''¿Donde estás Dios?, tengo que hablar algunas cosas con vos''

PARA LEER EN PANTUFLAS 17 de abril de 2022 Por José Ademan RODRÍGUEZ
hoy

jose ademan Por José Ademan RODRÍGUEZ

Se me hace difícil hablar con vos. Te imagino pensando en tu hijo todo el rato. Gracias a él aprendimos a quererte, pero de vos, sé poco y nada.

El tiempo y la distancia son carniceros de sentimientos troceadores de memorias. No sé si para ti existo, por eso, dejando constancia escrita no será todo tan voluble pues noto que se va quedando vacío el escenario de mi ayer y es difícil encontrarte... Cuando estas, ya te has ido.

A veces paseando con mi madre cuando niño, antes de cruzar el puente de río cuarto, te imaginé muchas veces. Por ahí la ciudad se afloja la corbata y moja sus pies de barro en el arroyo El Bañado frente a la cancha de la liga, y el cielo es una divinidad lumínica que se entrega sin que le busques.

Barrio de extramuros donde el tiempo no tiene apuro y sin embargo parece que la luna sale antes, cual si un pájaro loco o la prisa de algún amante le adelantaran la hora; barrio de campitos que quieren ser bosque con permanente sensación de primavera, donde las primeras sombras de los atardeceres se difuminan en azules y bermejos que la tela de ningún pintor podría reproducir... Por ahí debe andar Dios desnudo, dando signos de que existe, junto a niños con costras de mocos y mirada atónita, de preguntas que nunca tendrán respuesta, como si se las llevara el soplo de la brisa rauda que desaparece pronto.

Era como una alucinación o un espejismo, que se yo...Pensé que te vería, con mis ojos de niño, al contemplar el arco iris o los bichitos de luz...

Por ahí la paz se huele, existe construida en colonias por las aves y los bichos; se lleva mejor sin que estos lloren sus derrotas o proclamen sus triunfos. Ya por la noche, los sonidos adquieren toda la riqueza de los matices, con colores, voces y tonos fácilmente perceptibles y diferenciables. En una verdadera coral alada, con escenario embalsamado de perfumes, se puede escuchar a los benteveos, las palomitas de la Virgen, las torcazas, el cardenal, el pechito colorado, la calandria, en sones estridentes, bajos, atiplados, el croar de las ranas que proviene de una lagunita... Con total nitidez se pueden detectar si son lejanos, si surgen de arriba, de abajo, de costado... El cri-cri del grillo es el más destacable, como si gritase alarmado, y se suspende cuando te acercas por la vereda, y canta nuevamente a tus espaldas una vez que has pasado... Los sonidos lejanos de los perros que parecen ladrar con eco hecho de lamentos... Los gallos que tocan diana inundando los sueños y despiertan el amoroso jubileo de saltitos y picoteos de los gorriones.

Cuando me fui a Córdoba, a la universidad, entre tanto material dialectico y comunismo marxista, comencé a dudar de tu existencia y a familiarizarme con vocablos como ateo, agnóstico, sin saber al final para qué sirven, salvo para negar o discutir. Menos mal que en mi adolescencia ya había leído a José Ingenieros y Lisandro de la Torre y su famosa polémica con Monseñor Franceschi -''La cuestión social y un cura''.

No hace mucho, el mundo pescó al Papa y a Fidel Castro intercambiándose banderines como los capitanes del fútbol: uno con la estampita de tu hijo Jesús, y el otro con la foto del Che, con la promesa recíproca de hacer el milagro del desbloqueo el uno, y de lanzar el martillo y la hoz, el otro. Guevara Lynch, de mártir a poster de boina y estrella, va camino de ser inmortal, como tu hijo pero así como a éste le mancharon las manos en el martirio de la cruz, Guevara se las manchó con sangre ajena y quien muere por una idea, también mata por la misma.

Nadie redimió ni salvo a nadie y así se vio al Papa predispuesto a arrancar con el mambo número 5 y a Fidel embelesado por la música pastoral.

Sé que la paz es una utopía y el amor es la palabra más vapuleada por el egoísmo humano. ¡Dios mío! Es para creerse cualquier cosa y vos no moviste un dedo para evitarlo.

Jodida tarea la tuya: extinguir volcanes, atajar tsunamis y lo más complicado, velar por nosotros.

Perdoname que te lo diga, ahora no entiendo lo de las pestes. Y eso de la pandemia es para cabrearse, más a mi edad, donde uno comprueba como se estrecha mi horizonte vital.

Queda como balance de todo esto, lo que llaman fatiga pandémica. Sí, ya sé, conociéndote un poco más, que la muerte es un eterno verdugo sin fecha. Ya se acabó eso que aprendí en el bachillerato sobre la ciencia, hipótesis, tesis pero, sin demostración. Ya se han exorcizados los demonios del Covid con ceremonias en los balcones y todos coreando a la siete de la tarde, el resistiré del Duo Dinámico y con los acercamientos entre sanitarios y fuerzas de seguridad. Bueno, eso ya lo sabías, sos profundo conocedor de los dolores. No sé si permitiste el martirio de tu hijo muriendo en la cruz para salvarnos. Menos te acordarás de la niña Omayra y su tormento. No tengo claro si hiciste algo para impedirlo.

Siempre has merodeado y presidido la piel y la entraña del martirio y del dolor humano.

Date una vueltita por aquí, que te quiero conversar!

Para colmo, todos, a nivel planetario, con dispares opiniones de los científicos, andamos con menudencias, como si hay que ingerir o no un paracetamol al inyectarse la vacuna de AstraZeneca. Y la pose de los mal llamados ''negacionistas'', que también hablan al pedo para hacerse notar, sin racionalidad alguna. La verdad se reduce a lo que uno cree que es o lo que se inventan los demás. Hay algo que es unívoco, el modelo de vacunación de Israel y la eficacia de Pfizer. Con esta historia de pandemia hemos pasado de subdesarrollados a ser subarrodillados. Eso es lo que han logrado.

Al final creo que la única verdad son las mentiras que nos han hecho felices.

En fin, Señor mío, todo eso nos ha dejado un saldo de cultivo de fobias, miedos, entre el batifondo parlamentario entre progres y conservadores, que no sé porque se les dice progres después de destruido el muro de Berlín y la famosa Alemania ''democrática'' de la Unión Soviética. Pero eso ya es otro tema.

Y ahí te dejo. Que sepas que, con todo, me siento realizado, aunque alterando un poco el famoso tríptico: ''He escrito un árbol, he plantado un libro y he tenido dos hijos (bueno, mi exposa que es quien sabe verdaderamente quién plantó la semilla).

Espero que al recibo de mis pensamientos te encuentres bien y que sigas escribiendo derecho sobre renglones torcidos, bah, como siempre.

Te puede interesar