
Los bancos reconfiguran su oferta de créditos en medio de un consumo en retroceso y mayor mora
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- Los bancos lanzan créditos más largos para reducir el valor de la cuota mensual.
- El consumo y los préstamos personales muestran señales de estancamiento en términos reales.
- La morosidad de las familias crece y alcanza niveles máximos en una década.
- La falta de licuación inflacionaria complica el pago de cuotas asumidas a tasas altas.
- El Gran Buenos Aires concentra los mayores niveles de atraso en créditos a personas.
- La deuda familiar ya absorbe cerca de un cuarto de los ingresos registrados.
El llamado telefónico sorprende por lo oportuno: una propuesta de crédito personal con una tasa más baja y un plazo más extenso que los habituales. No es una casualidad ni una acción aislada. Detrás de esas ofertas se esconde una estrategia más amplia del sistema financiero, que busca adaptarse a un escenario de consumo debilitado, ingresos ajustados y un crecimiento sostenido de la morosidad entre las familias.
En los últimos meses, varias entidades comenzaron a desplegar líneas de préstamos al consumo con plazos que se estiran hasta los seis años. El objetivo es claro: reducir el monto de la cuota mensual para volverla “pagable” en un contexto en el que los salarios corren detrás y el margen de las economías domésticas es cada vez más estrecho. Con tasas nominales anuales que rondan el 59%, estos productos se ubican por debajo de los niveles que dominaban el mercado tiempo atrás, cuando el crédito era más caro y más corto.
La apuesta no surge en el vacío. El consumo viene mostrando señales de fatiga desde hace meses y el crédito acompaña esa dinámica. Los últimos registros confirman que el financiamiento con tarjetas crece apenas de manera nominal, mientras que los préstamos personales ya exhiben retrocesos en términos reales. Para los analistas, el cierre del año pasado marcó un punto de quiebre: la fase expansiva se detuvo y dio paso a un escenario de mayor prudencia, tanto para los hogares como para los bancos.
A ese freno se suma un dato que inquieta a todo el sistema: la mora. Los atrasos en los pagos de créditos bancarios por parte de las familias vienen en alza y alcanzaron niveles que no se veían en años. Las líneas vinculadas al consumo —préstamos personales y tarjetas— explican la mayor parte de ese deterioro, con un impacto adicional en los créditos prendarios. La clave del cambio está en un factor central: las cuotas dejaron de licuarse con la inflación. A diferencia del pasado reciente, los compromisos asumidos ya no se diluyen mes a mes, mientras los ingresos evolucionan a un ritmo más lento.
El fenómeno es aún más crudo en los sectores con menor acceso al sistema financiero formal. Allí, el endeudamiento se canaliza a través de financieras que aplican tasas mucho más elevadas y plazos más cortos, lo que empuja los niveles de mora a registros superiores al 20%. Es una señal de alerta que trasciende a los bancos y se vincula con la fragilidad de amplias franjas de la población.
La radiografía territorial también aporta datos relevantes. Los créditos a personas humanas con atrasos significativos superan el 10%, el peor registro de la última década, con una concentración particular en el Gran Buenos Aires, donde la mora escala a niveles sensiblemente más altos que el promedio nacional. En paralelo, se observa una diferencia marcada entre tipos de entidades: los bancos de capital extranjero exhiben carteras más saludables, mientras que los privados nacionales muestran mayores dificultades, sobre todo en créditos personales. Las entidades públicas, en tanto, presentan una mora relativamente más contenida en préstamos a individuos.
En este contexto, la deuda de los hogares alcanzó un umbral delicado. Casi una cuarta parte de los ingresos familiares se destina hoy al pago de cuotas bancarias, un salto significativo respecto de mediciones anteriores. El dato refleja el esfuerzo que realiza la clase media para cumplir con obligaciones asumidas en un contexto macroeconómico muy distinto al actual.
Las nuevas ofertas de crédito, con plazos más largos y tasas algo más bajas, buscan oxigenar ese escenario. Sin embargo, el desafío es doble: reactivar el consumo sin profundizar un endeudamiento que ya muestra signos de estrés. La evolución de estas estrategias será clave para entender cómo se reacomoda la relación entre bancos y familias en los próximos meses.





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