Cara y cruz de los niños

PARA LEER EN PANTUFLAS 04 de septiembre de 2022 Por José Ademan RODRÍGUEZ
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jose ademan Por José Ademan RODRÍGUEZ

PARTE 1: LA MALDAD (ESA MALDAD DISFRAZADA DE ANGELITO)

La cabalgata de los reyes magos, es uno de los atractivos más tradicionales de la cultura española. A pesar de que acá, hay un sentimiento pagano en la sociedad, la noche de reyes se convierte en toda una algarabía tanto para niños como para adultos. Los pequeños se transforman en torpes vándalos arrebatándose los caramelos unos a otros. Mientras tanto, a los progenitores les da igual que sus hijos cojan las golosinas del suelo para después comérselas. Los padres son corresponsables en este inicio de la mala educación.

Antes de continuar, quiero aclarar que no soy pedófobo ni tengo alma de Herodes, ni tampoco inventé los anticonceptivos.

Tal vez me equivoque, pero soy de la época en que los padres te cagaban de un chirlo en el culo si intentabas poner el dedo en el enchufe (que ahora tienen protectores). Creo que la educación de la infancia está subvertida. Sólo les colman las necesidades materiales; saben así el precio, no el valor de las cosas. Pena grande, pues es en la niñez cuando hay que enseñarles a distinguir entre el resplandor y la luz, entre el eco y las voces verdaderas, porque esplendor tiene también lo engañoso de la fama, el éxito y el poder.

Hablando de eco… el intelectual Umberto Eco dijo tal boludez en una conferencia sobre ecología como que: "Los únicos ecólogos verdaderos son los niños, que son incapaces de matar un animal o cortar una planta". Y terminó diciendo: "Ellos sí se creen todo lo que se les dice sobre el medio ambiente".

¡¡ES MENTIRA!! Que yo recuerde, de niños robábamos naranjas con gajo y todo, reventábamos el caparazón de un caracol a taconazos, quemábamos hormigas... Matar gatos, tirar barro a la sábana de la vecina, burlarse del gordito de la clase o del blandengue o amanerado, humillarlos, reducirlos a la nada, o a un compañerito de padres pobres decirle: “Mi papá tiene un auto graaaaaande, ¡así!” (Extendiendo los brazos para dar idea de las dimensiones del coche). Todo eso nos daba el pasaporte a la adolescencia. Éramos el súmmum de la crueldad, monstruos, sin saber que éramos monstruos, lectores de Ratón Mickey. No “actuábamos” como si fuéramos Jack el Destripador; actuábamos posesionados como Jack el Destripador.

En Argentina, exagerados para todo, como siempre, el colmo es llamar “mi bebita” a una mujer de casi treinta años a quien hace tiempo que le contaron los lunares.... “Son divinos”, dice la tía de sus sobrinos, como si no fueran de la Tierra...

La psicología instintiva del infante es muy compleja y la supuesta bondad del hombre es indiscernible en ellos. Según filósofos optimistas, el hombre tiene, en estado innato, barruntos de las ideas supremas de su vida: justicia, moral y corrección, que es imposible observarlas en un niño. Un mundo añiñado y pueril sería infinitamente más peligroso y despreciable que un mundo de hombres hechos.

La niñez es una maldad que se corrige con el tiempo. Saben más que nadie, por intuición malévola. No es inocente, es un ignorante: por eso es peligroso. ¡Guárdense de las guarderías y parvularios! ¡Canteras del mal! Venden el timo del candor, son el tabú mentiroso de la inocencia, la reserva angelical de lo siniestro. Si es demasiado precoz, listo y sabe idiomas ya deja de ser niño (es superior a un adulto medio). Ya, de adolescentes, vamos puliéndonos o dando forma relativa al altruismo y anhelos de justicia, aunque más no sea como una expresión de deseos. De viejos, somos sabiduría pura, hasta un punto en que todo se rompe: se tensa tanto la cuerda de la vida que quedamos en la nada, pero no hacemos daño en el viaje de la regresión a la niñez. La maldad germina en carnes tiernas y corre deprisa, como la fiebre y las infecciones, y se hace frágil o ausente en las secas. Como consecuencia, la pureza de los sentimientos viene cuando la vida se nos apaga. Todos los hombres nacemos con un boquete en el costado, por donde vamos drenando los ideales a medida que más te ajustan las necesidades. Si hay algún viejo con trapisondas morales, no podrá ejercer de “malo” por la impotencia de la caducidad.

