La reelección se juega sin PASO y con la billetera abierta

OPINIÓN Por Carlos Zimerman

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Por Carlos Zimerman

La discusión sobre las PASO es apenas la superficie. La verdadera batalla política ya empezó y tiene un solo objetivo: la reelección de Javier Milei.

El Presidente ya tomó una decisión estratégica. No quiere PASO y quiere ganar la próxima elección en primera vuelta. No confía en un escenario de balotaje, donde la experiencia demuestra que todos los sectores terminan encolumnándose detrás de un único objetivo: derrotar al oficialismo.

Y tiene lógica.

Las PASO no sólo sirven para definir candidatos. También ordenan, disciplinan y unifican a la oposición. Lo que durante meses parece una pelea feroz termina convirtiéndose en una candidatura única para enfrentar al Gobierno.

Esa es la luz roja que se encendió en la Casa Rosada.

Por eso el Gobierno impulsa una reforma política o, al menos, la suspensión transitoria de las primarias.

Claro que para lograrlo necesita votos en el Congreso.

Y para conseguir esos votos necesita gobernadores.

Ahí aparece la política en su estado más puro.

Los gobernadores necesitan recursos.

La Nación necesita respaldo legislativo.

Milei está dispuesto a abrir la billetera cuando la gobernabilidad y los objetivos políticos así lo requieran.

Ya ocurrió en Córdoba y todo indica que el mismo esquema podría repetirse con Santa Fe, Mendoza y otras provincias. La gran excepción sigue siendo Buenos Aires, donde la confrontación política hace prácticamente imposible cualquier entendimiento.

Algunos lo llamarán negociación.

Otros hablarán de pragmatismo.

La realidad es que ningún presidente gobierna sin construir mayorías.

Mientras tanto, muchos dirigentes libertarios del interior siguen esperando que Javier Milei los bendiga públicamente como candidatos a gobernador.

Es probable que esa expectativa termine siendo una enorme desilusión.

Habrá fotos.

Habrá actos.

Habrá gestos.

Pero el verdadero respaldo político estará concentrado en un solo objetivo: garantizar la continuidad del proyecto nacional.

Todo lo demás será, en gran medida, "pour la galerie".

Porque antes que las elecciones provinciales está la presidencial.

Y antes que cualquier candidatura local está la continuidad del proceso de transformación que impulsa el Gobierno nacional.

La Argentina necesita consolidar ese cambio.

Cuatro años son insuficientes para revertir décadas de populismo, déficit fiscal, inflación crónica, clientelismo y un Estado utilizado como herramienta de construcción política.

Los cambios profundos no se consolidan en un solo mandato. Requieren tiempo, continuidad y respaldo electoral.

Por eso la reelección de Milei no debería analizarse únicamente desde la conveniencia de un dirigente, sino desde la necesidad de consolidar un rumbo que recién comienza.

Si los argentinos consideran que el camino elegido es el correcto, la continuidad no sólo resulta legítima, sino necesaria.

Y probablemente tampoco alcancen ocho años.

La reconstrucción de la Argentina demandará muchos años de políticas orientadas a la libertad económica, el equilibrio fiscal, el respeto por las instituciones y la reducción definitiva del peso de un modelo político que durante décadas llevó al país a la decadencia.

Ese modelo tiene nombre y apellido.

El peronismo, en sus distintas versiones, gobernó la mayor parte de las últimas décadas y dejó como herencia inflación, pobreza, déficit, corrupción y un Estado gigantesco incapaz de resolver los problemas de la gente.

No se trata de borrar a un partido político, porque en democracia la alternancia siempre debe existir.

Se trata de terminar con una forma de hacer política que convirtió al Estado en una máquina de privilegios, corrupción y dependencia.

Esa transformación no será obra de un solo gobierno.

Tampoco de un solo presidente.

Pero necesita continuidad.

Y esa continuidad comienza mucho antes de la elección.

Comienza hoy, en la discusión sobre las PASO, en la negociación con los gobernadores y en una estrategia política que tiene un objetivo muy claro: que Javier Milei tenga la posibilidad de consolidar el cambio que prometió a los argentinos.

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