Los hispanos

PARA LEER EN PANTUFLAS Por José Ademan Rodríguez

Muchas de mis notas están referidas al deporte; otras, a mi vida en Córdoba; algunas, a mi “otra” vida en Barcelona. Y, de vez en cuando, salen de lo habitual y nacen de realidades que no puedo ni quiero callar.

Esta es una de ellas. Quiero compartirla con ustedes y, como siempre, espero sus comentarios. Buenos o malos, todos serán bienvenidos. Porque debatir, pensar y expresar lo que uno siente también forma parte de la vida.

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Hay periodistas argentinos que tienen un odio manifiesto hacia todo lo español. Por ejemplo, Alejandro Fantino: dice cosas como estas: “Estos hijos de puta hace como quinientos años que nos roban el oro, la plata, nos trajeron enfermedades, son unos soretes, chorros que nos hicieron mierda. Y ahora nos siguen ‘garchando’…”.

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Y eso que estaba hablando de fútbol, pero el complejo de inferioridad se asoma en cualquier tema, sea futbolístico, social o político, con un lenguaje obsceno, impúdico, guarango, donde es común escuchar dentro de su artillería verbal términos como “les faltaron huevos”… Sin dejar espacio para el talento, como, por ejemplo, la final del Mundial que les ganó España a los argentinos.

Tengo que aclarar que el señor Fantino tiene un hijo que es amigo del mío, y a quien conocí en el bar Marín, aquí en Barcelona, (un chico gentil, amable), y que se juntan en Córdoba para jugar al tenis en época de vacaciones.

Los argentinos, “que hablan tanto de la conquista española y su leyenda negra”, se olvidan del tratado celebrado en Buenos Aires en 1865 por plenipotenciarios de Argentina, Brasil y Uruguay, donde acordaron una alianza ofensiva contra el Paraguay, con la excusa de que la guerra era contra el presidente Francisco Solano López y su gobierno, en la Guerra de la Triple Alianza, donde exterminaron a la población paraguaya.

¿No te enseñaron, Fantino, eso en la escuela, cuando Mitre le escribió a Sarmiento “no ahorre sangre de gauchos”? Y ahí no tenía Fantino nada que ver. España…

Y no te olvides que Julio Argentino Roca, elegido en dos mandatos como presidente, mató más indios que los españoles. Y decretó la solución final a la Campaña del Desierto…

Esa maravillosa composición musical, como nuestro himno, se debe a los españoles Vicente López y Planes y el catalán Blas Parera, en el año 1813.

Recuerda, Fantino, que algunos argentinos llamaron a los guerrilleros como “soldados de la patria” y que, gracias a Perón, que los echó de la Plaza de Mayo al grito de “imberbes”.

Aunque luego se equivocó con el asesino y faldero de su mujer, “Isabelita”, fundando las Tres AAA, tristemente célebres…

Recuerda, Fantino, que con motivo de la guerra de las Malvinas, con todos los obsequios y regalos con que los obsequió el pueblo argentino, fue robado desde la misma Argentina y por argentinos.

LOS HISPANOS

Alguien decía que “España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido”…

Por empezar, la clave del invento de “Latinoamérica” era borrar el término hispano y su legado…

Es importante el cambio de denominación, que fue muy bien pensado por y para beneficio estratégico, porque los españoles nunca llamaron a los territorios de su imperio “América Latina”.

Los franceses fueron a la raíz de la jugada, a nivel internacional. Querían eliminar la “América Española” (o Hispanoamérica) para poder jugar un papel clave en la parte sur del continente americano, en esa lucha de poder con los anglosajones. Y crearon esa “cosa” supuestamente común a los latinos…

Siempre hay intereses detrás de las jugadas. Táctica. Como intentar fragmentar y debilitar los Estados. Como sucedió en la España actual, que, por culpa del separatismo, inventaron 17 países o miniestados, que han fomentado el aldeanismo, las diferencias ficticias y todo tipo de trabas, olvidando que todos los españoles deberían ser iguales, salvando y respetando las diferencias culturales y sociales, que enriquecen, pero que no son tantas como las que se han inventado, sobre todo el de los países vascos y catalanes.