Para colmo, la ideación les viene programada en DVD o en aplicaciones del celular; antes se la daban los padres. Y si están mirando televisión y usted llega a casa a tomar un cafecito con los amigos, ¡cuidado! ¡No hacer ruido! O eres transparente o puedes ser una extraña injerencia. Y bueno... Pongámosle que nuestros mayores no nos educaron lo suficiente en el ejercicio del bien. Pero a mi madre nunca la vi arrancando las alas a una mariposa, ni a mi padre choreando naranjas, ni despreciando a un pobre (qué va, ¡pobre mi padre!). Con igual criterio, se puede decir que un adulto que mata es porque tiene un niño asesino adentro, crío que se hizo “asesino”, quizás cuando recibió el primer cachetazo injusto de parte de sus padres por algo que no hizo; y un niño que mata es un adulto con cuerpo de menor. Yo debería haber recibido flores de cagadas porque de niño no hacía nunca los deberes, de joven no me lavé ni un calcetín, de adulto jamás he fregado nada, y encima no hice el servicio militar, que bien me hubiera hecho falta para saber un poco lo que es el orden. La educación integral comienza y termina en casa; la escuela es un medio de instrucción didáctica. Pero más que educar, creo que los padres deben transmitir con ejemplos positivos, pues a veces son ellos los que actúan como niños dándoles todo servido, en vez de tratarlos como adultos a fin de que se hagan responsables.

En fin, se habrán dado cuenta ustedes, que muy a menudo, los niños son una flor de “hijos de puta” en la cual brota maldad por cada uno de sus pétalos.

PARTE 2: LA BENDICIÓN (ESA BENDICIÓN QUE NOS PROLONGA)

Yo debo tener carácter de madre en eso de adorar o putear a los hijos… recién les dije que un niño es la síntesis de la maldad o lo siniestro de lo angelical y ahora como poseído por una infinita ternura, ya me he dulcificado y voy a cambiar el registro con respeto a la visión de los pendejitos. Porque me puse a reflexionar sobre lo que acabo de escribir y recuerdo aquel gélido invierno del 78, cuando me fui de la Argentina... Aún tengo grabado a fuego la imagen de mis hijos de siete y ocho años durmiendo.

De ahí en más me hice a la idea de que siempre los padres (hombres) se van cuando los hijos duermen, quizás por temor a que si están despiertos te digan “¿Dónde te vas, papi? Quédate un ratito con nosotros que afuera está muy frío. Dale, un ratito nada más…” Mejor fue así... Mejor que estuvieran dormidos. Hubiera deshecho la maleta y... Mejor irse sin dar explicaciones para cosas que no tienen explicación ni nunca la tendrán ni para uno mismo, aunque se crea que con los años se esclarecerá todo.

Y si así ocurriera, ¿qué se ganaría con ello? Cuando nos encorvamos a la hora del reuma, se te encorvan todos los viejos resabios, clamores, recuerdos, celos, pasiones; todo se nos seca con los años. ¿Qué importa que al final se comprenda todo si ya es tarde? Ahora mis hijos ya mayores, de casi 50 años, son los que reconstruyen gran parte de mi vida. No obstante que yo le ofrecía mejores oportunidades laborales, Néstor fue fiel a su tierra, a la geografía de sus primeras sensaciones, tarea difícil pues hoy los padres los apartamos del nido antes de que ellos opten por su propia decisión.

