El crecimiento económico convive con un consumo debilitado y profundiza el cambio de modelo productivo
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- Los indicadores económicos muestran un crecimiento impulsado principalmente por sectores exportadores.
- El consumo masivo continúa en retroceso y refleja la debilidad del poder adquisitivo.
- La industria y el comercio siguen registrando caídas que afectan al empleo.
- Los analistas no prevén una recuperación rápida del crédito ni de la demanda interna.
- Las diferencias regionales se profundizan según la estructura productiva de cada provincia.
- Las empresas refuerzan promociones, innovan y buscan expandirse mediante las exportaciones.
La evolución de la economía argentina comenzó a mostrar una característica que despierta la atención de analistas y empresarios: la actividad productiva y el consumo interno dejaron de avanzar al mismo ritmo. Mientras algunos sectores estratégicos mantienen un crecimiento sostenido e impulsan los indicadores generales, el mercado interno continúa reflejando la fragilidad del poder adquisitivo de los hogares y la cautela de los consumidores.
Las proyecciones económicas indican que, tras una expansión del 4,4% durante 2025, la economía crecería alrededor del 3% tanto este año como el próximo. Sin embargo, ese desempeño agregado no logra trasladarse de manera uniforme al conjunto de la sociedad, especialmente en lo que respecta al consumo masivo.
Los datos más recientes muestran que las ventas de productos de consumo cotidiano continúan en retroceso. Durante junio registraron una caída interanual del 2,7% y un descenso del 2,4% respecto de mayo, acumulando una contracción cercana al 3% en lo que va del año. El comportamiento confirma una tendencia que contrasta con la recuperación observada en otros indicadores de actividad.
Especialistas sostienen que esta divergencia responde a la composición del crecimiento económico. Sectores como el agro, la minería y la energía concentran buena parte de la expansión, pero generan un efecto más limitado sobre el empleo y el consumo de bienes masivos. En consecuencia, el aumento de la producción no se traduce automáticamente en mayores ingresos para amplios segmentos de la población.
Los registros del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) reflejan precisamente esa dinámica. La agricultura, la ganadería y la explotación de recursos naturales aportaron la mayor parte del crecimiento observado, compensando el deterioro registrado en actividades de elevada incidencia sobre el empleo, como la industria manufacturera y el comercio, que volvieron a exhibir caídas interanuales.
Desde distintos ámbitos económicos coinciden en que esta situación dificulta una recuperación del mercado interno. La desaceleración de la inflación permitió cierta estabilización de los ingresos reales, aunque todavía insuficiente para generar un cambio significativo en los hábitos de consumo.
A ello se suma un escenario más restrictivo para el financiamiento de las familias. La elevada morosidad limita la expansión del crédito al consumo, un instrumento que había contribuido a dinamizar las ventas durante períodos anteriores. En consecuencia, tampoco se espera una recuperación rápida de la demanda de bienes durables.
Las perspectivas para los próximos meses apuntan a un escenario de estancamiento. Los analistas consideran que la evolución del consumo continuará dependiendo principalmente de la capacidad de los salarios para recuperar poder adquisitivo y de la continuidad del proceso de desaceleración inflacionaria. Un eventual rebrote de los precios volvería a deteriorar la capacidad de compra de los hogares.
Al mismo tiempo, comienza a consolidarse una marcada diferencia entre regiones. Provincias vinculadas al desarrollo energético y minero muestran mayores niveles de consumo e intención de compra, impulsadas por el crecimiento de esas actividades. En contraste, el Área Metropolitana de Buenos Aires continúa exhibiendo mayores dificultades, con familias que perciben una pérdida constante de capacidad adquisitiva y restringen sus gastos.
Esta transformación lleva a algunos economistas a hablar del "fin de los promedios", donde cada región evoluciona según la estructura productiva que predomina en su economía. La expansión de sectores exportadores como el petróleo, el gas, el litio o el cobre genera un impacto muy distinto al observado en zonas más dependientes del comercio y los servicios tradicionales.
Las empresas de consumo masivo también adaptan sus estrategias a este nuevo escenario. Muchas reconocen que una parte mayoritaria de sus ventas depende actualmente de promociones y descuentos, incluso resignando rentabilidad para sostener los volúmenes comercializados. Paralelamente, detectan que los productos premium mantienen una demanda relativamente firme entre los consumidores de mayores ingresos.
En ese contexto, las compañías apuestan por la innovación permanente, la diversificación de sus líneas de productos y una mayor orientación hacia los mercados externos. Para numerosos fabricantes, las exportaciones aparecen como una de las principales oportunidades de crecimiento frente a un mercado interno que continúa mostrando señales de debilidad y una competencia cada vez más intensa en un escenario de transformación estructural.



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