Máxime teniendo en cuenta que nuestro rico español lo hablan ya más de 500 millones de personas en el mundo, pero, aunque nuestro idioma sea de gran riqueza en palabras, parece estar de moda “online” en vez de “en línea”; oímos “smartphone” en vez de “teléfono inteligente”; se dice “link” en vez de “enlace”; “followers” en vez de “seguidores”; se dice “like” en vez de “me gusta”; se dice “low cost” en vez de “barato” y “oversize” cuando podemos decir “talla grande”.

O sea que podemos enriquecer el idioma, sí, pero sin tener que renunciar a la propia lengua.

La idealización de las independencias en Sudamérica, la mitificación del pasado indígena y la atribución a España de todos los males que ahí pasaron…

Pero Nueva España no era el Congo Belga, ni la India inglesa, ni el Haití francés. ¡Nada que ver!

Y México no existía antes de la llegada de los españoles, con lo que toda identificación de aquellas comunidades nativas con los mexicanos actuales es torcida y fruto del oportunismo político.

México no es hijo del Imperio azteca. Era un quilombo bárbaro. México es hijo del Virreinato de la Nueva España, fundada sobre la base de instituciones precolombinas… Nunca existió ese “Edén” de indígenas felices, del buen indio mitificado… y el cuento de esas supuestas minorías históricamente oprimidas por el español facha y todas esas boludeces promovidas por élites políticas, periodísticas y universitarias en varios países, por no hablar del cine…

La realidad es que las comunidades nativas prefirieron aliarse con los españoles para luchar contra los más crueles, autores de los sacrificios humanos más espeluznantes, sobre todo con niños, decapitaciones y todo el repertorio más macabro, como sacarles los corazones, canibalismo, etc., etc.

¿Cómo fue posible la conquista del Imperio azteca (25 millones de habitantes) por un grupo de 650 españoles? Los historiadores siguen debatiendo el asunto, aunque quizá se trate de una cuestión más médica que bélica, que cambió el destino de América. Corría la noche más triste del 30 de junio de 1520…

También es cierto que los caballos y las armas de fuego con que contaban los españoles, comandados por Hernán Cortés. Los conquistadores, que en su gran mayoría habían estado expuestos a la plaga durante la infancia, eran casi inmunes. Los aztecas, en cambio, orgánicamente débiles, no pudieron más que admitir que sus dioses habían tomado partido por los salteadores. Un estado de desmoralización general y pérdida de voluntad de vivir invadió a los indios…

100 años después de Cortés, por la viruela y el sarampión que conquistaron tierras americanas, la población de México había descendido a 1.600.000 habitantes.

El cultivo de las relaciones entre España y las naciones latinoamericanas, demasiado tiempo abandonado, se ha enrarecido. El recuerdo de aquel éxito que fue la Expo 92, en memoria del quinto centenario del Descubrimiento de América, ha pasado sin pena ni gloria por miedo a ofender a quienes viven de ofenderse.

Los delirios del mexicano López Obrador encontraron demasiadas veces la callada por respuesta por parte de nuestro Ministerio de Exteriores; los desplantes a Felipe VI llevaban camino de convertir cada visita en pueril ocasión para el desafío (a lo que se sumó el mal nacido de la coleta, Pablo Iglesias), en ese entonces que formaba parte del gobierno español.

Les dije al iniciar esta nota que los españoles están intentando destruirlo, al inventarse 17 países o miniestados, que han fomentado el aldeanismo, las diferencias ficticias y todo tipo de trabas que dificultan el progreso de España… (Una especie de 17 reinos de taifas).

La presencia española sería muy provechosa en todo el continente y, en líneas generales, respetuosa con la población originaria, donde se produjeron matrimonios mixtos sin ningún problema. Por supuesto, no fue algo idílico y hubo excesos, pero nada que ver con las atrocidades que se cometieron en Estados Unidos con la población indígena, que fue casi exterminada; por los belgas en el Congo, los británicos en sus territorios coloniales, los italianos en Etiopía… y, por supuesto, los aztecas y los incas con los pueblos que estaban bajo su dominio…

Antes que nada, quisiera argumentar una opinión de Arturo Pérez-Reverte, eminente corresponsal de guerra, brillante historiador, célebre autor de El Capitán Alatriste.