Es como si lo viera, al Néstor... Camina con mis pasos de otro tiempo, volviendo descosido, con sobrecarga en las cervicales, a ese su barrio de viejos espectros, igual que yo, pidiéndole al futuro, creyendo que mañana le irá mejor... ¿Tomará un taxi? ¿Irá por la calle El Trébol que desemboca en la plaza solitaria donde está su escuela? Me parece sentirle niño todavía. Fantasmas que se asoman a las ventanas... ¡Si por lo menos fueran duendes, que estos sí tienen magia! Los sábados, domingos y festivos son especialísimos para ellos: salen a la puerta, no más allá del porche, a campanear un cacho de sol. 

Cuántas noches soñé que nunca salí de Córdoba y que mi hijo, ya mayor, me llamaba por teléfono a mi trabajo: “Papi, cuando salga de la Facu, te invito a una cerveza, y después nos vamos juntos al boxeo. ¿Tamos?”...”. 

Aquella noche me fui para siempre sin haberme ido nunca del lado de ellos. Muchas veces pensé que si yo le hubiera dicho a mi padre “quédate un ratito” el curso de mi vida hubiese sido diferente... Pero también dormía, con mis ocho años, igual que mis hijos... El azar inapelable así lo había decidido en una definición sin palabras, como un misterio se aleja a hurtadillas dejando la estela de un sentimiento laaaaaaargo... Tan largo que ni con toda una vida se logra interpretar el porqué pasan así las cosas.

Sí, ya sé que eso del “azar” o la “casualidad” son palabras muy usadas por ignorantes como yo, y queda más correctos hablar de la causalidad que dicen los físicos, interrelación de causa-efecto, por lo cual una energía conducente es determinante de los hechos y fenómenos. El sabor salado no es porque sea “salado” (es un convencionalismo lingüístico) sino porque la sal como tal resulta de la unión del cloro con el sodio. Para mí que la casualidad es como la última gota que colma la causalidad. ¿Será como asevera la mayoría de la comunidad científica que la sacarina, la penicilina o la viagra se descubrieron por casualidad? ¿Dónde lo insertamos? ¿En el error, el despiste o el azar? 

La causa de que me fue para la mierda determinó el efecto de pirarme a España. Aunque no es tan claro, ¡no!, lo de la causa-efecto (el eterno y tópico dueto físico-filosófico). ¿Y la “cualidad”? No basta decir, por ejemplo, “A causa de la irresponsabilidad de Pepito…”; se trata de una maraña de policausas imperceptibles aún al ojo del hombre, con consecuencias de multiefectos. Algo así como una vorágine de chips que juegan en el destino del hombre y la naturaleza, factores predisponentes, desencadenantes, determinantes, decisorios, condicionantes, acuciantes, estratégicos, oportunos, incidentales-accidentales, graves, agudos, crónicos… y así un laaaaaaargo etcétera. 

¿Es casualidad o causalidad que los tres ídolos con mayor gancho popular en la Argentina de este siglo y del pasado sean hijos naturales (Gardel, Perón y Eva)? Los dos primeros peinados a la gomina y ella con el cabello tensado hacia atrás; los dos primeros con sonrisa firme y seductora y la de ella dulcísima expresión cual una cestilla de nácar cargada de panes y juguetes. 

Y volviendo a mis hijos, se me hicieron mayores así, de repente. Raras veces jugué con ellos. ¡Con qué gusto volvería a cortarles la carne o pisarles las papas, darle el beso de las buenas noches! Es que mi profesión de periodista hacía que el trabajo fuera en la calle y a cualquier hora, y se llega tarde a casa... Nunca supe si sabían hacer los quebrados o el misterio de 3,1416. Les di una patada en el alma; les partí en dos algo que es más que una simple palabra: la familia; haciendo algo parecido a eso tan estúpido y mentado del que se fue a comprar cigarrillos y no volvió. 

