Cómo mantener sana nuestra mente en tiempos de guerra y pandemia

SALUD 08 de marzo de 2022 Por Sara BLANC
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La guerra y las imágenes de horror y de destrucción vienen a impactarnos en momentos muy peculiares de retorno a ciertas “normalidades” de nuestra vida prepandémica.

Son muy cercanos todavía los meses de encierro y de miedo, y el informe diario sobre el número de casos y de muertos. Recordamos el temor a nuestra propia muerte en manos del COVID-19, ahora algo atenuado por la vacunación.

Hace poco, también, temíamos a la soledad de una internación en terapia intensiva, donde ningún ser querido tendría acceso y los días transcurrirían con angustia y sensación de desamparo. A todos se “nos movió el piso”, vivimos el peso de la incertidumbre y nuestro equilibrio emocional se vio puesto a prueba.

También el retorno a algunos hábitos cotidianos desafía el equilibrio de quienes se habían adaptado a las condiciones de la cuarentena y a los cuidados que la pandemia hacía necesarios. Surgen ansiedades y dudas frente a lo antiguo, lo que fue habitual pero dejó de serlo a lo largo de dos años.

Una persona con rasgos fóbicos podrá sentir temores frente a la vuelta a la presencialidad, a las ahora posibles reuniones sociales, a viajar, a volver a los lugares que dejaron de ser habituales. Inseguridades, temores, dudas, pueden hacer difícil la paulatina recuperación del equilibrio interior.

Ahora bien, en medio de este proceso, que para cada uno representa un desafío diverso, la irrupción de la violencia complica el panorama emocional de todos.

Si bien se trata de fenómenos muy distintos uno de otro, la guerra en Ucrania, una violación grupal, la inseguridad generalizada en las calles, tienen algo en común: la violencia que genera miedo.

Este sentimiento, que remite a nuestra vulnerabilidad como humanos y nos retrotrae a períodos tempranos de la existencia, altera la vida psíquica de las personas. En algunos, producirá tristeza, eventualmente depresión, en otros enojos que pueden llegar a la rabia, el rencor y a la propia violencia. La angustia, la ansiedad, el insomnio, la intolerancia son otros síntomas que vemos aparecer en estos tiempos.

Cuando el mundo se vuelve amenazante, las ansiedades persecutorias aumentan y nos hacen más frágiles, en momentos en que necesitaríamos sentirnos fuertes para hacer frente a las circunstancias difíciles.

Qué hacer ante una situación tan compleja
Debemos proteger nuestro equilibrio, si es que lo tenemos, o recuperarlo en la medida en la que lo hayamos perdido. Los vínculos humanos cordiales y empáticos, el entorno familiar amoroso, nuestra labor cotidiana, seguramente son factores en los que podemos apoyarnos. La lectura, los deportes, la música y el arte en general serán buenas compañías, como el ejercicio de la solidaridad, un buen hábito.

Además, existen los psicoanalistas y los psicofármacos.

Aclaremos esto último: si la angustia, la depresión o la confusión llegan a cierto punto, si se siente que los recursos propios no alcanzan, es bueno considerar que la consulta con un profesional especializado vendría bien.

La ayuda terapéutica -que permite conocerse y entenderse más y mejor- es valiosa, sobre todo en momentos complejos como estos. Claro que para que sirva realmente, quien consulta deberá tener lo que llamamos una “motivación autónoma” suficiente, una cierta percepción de sus problemas y de su necesidad de recibir ayuda. Luego se verá cuál es la indicación terapéutica más adecuada: una psicoterapia breve, un psicoanálisis, una terapia combinada con medicación, según las características del padecimiento del paciente.

Vale la pena concluir diciendo que con los diversos recursos mencionados y con otros, necesitamos fortalecer nuestra capacidad de resiliencia para superar las circunstancias adversas y las injurias que estas producen en nuestro psiquismo.

Fuente: TN

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