
Mi Tzeide, un cuentenik del que estaré orgulloso toda la vida
MIRADAS02 de agosto de 2026 Por Carlos Zimerman


Hay personas que dejan una huella imborrable. No por haber ocupado grandes cargos, ni por haber acumulado riquezas, sino porque con su ejemplo enseñaron el verdadero valor del trabajo, de la dignidad y de la honestidad. Mi Tzeide, Moises Meyer Levin, fue una de ellas.
Nació el 1 de agosto de 1899 y falleció el 2 de febrero de 2002, después de haber vivido 102 años. Un hombre extraordinario que tuvo el privilegio de atravesar tres siglos diferentes: nació en el siglo XIX, vivió todo el siglo XX y alcanzó a conocer los primeros años del siglo XXI. Muy pocos pueden contar una historia semejante.
Yo tuve el inmenso privilegio de disfrutarlo durante toda mi vida. De escucharlo, de aprender de él, de abrazarlo y de quererlo profundamente. Su ausencia nunca dejó de doler, pero su recuerdo sigue intacto.
A lo largo de su vida desempeñó distintos trabajos. Como tantos inmigrantes judíos que llegaron a la Argentina escapando de la pobreza, de las persecuciones y del antisemitismo en Europa, nunca le tuvo miedo al esfuerzo. Trabajó donde hizo falta, siempre con una sola obsesión: sacar adelante a su familia.
Su último oficio fue el de cuentenik.
Quizás muchos jóvenes nunca escucharon esa palabra. Otros, incluso, la recuerdan con cierto prejuicio. Hubo una época en la que a algunos les daba vergüenza admitir que su padre o su abuelo era cuentenik. Como si ese trabajo tuviera menos valor que cualquier otro.
Yo siento exactamente lo contrario.
Ser nieto de un cuentenik es uno de los mayores orgullos de mi vida.
La palabra cuentenik proviene del idioma ídish, la lengua que hablaban millones de judíos de Europa Oriental. Deriva de konte o cuenta, y se utilizaba para identificar a quienes vendían mercadería fiada, cobrando pequeñas cuotas periódicas a sus clientes.
El cuentenik recorría barrios enteros con una valija, un bolso enorme o incluso un carro cargado de productos. Vendía ropa, telas, sábanas, manteles, utensilios para el hogar o cualquier artículo que pudiera ayudar a una familia. Pero no cobraba todo junto.
Anotaba cuidadosamente cada venta en una libreta y luego, semana tras semana, volvía a visitar a cada cliente para cobrar una pequeña cuota.
De allí nacía su nombre.
Era, en definitiva, un comerciante ambulante, pero también mucho más que eso.
Era un hombre de confianza.
Conocía a cada familia, sabía cuándo alguien estaba pasando un mal momento y muchas veces esperaba unos días más para cobrar. La palabra valía más que cualquier contrato. Un apretón de manos bastaba para cerrar una operación.
Aquellos hombres caminaban kilómetros todos los días. Bajo el sol, bajo la lluvia, con frío o con calor. No existían las aplicaciones, las tarjetas de crédito ni los préstamos personales. Ellos acercaban el comercio hasta la puerta de la casa de quienes muchas veces no tenían otra posibilidad de comprar.
Sin saberlo, fueron una forma primitiva del crédito al consumo.
Pero, sobre todo, fueron un puente entre el trabajo y la necesidad.
Mi Tzeide fue uno de ellos.
Nunca escuché de su boca una queja. Nunca lo vi avergonzarse de su oficio. Al contrario: trabajó hasta donde sus fuerzas se lo permitieron, con la frente alta y con una dignidad que hoy resulta difícil de encontrar.
Con el paso de los años comprendí que los verdaderos gigantes no siempre aparecen en los libros de historia.
Muchos caminan en silencio.
Muchos sostienen familias enteras sin recibir jamás un reconocimiento.
Muchos construyen un país simplemente trabajando.
Mi abuelo fue uno de esos hombres.
Hoy, cuando se cumplen años de su nacimiento, no quiero recordarlo con tristeza.
Quiero recordarlo con orgullo.
Porque cada vez que escucho la palabra cuentenik, no pienso en un oficio humilde.
Pienso en el sacrificio.
Pienso en la cultura del trabajo.
Pienso en la palabra empeñada.
Pienso en los inmigrantes que llegaron sin nada y construyeron todo.
Y, sobre todo, pienso en Moises Meyer Levin, mi Tzeide.
Gracias por todo lo que me enseñaste.
Gracias por demostrarme que la grandeza de un hombre nunca depende del trabajo que hace, sino de la manera en que lo hace.
Mientras yo viva, tu historia seguirá siendo contada.
Porque los hombres buenos nunca mueren del todo.
Viven para siempre en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de amarlos.


¿Por qué el exceso de proteínas puede dañar los riñones?


Piden a la justicia que la defensoría del pueblo de Córdoba revele su nómina de empleados y salarios
Paraguay estalla: cayó Santiago Peña, el escándalo de Ueno Bank se llevó puesto al presidente
:format(webp)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/grupoclarin/XVK65B3PCZHF5COADY5H5MRZYU.jpg)
Hoy cumple años un maestro del periodismo de Córdoba: ¡El Negro Gómez sopla 75 !

:format(webp)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/grupoclarin/XVK65B3PCZHF5COADY5H5MRZYU.jpg)
El día que escuché y ví lo que no tenía que ver ni escuchar
:format(webp)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/grupoclarin/XVK65B3PCZHF5COADY5H5MRZYU.jpg)
El día que escuché y ví lo que no tenía que ver ni escuchar


Algunas anécdotas y recuerdos de tantos años "gastando" suela en el periodismo de Córdoba

:quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2019/03/21120334/jose-luis-saldano-1920-1.jpg)
:quality(85)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/2PBAOB5OBBEPFMYMM4NLTZHQEA.jpg)
“Nadie quiere morir... Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí”
:format(webp)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/grupoclarin/ME3TUVNJABDRDGCGI6LP4VCVSI.jpg)
"El Daniel" está de fiesta: cumplió 81 y sigue siendo "el de los Estadios"

Martillo Roldán: el amante de los asados que era "un gordo bueno y solidario"

Bancor sale a recuperar terreno: apuesta fuerte por los créditos hipotecarios y acelera su transformación digital

La UIA respaldó la estabilización económica, pero reclamó medidas urgentes para evitar más cierres y pérdida de empleos industriales
Estados Unidos: el triunfo demócrata abre un nuevo escenario político para Donald Trump

Córdoba empieza a mover el tablero electoral de 2027

Milei se reunió con Abascal en Madrid y buscó despejar las dudas sobre el vínculo con Vox
El mundo ante un Trump debilitado: las cinco consecuencias internacionales que puede provocar la derrota republicana

Llaryora le marcó la cancha a Milei: el interior se cansó de pagar la fiesta del AMBA

Murió Alan Jones, el campeón de Fórmula 1 que protagonizó una de las rivalidades más recordadas con Carlos Reutemann




