
Por José Ademan Rodríguez

Una vez Maradona dijo: “Sabés lo que hubiera sido yo, ¡si no fuera por la droga!...”. Ahora, acordándome de mí, yo podría decir: “Sabés qué periodista podría haber sido, ¡si no fuera por la bebida!”.
Por eso terminé entreteniendo con cosas al alcance de las influencers “(putitas baratas con ansias de ser estrellas)”. Me echaron de la radio varias veces, y de los dos canales de la época: Canal 10 y Canal 12.
Fui declarado persona no grata por los clubes Talleres-Belgrano de Córdoba y, además, me hizo echar el presidente de River, Aragón Cabrera, quien en una carta pidió mi cabeza a la dirección de la radio, razón por la cual fue mi final poco antes de decidir irme a España...
Hago mi presentación: todo lo que huele a cordobesismo me resbala, me es indiferente hasta llegar a odiarlo: “Cómo estai”, “Hola loco”, “Qué haci”, “Onde andai”... “Acá con vo, pedazo de culiau!!!”. No me hace ninguna gracia...
Menos cuando están en patota en el área peatonal, donde escuché esto: “Te amo a culiá entre todo”. Ahí directamente son groseros totales.
Los diálogos donde los cordobesismos son como células cancerígenas, que acabarán en metástasis altamente desintegradora de la comunicación; por eso no hay en Córdoba buen teatro ni menos cine. Pero hay una excepción: poco antes de venirme a Barcelona, allá por finales de los 70, me encantó la obra Chúmbale en el Teatro Comedia, teniendo como protagonista a un porteño como Luis Brandoni.

Y su esposa Martha Lynch (ambos fallecidos). Pero antes de morir, Brandoni (el mejor actor argentino) dijo unas sabias palabras: que la esclavitud no se terminó, ahora se llama “trabajo”.
Y si un país entero apoya el culo sentado en un sofá a ver 22 millonarios corriendo detrás de una pelota, no hay esperanza...
El hombre no proviene del simio, es un simio¡¡¡ que come parado y caga sentado...
Al choripán lo respeto para comerlo en el Parque Sarmiento, pero no olvido el sándwich de milanesa con un ají en el medio...
No cambio el vino tinto por el Fernet con Coca Cola, que es un veneno infartante, pues el Fernet tiene entre 40 y 45º. En el verano podrían probar con el mojito, que tiene hierbabuena, menta y un poquito de ron blanco.
Me niego a comer pizza en Don Luis, es un bleff... La mejor pizza la hacen en el Mercado Norte...
Hay una frase que adorna el ego de los cordobeses: “Córdoba, cuna de campeones”, la frase que aparece invariablemente cada vez que un deportista cordobés consigue un título o una figuración destacada.
Parece un eslogan irrefutable, que resalta el potencial atlético de los nacidos en esta tierra. ¿Quién no escuchó alguna vez hablar de que Córdoba es “Cuna de Campeones”?...
Contra todo lo que uno puede imaginarse, la definición, que nació hace casi un siglo, poco tiene que ver con los deportes más convocantes de los aficionados cordobeses. Su origen no está dado en función de una camada de notables futbolistas, basquetbolistas o boxeadores.
Lo más curioso es que la frase tampoco fue “patentizada” por algún eufórico cronista local o un agente de marketing. (Esto fue descubierto por un genio, Gustavo Farías, a quien yo denominé Florentino Ameghino del deporte)...
Con el auge de La Mona Jiménez...

Convertido en el padrino o el mentor espiritual de nuestra selección de fútbol, con temas de los más prosaicos: “Se han tomado todo el vino”, “O soy un muchacho de barrio”.
Diferentes en la temática y el contenido de la verdadera música que identifica a las selecciones, con temas de otro contenido social y cultural, como es el caso del tango...
Ese desastroso mal periodista, como Jorge Cuadrado, expresó en un reportaje que Jiménez tenía un “aura” o una “vibra” especial para contagio de sus admiradores. Eximo de toda culpa a La Mona Jiménez, que buscó en la selección, como pilar para la venta de sus discos.
Edmundo Rivero: tango y fútbol. Que asociaba el tango con el fútbol, como en la película Pelota de Cuero.

