




RESUMEN
- Javier Milei y los gobernadores aliados negocian las PASO en medio de una fuerte desconfianza por compromisos políticos que, según los mandatarios, no siempre se cumplieron.
- Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro e Ignacio Torres exploran la posibilidad de construir una alternativa presidencial de centro que pueda competir en 2027.
- La estrategia de Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem para fortalecer una oposición cordobesa contra Llaryora genera tensión dentro de las conversaciones con los gobernadores.
- Diego Santilli aparece como el encargado de intentar acercar posiciones, mientras los gobernadores reclaman garantías más concretas antes de comprometer sus votos.
- El problema de fondo excede las PASO: los gobernadores no quieren el regreso del kirchnerismo, pero tampoco parecen dispuestos a quedar subordinados políticamente a Milei.
La discusión por la eliminación de las PASO tiene una historia mucho más profunda de lo que parece.
Mientras en el Congreso se discute una reforma electoral, por debajo de la mesa se desarrolla una negociación que tiene como verdadero objetivo el poder político de 2027. Y allí aparecen intereses cruzados, promesas, desconfianzas y una pregunta que todavía nadie consigue responder: ¿quién garantiza que los acuerdos de hoy serán respetados mañana?
Los gobernadores aliados de Javier Milei quieren que el Gobierno nacional no les coloque candidatos competitivos en sus provincias que puedan complicar sus proyectos de reelección. A cambio, están dispuestos a aportar gobernabilidad parlamentaria y acompañar determinadas reformas impulsadas por la Casa Rosada.
La eliminación de las PASO forma parte de esa negociación. Pero el problema es que algunos de esos mismos gobernadores necesitan las primarias si pretenden avanzar en otro proyecto político.
Ahí está la paradoja.
Quieren negociar la eliminación de las PASO con Milei mientras analizan utilizarlas para construir una candidatura presidencial propia.
Entre quienes participan de esas conversaciones aparecen Maximiliano Pullaro, Martín Llaryora e Ignacio Torres, que exploran la posibilidad de conformar una alternativa de centro, con dirigentes que tengan experiencia de gestión y que puedan ubicarse entre Milei y Axel Kicillof. La existencia de ese proyecto depende, naturalmente, de que las PASO sobrevivan.
Y allí aparece el primer problema serio.
La confianza no sobra.
La relación entre los gobernadores y el Gobierno de Milei está atravesada por una larga lista de negociaciones, reclamos provinciales y compromisos que los mandatarios consideran pendientes. Las discusiones por rutas, obras, recursos y transferencias se mezclan ahora con la reforma política. En las últimas semanas, Diego Santilli aceleró las conversaciones con los gobernadores precisamente para intentar conseguir los votos necesarios.
Pero hay algo que genera todavía más ruido.
La estrategia de los Menem para unificar a la oposición cordobesa contra Llaryora.
La señal no pasa inadvertida para el gobernador de Córdoba. Mientras Llaryora negocia con la Nación y aparece como uno de los gobernadores dispuestos a dialogar con el Gobierno, desde el propio oficialismo nacional se promueve una estrategia política que puede terminar enfrentándolo en su territorio.
Y eso, naturalmente, no ayuda a construir confianza.
¿Cómo se le puede pedir a un gobernador que entregue sus votos en el Congreso mientras, al mismo tiempo, desde sectores del oficialismo se intenta construir una oposición para disputarle su provincia?
Ese es uno de los grandes interrogantes que enfrenta Santilli, quien viene funcionando como uno de los principales articuladores de las conversaciones con los mandatarios provinciales.
De hecho, según las versiones que circulan en torno de esas negociaciones, se llegó a analizar la posibilidad de establecer un acuerdo escrito que otorgue determinadas garantías. El problema es que un papel firmado en la política argentina vale tanto como la voluntad de quienes después decidan respetarlo.
Y esa es precisamente la dificultad.
Los votos para las PASO pueden estar, pero nadie parece dispuesto a ponerlos sobre la mesa sin recibir algo a cambio.
Pullaro, Llaryora y Torres miran hacia 2027
Mientras el Gobierno intenta eliminar las primarias, en el otro lado de la mesa empieza a tomar forma una hipótesis diferente.
¿Y si las PASO fueran utilizadas para construir una candidatura presidencial de centro?
El nombre de Maximiliano Pullaro aparece en esas conversaciones. También el de Martín Llaryora. Y el de Ignacio Torres.
Los tres tienen algo en común: gobiernan provincias importantes, tienen estructuras territoriales propias y mantienen diálogo con la Casa Rosada, pero tampoco parecen dispuestos a quedar encerrados dentro del proyecto político de La Libertad Avanza.