Estados Unidos no tiene la potencia del Imperio español, para lo bueno y para lo malo. España era la “pera”: la lengua española, la moda, la ropa, el teatro español, marcó el mundo. El efecto español era el más temido en el mundo; Inglaterra, Alemania, Europa entera asimilaba todo lo español. España fue el factor histórico más decisivo después del Imperio Romano. Toda Europa conspiraba contra España en aquella época.

Claro que esa parte luminosa de los hispanos han tratado de disfrazarla con “la leyenda negra”, destruyéndola, vilipendiándola, insultándola…

Es difícil entender para las actuales generaciones que “los amos del mundo” pueden justificar lo que hicieron los españoles…

Hernando de Soto fue el primer europeo en vislumbrar en 1541 el río Misisipi, el cual cruzó, continuando su recorrido hacia el oeste, donde recorrió asimismo la actual Arkansas, Oklahoma y Texas. Finalmente murió en el mismo Misisipi en 1565.

España estableció el primer asentamiento europeo permanente en el territorio de Estados Unidos y Canadá, al norte de la actual Florida. La ciudad de San Agustín, primera ciudad de Estados Unidos fundada por europeos, se encuentra en la costa atlántica y fue fundada por Pedro Menéndez de Avilés.

Sin embargo, la primera y más organizada conquista del Oeste americano corrió a cargo del adelantado Juan de Oñate, considerado como el último de los grandes conquistadores y cuya extraordinaria aventura tuvo lugar ya finalizando el siglo XVI. Exploró y conquistó para España los inmensos territorios de Nuevo México, Arizona y Texas.

El primer descubrimiento europeo registrado de la bahía de San Francisco fue el 4 de noviembre de 1769. Ocurrió cuando el explorador leridano Gaspar de Portolá, incapaz de encontrar el puerto de Monterrey (California), continuó hacia el norte hasta cerca de lo que es en la actualidad Pacífica. Escaso de agua y comida, Portolá, con una expedición de 63 hombres y 200 caballos, dejó la costa para viajar tierra adentro, alcanzando la cumbre de 370 m del Sweeney Ridge, desde donde vio la bahía de San Francisco.

Dos misioneros en Sonora y California

Dos geografías muy distintas fueron el escenario de dos hombres de Dios también muy diferentes, ambos comprometidos con una misma empresa: la misión. El padre Eusebio Francisco Kino (1644-1711), en el desierto de Sonora, y fray Junípero Serra (1713-1784), en la costa de California.

Kino, conocido como “el padre a caballo”, recorrió incansablemente los caminos del noroeste de la Nueva España, como un verdadero hombre de la frontera. Kino fue un tiempo constructor de misiones, ranchero, ganadero y agricultor. En cambio, Junípero Serra era el hombre que caminaba y caminaba…

Serra fundó el sistema franciscano de misiones de California. En su condición de padre superior, fueron tantos miles de leguas que cubrió durante los años de labor en California, que bien puede identificarse como el hombre que caminaba y caminaba.

Serra fue uno de los padres fundadores de California. Es el único español que tiene una estatua en el National Statuary Hall Collection, en el Capitolio de los Estados Unidos.

El vital apoyo de España a la independencia de Estados Unidos

Fue en el siglo XVIII que dio lugar a la creación de los Estados Unidos. Esta ayuda se vio reflejada, principalmente, en la actividad diplomática y bélica del gobernador español de Luisiana, don Bernardo de Gálvez.

Nuestro compatriota recuperó las Floridas, además de ser gobernador de Luisiana y Cuba, y es considerado justamente en Estados Unidos como uno de los héroes fundacionales.

Los españoles llegaron hasta Alaska

Es a finales del siglo XVIII, el canto del cisne de la exploración española de América. La efímera ocupación de este territorio hostil es una de las páginas más desconocidas de nuestra historia.

Pido disculpas por atravesar los siglos, como si tal cosa… Es que, como buen inmigrante, soy un ser que aprendí a ver las cosas distantes… Como si estuvieran cerca…

Y a mantener un distanciamiento de las cosas más cercanas… Casi al final de sus vidas descubren que los paraísos solo existen a condición de que los pierdas, aunque sea durante un tiempo… Y que dan la impresión de que se han pasado la vida huyendo y muriendo, huyendo en diciembre y muriendo en enero, cada vez que uno vuelve a Barcelona, como es mi caso.

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