Llaryora mueve fichas en Córdoba: obras, estrategia electoral y distancia medida de Milei

POLÍTICAAgencia 24 NoticiasAgencia 24 Noticias

El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, acelera un plan político y de gestión enfocado en fortalecer su base en la capital provincial, clave para sostener el poder en un escenario nacional incierto. Con el intendente Daniel Passerini como aliado central, el oficialismo busca consolidar el voto urbano mientras sigue de cerca las definiciones del presidente Javier Milei sobre el calendario electoral y el futuro de las PASO.

La posibilidad —aún en discusión— de adelantar las elecciones nacionales de octubre a mayo genera inquietud en el Panal, ya que implicaría rediseñar toda la estrategia política de cara a la reelección. En ese contexto, el foco está puesto en la ciudad de Córdoba, donde se juega buena parte del respaldo al oficialismo provincial.

Fiel a una lógica que prioriza la gestión como herramienta electoral, el gobierno cordobés avanza con medidas concretas pero también con señales políticas. Una de las más resonantes es el proyecto que busca regular la actividad de los “naranjitas”, diferenciando entre quienes operan de manera legal y quienes no. La iniciativa apunta a responder a una demanda creciente de los vecinos, en medio de reclamos por situaciones de violencia o extorsión.

Desde el oficialismo aseguran que las encuestas reflejan un fuerte rechazo social hacia los cuidacoches informales, por lo que decidieron intervenir sin llegar a una prohibición total, evitando así ceder terreno a la oposición. La decisión también generó tensiones con sectores de la Iglesia, que cuestionaron el enfoque y reclamaron políticas inclusivas.

En paralelo, la gestión provincial refuerza su presencia en la capital con obras e inversiones. Provincia, municipio y la empresa EPEC reactivaron un convenio para modernizar el alumbrado público. El plan prevé una inversión millonaria para instalar más de 160.000 luminarias en distintos barrios durante los próximos dos años.

El propio Llaryora evitó confrontaciones directas con la Casa Rosada, aunque dejó entrever el impacto del ajuste nacional al señalar que las grandes ciudades fueron especialmente afectadas por la reducción de subsidios. La estrategia es clara: mantener una identidad propia —el “cordobesismo”— sin alinearse ni confrontar abiertamente con el modelo libertario.

Esa cautela también se refleja en el silencio oficial frente a temas sensibles de la agenda nacional, como los debates judiciales por la estatización de YPF o las polémicas que rodean al entorno presidencial, incluyendo al vocero Manuel Adorni.

Mientras tanto, el gobernador apuesta a reforzar el vínculo directo con la ciudadanía. En las últimas semanas encabezó actos de entrega de escrituras a familias de sectores vulnerables, una política con fuerte impacto social y territorial.

Las obras públicas también ocupan un lugar central en la estrategia. En las próximas semanas podría inaugurarse un altonivel clave en la zona de Valle Escondido, mientras avanzan otros proyectos viales en puntos estratégicos de la ciudad. A esto se suma un ambicioso plan de pavimentación, mejoras en desagües y trabajos de mantenimiento urbano.

En el oficialismo observan con atención el clima social y detectan una ventana de oportunidad en el desgaste del gobierno nacional, tanto por la situación económica como por cuestionamientos políticos. Según sostienen, la caída en la imagen presidencial en Córdoba en las últimas semanas podría reconfigurar el escenario y equilibrar la disputa.

Con este combo de gestión, obras y posicionamiento político medido, Llaryora busca consolidar su liderazgo en la provincia y llegar fortalecido a un calendario electoral que aún está lejos de definirse, pero que ya condiciona cada movimiento.

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