En el caso de Pullaro, incluso circula entre dirigentes que siguen esas conversaciones la versión de que una reelección con un resultado superior al 50% podría ser utilizada como plataforma para una candidatura presidencial. La misma expectativa se atribuye a Torres y Llaryora.
Por supuesto, ninguno de ellos ha convertido públicamente esa posibilidad en una candidatura presidencial formal. Pero en política las conversaciones privadas suelen comenzar mucho antes que los lanzamientos oficiales.
Y si se mira el tablero territorial, Llaryora parte con una ventaja estructural por el peso electoral de Córdoba, mientras Pullaro tiene detrás a Santa Fe y Torres a Chubut.
Gerardo Zamora y la ampliación del tablero
La discusión tampoco se limita a esos tres gobernadores.
En las conversaciones apareció también Gerardo Zamora, el gobernador santiagueño que proviene del radicalismo y terminó incorporándose al universo peronista-kirchnerista. Su eventual participación podría permitir ampliar el armado hacia los gobernadores del norte.
Y allí aparece otro dato interesante.
Una eventual construcción de centro necesitaría mucho más que tres gobernadores para convertirse en una alternativa presidencial competitiva.
También aparece Mauricio Macri, que mantiene una relación oscilante con Milei y con su gobierno. La posibilidad de incorporar a dirigentes del PRO a una eventual primaria existe, aunque dentro del espacio hay dudas sobre si el macrismo realmente quiere embarcarse en una construcción de esas características.
El problema tiene nombre y apellido
Pero toda esta arquitectura política tiene un obstáculo evidente.
Axel Kicillof.
Porque una eventual primaria de centro no tendría demasiado sentido si de ella surge un candidato que después queda fuera de la disputa presidencial principal.
Ese es el razonamiento que atraviesa buena parte de las conversaciones.
No alcanza con construir una alternativa a Milei. Esa alternativa también debería tener capacidad para competir contra el candidato que surja del peronismo.
Y allí Kicillof aparece como un factor determinante del tablero.
Por eso algunos dirigentes prefieren esperar.
Sergio Massa, con años de experiencia en negociaciones electorales, resumió la cuestión con una fórmula sencilla: esperar hasta marzo para observar cómo evoluciona la economía y, fundamentalmente, cómo llega Milei a ese momento.
Los gobernadores parecen compartir parte de esa lógica. Por eso pretenden postergar la definición sobre las PASO y llevar la discusión hacia febrero.
La Casa Rosada, en cambio, quiere acelerar.
El Gobierno pretende avanzar con la reforma electoral y necesita cerrar cuanto antes los acuerdos parlamentarios. En las últimas semanas, Santilli multiplicó las reuniones con gobernadores, mientras Karina Milei dejó en claro que el acompañamiento legislativo será una condición central para cualquier entendimiento electoral.
El verdadero problema no son las PASO
En definitiva, las PASO son apenas una pieza de un rompecabezas mucho más grande.
Lo que se está discutiendo es quién tendrá el control político de la Argentina que viene.
Los gobernadores necesitan conservar sus territorios. Milei necesita consolidar su proyecto nacional y llegar a 2027 con aliados. Kicillof busca convertirse en una referencia central del peronismo. Y en el medio aparece un espacio que todavía no tiene nombre definitivo, pero que algunos mandatarios imaginan como una alternativa de centro.
El problema es que todos necesitan algo del otro.
Los gobernadores necesitan recursos, obras, garantías electorales y previsibilidad.
El Gobierno necesita votos, gobernabilidad y apoyo para sus reformas.
Y todos saben que una cosa es firmar un acuerdo y otra muy distinta es cumplirlo cuando llega el momento de contar los votos.
Por eso las PASO se convirtieron en una especie de moneda de cambio.
Se negocian, se prometen, se condicionan y hasta se utilizan como amenaza.
Pero nadie quiere entregar la última carta antes de saber qué recibirá a cambio.
Y quizás allí esté la verdadera discusión política que comienza a instalarse rumbo a 2027.
Estos gobernadores no quieren que vuelva el kirchnerismo. Pero tampoco parecen dispuestos a convertirse en simples acompañantes del proyecto de Milei.
Quieren jugar.
La pregunta es si tendrán la fuerza suficiente para armar una tercera opción que sobreviva al enfrentamiento entre Milei y Kicillof, o si terminarán obligados a elegir uno de los dos extremos del tablero.
Eso, por ahora, nadie lo sabe.
Lo único seguro es que la pelea por 2027 ya empezó, aunque todavía falte mucho para poner las boletas dentro de las urnas.




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