
La salida de Marco Lavagna del Indec, entre disputas técnicas, alineamientos políticos y el control del relato inflacionario
POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior

- Marco Lavagna anunció su renuncia al Indec mediante una carta dirigida a los empleados.
- En el Gobierno aseguran que su salida venía siendo analizada desde hacía tiempo.
- Existieron tensiones crecientes con el ministro de Economía por la medición de la inflación.
- El pasado político de Lavagna en el Frente Renovador fue un factor de peso en la decisión.
- Las diferencias incluyeron el momento de aplicar la nueva metodología del IPC.
- La salida volvió a poner en debate la relación entre técnica, política y control del Indec.
La renuncia de Marco Lavagna a la conducción del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) se formalizó de manera sorpresiva para los empleados del organismo, a través de una carta en la que el ahora exdirector comunicó su decisión de abandonar el cargo para encarar nuevos proyectos personales. Sin embargo, en los despachos oficiales la salida estaba lejos de ser inesperada: desde hacía semanas formaba parte de un análisis más amplio que combinaba razones técnicas, políticas y de conveniencia estratégica para el Gobierno.
Lavagna había desembarcado en el Indec durante la gestión anterior, en el marco de los equilibrios internos del peronismo y con el aval del Frente Renovador que lidera Sergio Massa. Ese origen político, que en su momento fue funcional para garantizar consensos, con el correr del tiempo se transformó en un elemento incómodo para la actual administración. En la Casa Rosada comenzaron a pesar tanto su pasado partidario como la creciente falta de sintonía con el equipo económico.
El vínculo con el ministro de Economía, Luis Caputo, se fue deteriorando en el último tramo. Las diferencias no se limitaron a cuestiones personales, sino que se concentraron en discusiones de fondo sobre la medición de variables clave, en especial la inflación. Desde el Gobierno interpretaron que esos cruces generaban ruido en un área sensible y que podían erosionar la coherencia del programa económico en un momento en el que los datos oficiales ocupan un lugar central en la disputa pública.
Uno de los puntos de mayor fricción fue la implementación de una nueva metodología para calcular el Índice de Precios al Consumidor. Lavagna impulsaba avanzar con el cambio de manera inmediata, mientras que el Presidente y el ministro sostenían que debía aguardarse a que el proceso de desinflación estuviera plenamente consolidado. El argumento oficial fue que una modificación en plena transición podía abrir la puerta a lecturas especulativas y alimentar controversias mediáticas en un contexto de alta sensibilidad social.
En ese marco, los cambios metodológicos terminaron funcionando como la oportunidad para redefinir el perfil de la conducción del Indec. En el Gobierno consideran que el nuevo sistema de medición requiere un funcionario con mayor alineamiento político y técnico con la actual gestión, capaz de acompañar la estrategia económica sin generar tensiones internas ni mensajes contradictorios hacia afuera.
A pesar de las diferencias acumuladas, las autoridades insistieron en que la salida fue acordada y se produjo en buenos términos. La narrativa oficial buscó mostrar una transición ordenada, sin conflictos abiertos ni cuestionamientos a la tarea realizada. La carta enviada a los trabajadores del organismo apuntó en la misma dirección: un mensaje sobrio, centrado en el cierre de una etapa y sin alusiones a las disputas que marcaron los últimos meses.
La discusión alrededor de Lavagna también se trasladó al terreno de las redes sociales. Días antes de su salida, una cuenta identificada con el oficialismo recordó su pertenencia al Frente Renovador durante un cruce con Malena Galmarini. La exfuncionaria intentó despegarse del tema, señalando que Lavagna no formaba parte de su espacio y que había continuado en su cargo tras el cambio de Gobierno, por lo que debía ser asumido como propio por la actual administración.
Ese intercambio expuso, una vez más, hasta qué punto el Indec sigue siendo un territorio donde se cruzan técnica y política. La salida de Lavagna reabre el debate sobre la autonomía del organismo, el peso de los alineamientos partidarios y el rol de los datos oficiales en la construcción del relato económico. En un escenario de ajuste y expectativas frágiles, el control de la estadística se consolida como una pieza clave del poder.





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