¡Se está gestando un nuevo Rodrigazo, otra vez!

OPINIÓN 21 de mayo de 2022 Por Ramiro Castiñeira*
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Si bien los cepos cambiarios y los controles de precios nunca funcionaron como políticas de estabilización, y la inflación sigue el curso natural que le otorga la emisión monetaria, esas políticas se aplican desde el golpe de Estado de 1930 a la fecha, por todos los gobiernos democráticos o no, salvo la pausa en la década de los 90. Única década sin inflación.

Pese al fracaso histórico que en breve cumple un siglo, la heterodoxia económica criolla se renueva e insiste con esta receta. Siempre llega una nueva cambada de burócratas que intentan controlar precios, porque lo que no pueden controlar es la emisión monetaria, que fue regalada al populismo desde la nacionalización del BCRA en 1946.

La ciencia económica ya demostró que lo único que genera inflación es el exceso de emisión de pesos, y lo único que frena la inflación es dejar de emitir. Nada más. La supuesta multicausalidad de la inflación es sólo relato para excusar a la política del flagelo de la inflación, buscando culpar a privados por el alza de precios. Simples mentiras tan arraigadas que todavía se enseña como ciencia económica en toda facultad de Argentina.

El control de precios no frena la inflación y lo único que genera es un descomunal atraso de precios relativos, gestando una bomba inflacionaria para más adelante y una crisis por desabastecimiento en los sectores afectados.

El actual Gobierno no escapa a la historia argentina y hace lo mismo que todos sus predecesores. Emite oleadas de pesos para financiar el gasto público e intenta que toda la marea de pesos no llegue a las góndolas imponiendo cepos y controles de precios por toda la economía.

En dos años y cuatro meses de gestión el Gobierno acumula 153% de inflación, pese a que la intentó contener pisando las tarifas de electricidad y gas que acumulan un aumento de sólo 35% en ese período. Ello implica que las tarifas necesitan un aumento del 88% sólo para igualar la inflación acumulada desde diciembre 2019.

Otros sectores también fueron afectados por los controles de precios. Telefonía e internet necesita un aumento del 50%, el transporte público del 46%, las prepagas del 27% y las naftas un 18%, sólo para empatar a la inflación acumulada en los últimos dos años y cuatro meses.

La suma de todos los controles de precios durante el actual gobierno ya generó una inflación reprimida de 7,8 puntos porcentuales sobre el índice general. Pero eso es sólo el impacto directo. Al considerar el impacto indirecto los meses subsiguientes de igual magnitud, se llega a una inflación reprimida total de 16 puntos porcentuales. Dicho de otra forma, hay 16 puntos de inflación que se esconden bajo la alfombra de los controles de precios y tarifas.

Por supuesto que la madre de todos los controles de precios lo impone la brecha cambiaria, dado que el tipo de cambio es lo que conecta Argentina con el mundo. El populismo sólo sobrevive en economías cerradas e impone cepos aislando la economía, con precios internos que responden a la política y no a la realidad económica, al menos por un tiempo.

Consecuencias repetidas

Es que la historia demuestra que los controles de precios acumulan tensiones en la economía que se hacen imposibles de sostener. Pisar precios hace volar el gasto público y se come las reservas porque lo que no paga el privado, lo intenta cubrir el Estado.

La cuenta de los subsidios escala en forma exponencial y a gatas el Estado cubre el gasto corriente del sector afectado, generando una descapitalización por no cubrir las inversiones necesarias.

Con el tiempo reaparece con crudeza el déficit energético, las reservas del BCRA llegan a cero, la brecha cambiara escala, la inflación acelera, y todavía no se destapó la olla del control de precios. La crisis que gesta esta política económica culmina en colapso energético, cambiario, fiscal e inflacionario, todo en simultaneo. Lamentablemente es lo que gesta este gobierno, una vez más.

Episodios similares en la historia argentina

El “Rodrigazo” de 1975 fue la crisis económica que llegó cuando se acabaron las reservas del BCRA y también el poder político para seguir pisando precios, salarios y tarifas. La explosión de precios todavía se recuerda entre argentinos que peinan canas porque tras esa crisis, argentina empezó a vivir con tres dígitos de inflación la siguiente década, hasta llegar a la hiper en 1989/90.

Pero no fue la primera gran crisis por esta política económica. En 1955 había pasado lo mismo, tras una década del primer peronismo pisando el dólar, los precios, las tarifas y comerse todas las reservas del BCRA para sostener los “precios cuidados” de la época.

La década kirchnerista es lo mismo, pero en este siglo. La crisis demoró en llegar porque, así como Perón se comió todas las reservas del BCRA que dejó la segunda guerra mundial, el kirchnerismo se comió todas las reservas que dejó la soja, además de las inversiones de la década de los 90.

Los años 1955, 1975, 2015 tienen en común el estallido por el aire de esta política económica. El actual Gobierno está repitiendo la historia de pisar precios y comerse las reservas, mientras emite para financiar un déficit fiscal total de 8% del PBI (5 puntos porcentuales del Gobierno Nacional y 3pp del BCRA). Lo mismo que el peronismo hacía en la previa al Rodrigazo.

Una brecha cambiaria en torno de 100% habla de la magnitud de la bomba inflacionaria que gestó este gobierno. Habla de una crisis económica en puerta de magnitud, que lleva a buena parte del oficialismo a bajarse del barco antes de que estalle, y los que se quedan cuentan los días para ver si la bomba inflacionaria le estalla al próximo presidente.

Este modelo económico no sólo no tiene solución, en el camino destruye el sistema de precios en la economía y por tanto aleja a la Argentina del capitalismo. Simple, sin precios no hay mercado, sin mercados no hay inversión, sin inversión no hay oferta. Esta política económica sólo encamina al país a repetir la crisis de siempre. No es un comentario apresurado, son 90 años haciendo lo mismo con los mismos resultados, salvo la década de 1990.

Argentina comenzó su colapso cuando se alejó de la cultura liberal con el golpe de 1930 y comenzó a abrazar todas estas prácticas económicas propias del fascismo italiano, de las cuales se enamoró y nunca más soltó. Y colapsó cuando se alejó del comercio exterior, cuando hizo carne el “vivir con lo nuestro”, el “Estado presente” y coquetear con el “Che”.

Pero el problema económico sólo es reflejo del problema sociológico que hay de fondo. Hay que preguntarse por qué siendo un país democrático, no sorprende el apoyo de Argentina a las dictaduras de la región, o su insistencia por empatizar con cualquier régimen totalitario que exista en el mundo. Cuando eso indigne a todos los ciudadanos, recién ahí arrancará la solución porque será el reflejo de un cambio cultural que rápidamente se reflejará en las urnas.

 

 

* Para www.infobae.com

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