


Leí con atención las declaraciones del presidente de la Unión Cívica Radical de Córdoba, nuestro partido, Marcos Ferrer, donde afirma que, si la UCR va sola en las elecciones, “el resultado sería muy malo”. Como vicepresidenta del mismo partido que él conduce, siento la necesidad —y la responsabilidad— de expresar una mirada distinta, desde el mismo compromiso institucional y desde una convicción profunda: no hay peor resultado que seguir renunciando a lo que somos.
Ir con lista pura no es una apuesta ingenua. Es una decisión política que busca recuperar la confianza de quienes hoy nos preguntan, con dolor: ¿dónde está el radicalismo?
Este partido tiene historia, tiene valores y tiene una militancia que sigue viva defendiendo nuestras causas cuando nadie más lo hace. El radicalismo no puede convertirse en un espacio electoral sin contenido. No nacimos para especular, sino para transformar.
Las alianzas sin sentido nos han diluido. Nos han hecho funcionales a modelos que no nos representan, que desprecian el rol del Estado, que banalizan la política y que recortan derechos.
¿Cómo vamos a volver a enamorar si no podemos ni mirarnos al espejo? ¿Cómo se construye futuro mimetizándonos con proyectos que no creen en la justicia social ni en la igualdad de oportunidades?
No se trata de cerrarnos, se trata de ser coherentes. Renovar no es rendirse. Modernizar no es traicionar. Y hacer política no es adaptarse al que más mide: es transformar la realidad con principios firmes.
Decir que ir con lista propia es un “muy mal resultado” es, con todo respeto, mirar la política con una lógica de corto plazo. Creemos que el único mal resultado es seguir sin representar a quienes aún creen que el radicalismo puede ser una alternativa real, honesta y coherente.
La sociedad no dejó de ser radical: está esperando que el partido vuelva a ser lo que fue. Y esa reconstrucción empieza por animarnos a competir con identidad propia, con propuestas, con coraje y sin disfraz.
Hoy tenemos la oportunidad de mostrar que no todos los partidos se entregan. Que hay uno que sigue creyendo en la educación pública, en la justicia social, en el federalismo real y en la democracia participativa. Ese es el radicalismo.
Tras el Día del Militante Radical que se celebró ayer, en honor a Duilio Giorgetti, militante de este radicalismo de Córdoba—quien hizo de la política un acto de pasión, compromiso y honestidad—, reafirmo que ser radical es defender lo que somos.
(*) Vicepresidenta de la UCR Córdoba
CON INFORMACION DE DIARIOALFIL.





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