Basta ya de inútiles y de carteludos, basta de mentir y de engañarnos.

LA COLUMNA DE GONIO FERRARI 06 de junio de 2021 Por Gonio FERRARI
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GONIO FERRARI Por Gonio FERRARI

Asistimos apenados y con las esperanzas llenas de moretones, a un festival de desaciertos que nos van minando la paciencia, que nos despedazan las expectativas; que nos roban descaradamente el futuro. Que se nos ríen en la cara desde la tarima de algún poder que los resguarda.

Desde el nivel nacional nos hartaron de promesas en cuanto a la provisión de vacunas, a las fechas en que estaríamos todos inmunizados, a una logística que decían era impecable para un reparto equitativo de las dosis. Y nos siguen dilatando los plazos que aseguraron serían respetados.
 
Y siguen franeleándose, insultándose y descalificándose en nombre de la vacuna Pfizer que si de por medio hubo o no hubo cometa, si las vacunas rusas son parte de un compromiso ideológico, nadie informa si gastamos más en mandar tantos aviones que en vacunas, nadie puede asegurar que se hayan terminado los privilegios y es puro verso todo lo que se aventura frente a la peligrosa como imparable cercanía del invierno, que es el que todo lo acelera, especialmente las consecuencias nefastas.
 

Aquello de privilegiar la salud por encima de la economía demostró su fracaso rotundo porque estamos cada día más contagiados, más recluidos en terapias intensivas, más cerca de las despedidas sin abrazos y más lejos siquiera de pensar que al menos estamos recuperando el valor de nuestro dinero y la estabilidad económica no de las grandes industrias, de las enormes empresas sino de lo que se maneja en el hogar, de lo que allí se sufre en carencias agravadas por presiones incalificables.
 

La Provincia viene dilatando la compra de vacunas frente a la indisimulable actitud superior de mostrar su empatía cero con el cordobesismo, aunque pretendan disfrazar esas angustias con anuncios que no pasan de ser eso, en  una Córdoba acosada por la indiferencia estatal que ahora se sorprende por el avance de la pandemia, pero no lo hace con el demencial crecimiento de la inseguridad merced a lo cual todos somos escudos humanos frente al hampa que se mueve y actúa a su antojo, amparada por la inexplicable inexistencia de una política integral que la combata y a la vez la corona con una llamativa impunidad.
 
 Y basta ya de presionar a la ciudadanía para el pago de impuestos y de servicios atrasados ¿o son tan inútiles desde arriba que no se dan cuenta que en cada hogar hay una crisis? ¿Qué en cada casa se vive un drama? ¿Qué cada familia cordobesa es víctima de la insensibilidad oficial, esa que privilegia caminos, obras postergables y para nada prioritarias y endeudamiento alevoso en moneda extranjera, por encima de la atención de la salud en tiempos de pandemia?
   

Si se gastara menos en esos emprendimientos que bien pueden esperar y en el oneroso autobombo publicitario de lo que dicen es bueno que hacen, podríamos comprar esas vacunas que tanto se demoran o que algunos desalmados pueden estar escondiendo. Y resulta que frente a las protestas de sectores afectados, de los que casi no existen excepciones, amenazan con sanciones mediante acciones mafiosas de amedrentamiento, es que cualquiera de nosotros se pregunta por qué no actúan de la misma manera frente a los desbordes de organizaciones sindicales o sociales digitadas ideológicamente, que coartan entre otros derechos consagrados, la libertad de ir a trabajar o de circular por nuestras calles.
   

No quiero alterarme porque la bronca contenida cuando se manifiesta suele ser desmedida, y es precisamente lo que nos ocurre a la mayoría de los cordobeses, cuando vemos con qué ímpetu, insistencia y alevosas presiones desde la Municipalidad se han lanzado a una campaña para que sus arcas recuperen dinero fresco, de todo ese dinero que se gastó al reverendo pedo haciendo obras de maquillajes y coloridos que bien podían y aún pueden esperar.
 
En cualquier democracia del mundo la gente frente a tamaños desmanejos saldría a la calle para reclamar que todos los funcionarios que demostraran ser inútiles, se mandaran a mudar, pero dentro de todo los cordobeses somos demasiado contemplativos y más aún si estamos encerrados…
   

El radicalismo plantea que los trabajadores de Luz y Fuerza, EPEC para ser más claro, claudiquen en el cobro de ese regalo que les hacemos por una eficiencia que no es tan notoria, pero que no deja de ser una conquista gremial. Me refiero a esos dineros anuales de seis cifras al menos y cuyo promedio comienza con el número 4 o sea arriba de 400 lucas per cápita, pero nada dicen los unicameralistas de Alem y de otros próceres, cuánto de sus jugosas dietas y otros privilegios aportaron para ingresarlos a los presupuestos de lucha por nuestra salud.
   

Los tiempos de la vigencia de la sucia hipocresía no debieran ser parte de nuestra historia, porque estaríamos insultando a la memoria, esa memoria de luchas frontales por mejorar en todo aspecto, para transformarnos en serviles de los privilegiados del poder.
   

Alguien tiene que poner freno a ese avasallamiento de las economías familiares y comerciales que dan trabajo a tanta gente, flexibilizando sus exigencias desmedidas, disponiendo moratorias y más que nada, dejándose de gastar dinero a raudales como si en lugar de ir transitando hacia la pobreza general, se tratara de nuevos ricos.
 
   Esos que se consideran nuevos ricos prohijados por la política, o el poder en cualquiera de sus ubicaciones y niveles, son los que están de más y tienen la patriótica obligación de mandarse a mudar, porque llegadas las cosas a un extremo del que no estamos demasiado alejados, debe ser jodido que te corran a empujones…
   

Basta ya. Basta de derrochar. Basta de inútiles y de carteludos. Basta de mentir y de engañarnos.
   

Tres citas para quienes íntimamente se sientan aludidos, se hagan los osos y para que también me entiendan quienes adopten el temperamento del perro que lo están… mejor lo dejemos allí: “Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja” según Sófocles; “Lo que me molesta no es que me hayas mentido sino que, de aquí en adelante, ya nada te podré creer” según Nietzche y por último un proverbio judío que es más una sentencia: “Con una mentira puede irse muy lejos, pero sin esperanza de volver”.
   Respetuosa y cívicamente dicho, en uso y práctica de la libertad y de la Democracia que tanto nos costó recuperar:
   Váyanse los que se sientan aludidos.
   La historia -que es un juez inapelable- se los agradecerá…

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