Llaryora hizo reaparecer a Schiaretti para que sea la voz que abogue por los intereses cordobeses

OPINIÓN Juan Palos
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Juan de los PalotesPor Juan Palos

La reciente reaparición de Juan Schiaretti en las redes sociales, justo en la semana en que el gobierno de Javier Milei finaliza los detalles de su reforma laboral, no es solo la noticia de la recuperación de un exgobernador tras una cirugía cardíaca; es un claro ejemplo de cómo las dinámicas políticas se entrelazan en momentos de crisis y cambio. Schiaretti anunció que asumirá su banca en la Cámara de Diputados en febrero y, con ello, se invita a la reflexión sobre el impacto que tendrá su presencia en la discusión de uno de los proyectos más ambiciosos del gobierno actual.

Este proyecto no es trivial; se adentra en la contenciosa cuestión de la coparticipación y propone una reducción del Impuesto a las Ganancias que podría acarrear pérdidas significativas para las provincias. Según estimaciones, Córdoba podría enfrentar una merma de hasta 100.000 millones de pesos. Esto plantea un dilema crítico: ¿puede el gobierno nacional implementar reformas que, al final, flujan en detrimento de los recursos que sustentan a los gobiernos provinciales?

Los pasos que han dado algunos mandatarios, como Martín Llaryora, demuestran la cautela con la que se están preparando ante este panorama incierto. Llaryora ha optado por evitar confrontaciones directas con Milei, siguiendo la percepción de que los ciudadanos demandan un liderazgo sereno, alejado de desavenencias públicas. Esta estrategia es entendible, pero plantea el interrogante sobre la efectividad de un liderazgo que se aferra a la moderación mientras otros actores políticos empiezan a posicionarse.

Aquí es donde Schiaretti juega un rol crucial. Al encontrarse en medio de esta tensión, puede representar la voz autorizada que abogue por los intereses cordobeses. Su trayectoria y conocimiento profundo del sistema político argentino lo colocan como un interlocutor valioso en este debate. Sin embargo, su alineación con el cordobesismo también debe ser vista con cautela. La urgencia de proteger los derechos adquiridos y asegurar que la reforma no implique recortes de recursos para provincias debe ser la bandera alzada por Schiaretti y su bloque.

La cuestión de la "industria del juicio", que tanto le ha preocupado a Schiaretti, debe abordarse desde un enfoque que priorice el fortalecimiento de la estructura laboral, pero sin menoscabar los derechos de los trabajadores. Los datos que indican una pérdida de 10.000 empleos privados en Córdoba durante la gestión de Milei son alarmantes y sugieren que cualquier reforma debe ser cuidadosamente medida para evitar agravar la ya delicada situación laboral.

El escenario para el debate que presenta la reforma laboral es crítico, y aunque Schiaretti y Llaryora han encontrado un equilibrio en sus roles, es fundamental que se mantengan firmes ante cualquier medida que pueda perjudicar a la provincia. El pueblo de Córdoba no solo merece un liderazgo que actúe con serenidad, sino que también reclama defensa ferviente de sus intereses y de su bienestar.

En esencia, la reaparición de Schiaretti no es meramente simbólica; es un indicativo de que la política cordobesa está en movimiento y de que la lucha por la defensa de los recursos provinciales se intensificará. La hora del debate se acerca, y en ese contexto, la voz de Schiaretti podría ser un faro de esperanza —o un aviso de los desafíos que se avecinan.


 

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