A los niños les sermoneamos como si fueran nuestros súbditos. ‘’¿Víste, boludo?! ¡Te dije que te iba a ocurrir!...Claro, ¿si no me das bola?’’. Total, que me perdí la preadolescencia y la adolescencia de ambos… me los encontré de golpe, hechos unos jovenzuelos. 
Sus chicos se van haciendo mayores y ustedes con ellos.  
 
Nunca volvería a ver la casa de cuando eran chiquillos de cuatro o cinco años, porque las casas donde viven sugieren cosas, guardan en las paredes sus carcajeos y cabriolas, dejando grabados sobre su pintura las manos sucias emporcadas de dulce de leche. Casas con alma, que tienen alma si sus moradores la tienen; y si no la tienen, son como quirófanos silenciosos o gabinetes de oficinas bancarias.  
 
Echarán en falta las tardes ésas de cuando su hijo entraba con las zapatillas llenas de piedrecitas que hacían un chirrido terrible. Verán asombrados como, de golpe, le crece el bigote y ya estará para afeitárselo, para no ir "tan pequeño" al colegio. Y de golpe también, le crecieron las piernas. ¡Si hasta hace poco hacía los palotes! Y su nena, que jugaba a ser mujer con su lápiz de labios y el rímel, ya debe andar por pintarse, pero de verdad. Cambió el póster de las Spice Girls por el de Brad Pitt, y el ganchito del corpiño se le insinúa por debajo de la blusa.  

El ayer no se puede rebobinar como los cassettes... Uno no disfruta de los hijos: generalmente a la edad de los treinta y pico hay que trabajar duro y se llega tarde a casa. Ellos están dormidos, despatarrados (como duermen siempre), convertidos en una minúscula prueba de sus juegos, rabietas y energías. 
Sin embargo, en todos los niños se encierra el prodigio de un ser nuevo y vivo. ¡Qué ternura indescriptible nos inunda mirándolos!, pues son vidas que son nuestras vidas. Las madres guardan a veces un lacito del pelo o los dientecitos de leche... o tal vez UN ZAPATITO. 

Pasaron los años, y sólo me quedó el recuerdo y la imagen de aquel zapatito pequeño raído y viejo, con cortes negros en la punta de tanto gatear, y que siempre está fuera de la cuna. Tiene razón Khalil Gibran: en el fondo, nuestros hijos no son nuestros hijos, pues la vida no es una foto fija; ni se detiene ni se entretiene en el ayer. Y llega un momento de la vida, hay un día, en que ese zapatito se ha quedado pequeño, y ya no son "nuestros niños". Un gesto nos dice que la infancia no volverá, se acaba como las pompas. Por eso hay que jugar y divertirse con ellos, estar cuando son carne flexible, divertida; y guardar un "zapatito", así toda esa ternura volverá a nuestras manos y ojos.  

Después, ya hombres o mujeres, no la tendremos más, porque los hijos no nos prolongan, ni nos reemplazan, ni son custodios de nuestros recuerdos; serán ellos y su problemática. Ningún hijo se hizo con papel carbónico. Hombres y mujeres que sufrirán dolores. ¿Cuándo tendrán la primera decepción? Es probable que cuando la tengan sus padres no estarán a su lado, y tendrán que aceptar el dolor como cosa natural, asumir que no es rozando la jeringa sino pinchándose el culo como se van a curar. ¿Cuándo se les caerá el primer mechón de pelo? ¿Qué tipo de mujer u hombre preferirán? ¿Cómo asimilarán los golpes de la vida, que es un combate a incontables asaltos? ¿En qué momento les asomará la primera cana, debido a qué o quién? ¿Con amigos o amores? Y cuando tengan el primer contratiempo o pelea, ¿con qué armas pelearán? ¿Qué pesará más en su bagaje de recuerdos, lo que les dimos en casa o lo que asimilaron en la calle? 

En fin, habría que meterse en los misterios de la vida… 

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