
Febrero pone a prueba la estabilidad del dólar y la credibilidad del esquema cambiario
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- La estabilidad del dólar oficial en enero se apoyó en compras sostenidas del Banco Central
- La acumulación de reservas mejoró la credibilidad del esquema y redujo el riesgo país
- La oferta de divisas combinó agro, crédito en dólares y emisiones corporativas
- La emisión por compras fue parcialmente reabsorbida, moderando tasas y liquidez
- El Tesoro logró absorber pesos y se prepara para pagos en moneda dura
- Febrero aparece como un mes clave para testear la sostenibilidad del esquema cambiario
El inicio de 2026 encontró al mercado argentino girando, una vez más, alrededor de una pregunta recurrente: la quietud del dólar oficial es señal de fortaleza o simplemente el reflejo de un calendario que todavía no expuso sus tensiones más duras. La experiencia local enseña que la estabilidad cambiaria rara vez responde a una sola causa. Reservas, liquidez en pesos, tasas de interés y expectativas forman un entramado delicado, en el que cualquier desequilibrio suele hacerse sentir con rapidez.
Enero dejó una foto clara. El tipo de cambio oficial se mantuvo sin sobresaltos visibles, el Banco Central volvió a tener un rol activo como comprador en el mercado oficial y el debate volvió a concentrarse en la variable que domina la conversación financiera: las reservas. Al mismo tiempo, la dinámica de los pesos mostró su propia complejidad. La compra de divisas inyectó liquidez, pero distintos mecanismos de absorción actuaron casi en paralelo, con efectos directos sobre las tasas y sobre la demanda de cobertura cambiaria.
En ese marco, febrero aparece como un mes de verificación. La atención se concentra en tres ejes que se retroalimentan: el ritmo de acumulación de reservas, el equilibrio de pesos —liquidez y tasa— y la capacidad del ancla cambiaria para contener expectativas de devaluación sin disparar una mayor dolarización financiera.
Desde la mirada de Ecolatina, enero consolidó un statu quo cambiario con un Banco Central comprador sostenido en el mercado oficial. La entidad monetaria encadenó veinte ruedas consecutivas de compras y acumuló más de USD 1.100 millones, una señal que el mercado venía reclamando tras el relanzamiento del esquema. Esa conducta comenzó a darle mayor credibilidad al programa, aun después de las dudas iniciales que habían acompañado los anuncios oficiales.
El efecto no tardó en reflejarse en los precios financieros. El riesgo país descendió hasta perforar los 500 puntos, alcanzando su nivel más bajo desde 2018. Si bien el contexto internacional jugó a favor —con un dólar global más débil y un mayor apetito por deuda emergente—, la recomposición de reservas aportó un componente propio al cambio de clima.
Desde C-P, en cambio, el análisis incorpora el peso de la herencia electoral. Las exigencias políticas del año previo, señalan, erosionaron pilares centrales del programa económico y dejaron al esquema cambiario y salarial en una suerte de pausa tras los comicios. En ese contexto, la estabilidad del dólar necesita respaldo: sin anclas creíbles, la calma suele ser transitoria.
La oferta de divisas que explicó las compras del Central tuvo varios canales. Por un lado, comenzó a normalizarse la liquidación del sector agropecuario con el ingreso de la cosecha fina, un flujo típico de esta época del año. A eso se sumó un repunte de los préstamos en dólares, asociado al ciclo del agro y a un esquema cambiario percibido como más confiable. También aportaron las emisiones de obligaciones negociables en moneda dura y remanentes de colocaciones previas que aún debían liquidarse en el mercado oficial.
Del lado de la demanda, la presión dolarizadora vinculada al proceso electoral se moderó, lo que reforzó el efecto estacional de enero, caracterizado por una mayor demanda de pesos. Esa combinación ayudó a sostener el equilibrio inicial, aunque con menor intensidad que en diciembre.
La micro de pesos mostró, sin embargo, matices relevantes. El Central inyectó cerca de $1,7 billones a partir de sus compras de divisas, pero una parte significativa de esos fondos regresó rápidamente vía encajes bancarios y mecanismos de absorción. Esa reabsorción evitó que la liquidez quedara completamente suelta y contribuyó a moderar las tasas, en un contexto previo de fuerte restricción monetaria.
En paralelo, el mercado de instrumentos dólar linked volvió a mostrar movimiento, con señales de presencia oficial ofreciendo cobertura cambiaria. La lectura implícita es clara: el esquema busca neutralizar el impacto de la emisión asociada a la compra de reservas sin alimentar expectativas de devaluación.
El frente fiscal-financiero también aportó elementos clave. El Tesoro logró un rollover holgado de vencimientos y absorbió una cantidad relevante de pesos, lo que abre la puerta a eventuales compras de divisas al propio Banco Central para afrontar compromisos en moneda extranjera, especialmente con organismos internacionales.
Así, febrero se instala como un mes testigo. Para algunos analistas, la primera parte del año ofrece mejores perspectivas gracias a la estacionalidad y al ordenamiento financiero. Para otros, las vulnerabilidades reaparecen más adelante, cuando la oferta de dólares se reduzca y el esquema dependa crecientemente del ciclo financiero. En ambos diagnósticos hay un punto de coincidencia: la sostenibilidad percibida del régimen cambiario será la condición que ordene todas las demás variables.






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