
Combustibles en alza: el impacto de la crisis internacional golpea a la economía de plataformas
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- El aumento del petróleo por el conflicto en Medio Oriente impulsó subas de hasta 20% en combustibles
- El litro de nafta súper superó los $2.000 en grandes ciudades
- Los costos afectan especialmente a repartidores y conductores de plataformas
- El combustible representa hasta el 35% de la facturación de los choferes
- La demanda cae y agrava la rentabilidad del trabajo en aplicaciones
El encarecimiento de los combustibles en la Argentina volvió a ubicarse en el centro de la escena económica, impulsado por la escalada del conflicto en Medio Oriente y sus consecuencias sobre el precio internacional del petróleo. El efecto se trasladó con rapidez a los surtidores locales, donde los aumentos acumulados en marzo oscilaron entre el 18% y el 20%, llevando el litro de nafta súper a superar los $2.000 en grandes centros urbanos. La suba no solo tensiona el costo de vida, sino que impacta con especial intensidad en los trabajadores de la economía de plataformas, cuya rentabilidad depende directamente del precio del combustible.
El salto en los valores internacionales se produjo tras los ataques en el estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el comercio global de crudo. A partir de ese episodio, el barril superó los 100 dólares, presionando sobre los precios internos en distintos países. En el caso argentino, el traslado fue inmediato, en un mercado que ya no cuenta con mecanismos de desacople respecto de las cotizaciones internacionales.
El incremento no se limita a los combustibles. También se registraron subas en insumos derivados como aceites y neumáticos, con aumentos superiores al 15% en el último mes. Esta dinámica amplifica el impacto sobre quienes dependen de vehículos para generar ingresos, como repartidores y conductores de aplicaciones.
Dentro de este universo, la situación aparece especialmente delicada. Representantes del sector advierten que la combinación de mayores costos y menor demanda configura un escenario crítico. En el caso de los repartidores, la mayoría opera bajo esquemas independientes, lo que implica que deben absorber la totalidad de los gastos vinculados a su actividad. Combustible, mantenimiento, amortización del vehículo y conectividad forman parte de una estructura de costos que crece más rápido que los ingresos.
La presión también se extiende a los conductores de plataformas de movilidad. Empresas como Uber, Cabify y DiDi enfrentan un escenario en el que el combustible ya representa entre el 30% y el 35% de la facturación bruta de los choferes. Este aumento reduce de manera significativa los márgenes de ganancia, obligando a muchos trabajadores a extender sus jornadas para cubrir los costos fijos, que incluyen tanto el combustible como el alquiler de vehículos.
En paralelo, el crecimiento de la oferta laboral en estas plataformas, alimentado por la pérdida de empleos formales, genera una competencia que presiona las tarifas a la baja. El resultado es un deterioro sostenido de los ingresos reales, que en muchos casos quedan por debajo de un salario formal.
Las empresas del sector implementaron medidas para contener la situación, como incentivos temporales o descuentos parciales en combustibles para determinados segmentos de conductores. Sin embargo, estos paliativos no logran compensar el impacto estructural de la suba de costos, especialmente en un contexto donde la demanda también muestra signos de debilidad.
En el segmento de delivery, aplicaciones como PedidosYa y Rappi evidencian una caída en el volumen de pedidos, producto del encarecimiento de los productos finales. Esta contracción reduce la cantidad de viajes disponibles y agrava la ecuación económica de los repartidores, quienes no pueden trasladar directamente el aumento de la nafta a los usuarios.
Detrás de esta dinámica se encuentran factores estructurales que explican por qué los precios locales no reflejan las eventuales bajas internacionales. La carga impositiva, que representa cerca de la mitad del valor final, las actualizaciones fiscales periódicas y la desregulación del mercado de hidrocarburos configuran un escenario en el que las reducciones del crudo no se trasladan al consumidor. A esto se suma la estrategia de las empresas del sector, que priorizan la rentabilidad y las exportaciones en un contexto de alta demanda global.
En ese esquema, el rol de YPF resulta determinante. Con una participación dominante en el mercado, sus decisiones de precios marcan la referencia para el resto de las compañías. En la actualidad, la firma orienta su política a sostener inversiones clave, lo que refuerza la tendencia alcista en los surtidores.
El resultado es un escenario complejo, donde la suba de los combustibles no solo refleja tensiones externas, sino también condicionantes internos. Para los trabajadores de plataformas, el impacto es directo y profundo: mayores costos, menor rentabilidad y un modelo de ingresos que comienza a mostrar signos de agotamiento.



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