O Discepolín, o Armando Bo con sus clásicos Pelota de Trapo, donde narra las historias del Club Sacachispas...
Para colmo, han desaparecido lugares emblemáticos para el tango en Córdoba, como por ejemplo lo del “Chacha” Fernández y otro regenteado por mi inolvidable amigo Ernesto Olmedo, mi refugio...
¡Qué nostalgia me da! Cuando se hablaba como la gente, los locutores de Radio El Mundo y los selectos locutores como Ricardo Jurado, Cacho Fontana, Radio Rivadavia, Leopoldo Costa, y en Córdoba un Sergio Villarroel, Alfredo Díaz, Tucho Cordeiro, El Lagarto, Gonio Ferrari, Alicia Lagos, Norma Landi y tantos...
Y “el Vaquita” Potenza, quizá el único periodista analítico, a quien recurro cuando tengo algún vacío mental...
Yo venía de Río Cuarto, donde se escuchaban las radios de Buenos Aires. A los 17 años me depositó el destino en Córdoba capital. Recuerdo la emisora local Radio Ranquel, con voces como Eduardo Daniel Pinasco, con un pintón y una voz inigualable, y Julio Alonso, que fue el marido de la conocida Martha Lebrón, a quien conocí de LV3 de Córdoba...
Pero el modo de hablar tan característico del cordobés y, particularmente, su tonada, se han convertido casi en una marca registrada del habitante de esta región y un distintivo de nuestra idiosincrasia, que ha sido explotada por humoristas tocando la puerta de Susana Giménez, como pueden ser el Negro Álvarez, genial con el cuento “Don Abraham”, donde mezcla humor y crítica social, y otro cuento, “Judas era porteño”, y un Chichilo Viale con sus insoportables cuentos de borrachos.
Aunque para mí perduran el pícaro cordobés Luis Fernando Correa y Modesto Tisera, los auténticos humoristas de Córdoba...
Con quienes mantuve una amistad. Una vez visitamos la cárcel con Rubén Torri (mi hermano de 12 años transmitiendo boxeo desde el Luna Park de Buenos Aires), en compañía de Modesto Tisera, quien se puso atrás del escenario tapado por la cortina y, asomando la nariz prominente que tenía, apareció de cuerpo entero y les dijo a los presos: “¡Qué nenes que hay acá!”. El salón de la cárcel estalló en un aplauso estruendoso...
Con respecto a Rubén Torri, no tenemos que decir nada negativo con respecto a Buenos Aires y, en particular, al Luna Park. Recuerdo las tertulias al finalizar las veladas en el restaurante “Príncipe Napoli”. Nos juntábamos los integrantes de cada una de las emisoras que transmitían: Cherquis Bialo, Horacio García Blanco, locutores como Valentín Viloria y nuestro Tito Paz, Ricardo Arias (fallecido). Jamás sentimos algún rechazo.
He de apuntar que en ese restaurante, allá por los años 20, se inventó la milanesa a la napolitana...
En cambio, en Córdoba algunos nocheros caíamos a la Cuba de Oro a comer ranas al tomate o a la provenzal. Alguna vez nos juntábamos con el comentarista de boxeo de LV2, rival de nuestra LV3, a intercambiar ideas; por eso nos potenciábamos, enriqueciéndonos con respecto a lo que habíamos presenciado...
Ah, me olvidaba de Daniel Willington, que al grito cordobés, cordobés, se ganó un campeonato para Vélez S.
Las primeras influencias del cordobesismo fueron aportadas por lenguas indígenas, como ser la quechua llegada desde el norte, junto con los españoles, y desde el sur la araucana o mapuche, o a través de los ranqueles, y la guaraní por el este, a través de las provincias litoraleñas.
Las tribus que originalmente poblaron nuestra provincia, comechingones y sanavirones, han desaparecido casi por completo paulatinamente, aunque pervivieron las expresiones de origen sanavirón, como las terminaciones “sacate” (Anisacate, Quisquisacate y Salsacate). ¿Querés que te la saque? Faltaba eso...
Por otro lado, son de origen comechingón las palabras Quiliño y Calamuchita.
Con la llegada de los piamonteses, que venían a poblar el campo, nos trajeron su lengua, la impronta de los italianos, sobre todo en la gastronomía, como los canelones, ravioles, como decir “Chau Nona”, “Nono”, osobuco, peceto...
Es interesante destacar nuestra tonada: una cosa es la tonada o el vocabulario propio de una región y el modo de articular las palabras, y otra cosa es el nivel de las estructuras gramaticales que difieren entre una zona y otra.
Es importante tratar de desvelar el origen de un vocablo ya no exclusivo de los cordobeses, sino de los argentinos: “Che”. Unos han apuntado a veces la influencia guaraní y otras a su carácter interjectivo, que vendría del “Che valenciano”. Si bien la discusión no está totalmente cerrada, es posible que la expresión sea de origen valenciano.
