduro. Otro disparate es comprarse enteramente a Evo Morales. Otro punto es Argentina intentando ir hacia México. Lamento comunicarles a los amigos que a México todo lo que ocurra hacia abajo, le importa tres pepinos. A México le interesa lo que pasa por encima de ellos.
— ¿E intentar una tercera posición?
— Buscar una tercera vía es un disparate. Cuando vos tenés a un Maduro con su número dos, Diosdado Cabello, incluso a Trump, no hay política independiente. No hay una tercera línea. Además hay que entender que ser el más poderoso no te habilita a creer que seas el más sabio. Estados Unidos tiene un poderío nuclear que contrasta con su poderío de inteligencia. Pero no hay espacio para inventar nuevas posiciones.
— Sé que está de vacaciones, pero déjeme finalmente abusar de su tiempo y hacerle una pregunta más. No le he consultado por la vicepresidenta Cristina Fernández, pero quisiera preguntarle por el gobernador Axel Kicillof.
— Le confieso que la Doctora está escuchando mucho más de lo que muchos creen. En el caso del gobernador, le diría que haga un curso de política y baje un poco su prepotencia. Incluso podría llamar a dirigentes de su propio espacio, como Sergio Massa, o a varios muchachos que conocen bien la provincia. Intendentes y legisladores bonaerenses para sentarse en una mesa y que le expliquen cómo se hace para manejar el gobierno provincial.

Fuente: Infobae. Autor de la nota: Juan Dillon

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