Pero, en definitiva, es posible conseguir el habla del cordobés como una complicada matriz cromática, donde es difícil saber cuál es el color auténtico...
Voces de Traslasierra: aquí la diferencia entre el habla de la gente alejada de la ciudad comienza a mostrarse en todas sus riquezas y obtuvo gran difusión a través del personaje de Doña Jovita, que casualmente anduvo por Barcelona visitándome en mi casa...
Algunos de esos rasgos propios son, por ejemplo, la caída de la “S” al final de vocablos, como ser: “bueno aire”, “atra”, “mientra”.
Con todo, nuestro modo de hablar y entonar continúa evolucionando o (involucionando). Tratándose de una carrera en el hipódromo, hay quienes hablan de “cabaios”, otros de “caballos” y, por supuesto, de los que hablan de los “cabashos”...
Aunque siempre persisten las diferencias entre el cordobés de la ciudad y del interior de la provincia.
El actor Federico Luppi, en un artículo periodístico titulado “¿Gracias por ser argentino?”, entre otras cosas dice: “Me enojo a menudo con el país, tengo mucha dificultad para entender lo que pasa, me tengo que esforzar para no enloquecer por el menosprecio a la cultura, a la falta de imaginación, el golpe a la gente, a su dignidad, a su bolsillo, a sus sueños, a su futuro”.
Y se convierte en Guillermo Tell: le quiere pegar a una manzana encima de los afectos, a 300 metros de distancia.
Uno vive así en la Argentina. Yo lo relacioné con el Mundial de fútbol ganado por España. ¡Ahí sí me dio vergüenza ser argentino! Porque en una final hicieron un solo tiro a la portería.
Es la primera vez que dieron lástima, como aquella vez en el 74, cuando el equipo de Holanda nos bailó con Johan Cruyff (aquel de la naranja mecánica) con un 4-0.
Con España sucedió algo parecido, me hizo recordar aquella amarga sensación de impotencia. Además, la falta de respeto de dar la espalda mientras los campeones recibían los trofeos, por los actos vandálicos de algunos jugadores como Leandro Paredes, por lo que sucedió en el vestuario argentino con el capitán Leo Messi, culpándolo de todo, que es impropio, señalándolo con el dedo y la mirada a Enzo Fernández.
Les recuerdo que Messi padece el síndrome de Asperger, mezclado con autismo. Además, los conflictos con su padre y las deudas con el fisco español, que significó una merma de las sensibilidades entre padre e hijo (no el cariño).
Además, que en Argentina le decían “pecho frío” a Messi, que desde los 13 años fue el Barcelona el que le pagó el tratamiento para el crecimiento (somatotrofina), que encima en su país se lo negaron. Si no fuera por España, lo hubiesen tildado de enanismo y no podría haber llegado a la cima del fútbol...
Hablando de fútbol, allá por el año 1947 Argentina estaba sumida en el caos del soborno con la compra y venta de partidos. Perón resolvió entonces traer a Argentina árbitros ingleses, que hace casi 10 años que España le solucionó lo insoportable que llegó a ser un clásico River-Boca: le demostró cómo trabaja la policía española...
Para terminar, en España nunca le dijeron “pecho frío”, sino que lo aplaudieron cuando jugaba en el Barcelona.
Menos mal que en Córdoba Belgrano salió campeón y le dio un aire fresco al fútbol. No así Talleres, en donde sus hinchas saben que el responsable directo es el presidente Fassi.
Habilísimo para la compra-venta de jugadores. Ha privatizado de hecho a Talleres, revelándose como un dictador autárquico, hasta llegar a convertirse en un ser despreciable. Maneja el club como se le canta el “orto”, como las cuestiones éticas.
Tiene un pensamiento cercano al Opus Dei... es decir, se persigna, vive hablando de la moral, la familia... pero vive llamando a los directores de los medios para presionar y silenciar a los que lo critican.
Un tipejo controvertido, falso, hipócrita, autoritario... pero muy capaz... (al más puro estilo del presidente español Pedro Sánchez).
Encima, con un ojete más grande que el embudo del dique San Roque, pero es un crack para la venta de jugadores.
Como empresario es sagaz, pícaro como los trileros de las Ramblas de Barcelona.
Su caso me retrotrajo al año 1966, cuando me declararon persona no grata. No recibí la más mínima muestra de solidaridad de los periodistas deportivos de Córdoba...
Se cagaron otros, se hicieron los boludos, como si yo no existiera. En fin...
Escuchemos a los del Suquía en Córdoba de antaño.




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