Alberto Fernández quiere evitar un nuevo default, pero la última palabra la tendrá Cristina Kirchner

ECONOMÍA 16 de mayo de 2021 Por Pablo Wende*
6PKSOJCTDNETJMTB5SH4YZDIR4

Alberto Fernández quiere evitar su segundo default antes de cumplir dos años de mandato. Ése fue el mensaje más fuerte de su viaje a Europa, en el que se limitó a recibir algunos tibios apoyos en la tarea de patear para adelante las deudas con el Club de París y el FMI. El Presidente pidió tiempo para negociar con el Fondo después de las elecciones legislativas y en el medio evitar caer nuevamente en cesación de pagos. Suena razonable, si no fuera por un detalle: nadie cree que la Argentina esté dispuesto a embarcarse en un programa serio que tienda al equilibrio de las cuentas públicas y reformas que permitan sacar al país del triste derrotero de los últimos diez años.

Pero hay algo peor que la desconfianza que el país despierta entre los inversores internacionales y también en quienes dirigen los organismos de crédito, luego de reiterados incumplimientos. El otro problema que debe enfrentar el Presidente es que está sumamente devaluada su palabra y la de Martín Guzmán, que mantuvo un bajo perfil durante toda la gira europea. La sospecha es que cualquier definición, en particular en lo que respecta a un acuerdo futuro con el Fondo, deberá primero pasar por el visto bueno de Cristina Kirchner. Por lo tanto, todo lo que exprese Alberto Fernández al menos esta materia tiene un peso relativo.

El Gobierno ya tuvo un primer default el año pasado, que luego subsanó con un acuerdo con el 99% de los bonistas. El resultado fue satisfactorio, pero la nueva deuda cotiza todavía a precios muy bajos y un riesgo país superior a los 1.500 puntos. La razón principal es que los inversores descreen que estén dadas las condiciones para volver a pagar los vencimientos de deuda a partir de 2025, ante la imposibilidad de acceso a los mercados. Tampoco se generan dólares suficientes para afrontar esas obligaciones.

Los países acreedores que integran el Club de París estarían dispuestos a darle una prórroga extraordinaria a la Argentina para evitar un nuevo incumplimiento. El vencimiento de USD 2.400 millones cae a fin de mes, pero se puede extender otros 60 días de gracia. Sin embargo, nada cambiaria sustancialmente desde ahora hasta fin de julio. El objetivo sería darle un plazo adicional al país para afrontar ese pago, pero debería ir de la mano de alguna señal del Fondo. Todo está aún en veremos.

Con el FMI el panorama es todavía más complejo. Hasta fin de año vencen entre capital e intereses alrededor de USD 4.000 millones. La falta de un acuerdo previo a las elecciones obligaría a desembolsar los pocos dólares líquidos que quedan en las reservas. ¿Se podrán prorrogar también esos vencimientos para que formen parte de un nuevo acuerdo? Es otra de las incógnitas no develadas.

Martín Guzmán había asegurado en su momento que un default con el FMI “convertiría a la Argentina en un paria”. Se trataría de una situación inédita y casi impensable. Ni siquiera en la crisis del 2002 se le dejó de pagar al Fondo. Y en 2006 Néstor Kirchner canceló casi USD 10.000 millones que se le adeudaban, siguiendo los pasos de Brasil. Pero Cristina Kirchner se ha mostrado con el paso de los años mucho más intransigente que su marido en distintos aspectos. Hace poco más de un mes dejó en claro que no apoyaba un acuerdo a 10 años con el organismo por considerarlo “insuficiente”. Es casi imposible que el organismo ceda en este punto, ya que las características del Acuerdo de Facilidades Extendidas que busca la Argentina incluye ese plazo, junto a cinco años de gracia para empezar a pagar el capital. No parece viable que se defina una extensión, por ejemplo, a 20 años.

Es un misterio todavía qué quiere negociar Guzmán con el Fondo y hasta dónde le darán rienda suelta. Cualquier acuerdo con el organismo debería incluír un programa con mayor control del gasto, una reducción del déficit y también reformas estructurales que incluyan una reforma impositiva y nuevas reglas para el mercado laboral.

Bendecidos por la soja

La soja a USD 600 le da al Gobierno un importante margen de acción. No sólo aporta USD 8.000 millones más a la cosecha de este año, sino que además generará una recaudación adicional equivalente a casi USD 3.000 millones. Según calculó el economista Fernando Marul, las retenciones representarán más de 2% del PBI, un récord histórico.

Quien lo definió de manera llana fue el economista Andrés Borenstein: “No desbarrancamos”. En otras palabras, es posible llegar a noviembre (la nueva fecha electoral) sin grandes sobresaltos cambiarios y la expectativa de una recuperación gradual si la inflación empieza a ceder. ¿Alcanza para ganar las elecciones legislativas? Nadie lo sabe, pero ayudar al Gobierno a llegar un poco menos apremiado y sobre todo con un programa mucho más avanzado de vacunación.

Es imposible, no obstante, hacer este tipo de cálculos lineales y mucho menos en la Argentina. En el segundo semestre la economía también deberá enfrentar grandes desafíos. El ingreso de dólares proveniente de la soja se reducirá sensiblemente y habrá mayor búsqueda de cobertura en moneda dura ante la incertidumbre electoral. Guzmán pudo sofocar un intento de rebote que tuvo el “contado con liquidación” hace un par de semanas, pero las próximas presiones seguramente serán todavía más intensas.

Sobre el cierre de la gira presidencial a Europa tanto los bonos como las acciones argentinas mostraron una reacción favorable. Fue la reacción ante los rumores de un posible acuerdo para “patear” para más adelante el pago de la deuda con el Club de París, clave para evitar un nuevo default.

Nunca tan baratos, tanto tiempo

Pero no será fácil que se mantenga la tendencia alcista. El principal argumento de los que deciden poner nuevamente un pie en activos locales tienen pocos argumentos para justificar el optimismo. Pero la principal consideración es que los activos argentinos “nunca estuvieron tan baratos por tanto tiempo”. Es decir una apuesta a una recuperación basada en precios históricos.

La clave estará en las encuestas y finalmente en las elecciones legislativas. En la medida que el resultado apunte a una mayor paridad de fuerzas entre el Gobierno y la oposición es posible que el rally de las últimas jornadas tome todavía más envión. Si en cambio todo apunta que se repita un resultado que se acerque al de 2019 puede sobrevenir un mayor bajón aún.

Si algo no logró aún Alberto Fernández es revertir el pesimismo que se instaló ni bien ganó las PASO. Es más, en estos casi dos años consiguió todo lo contrario. Hoy las expectativas sobre el futuro de la economía argentina están por el piso, como lo demuestra el persistente nivel de inflación, y las tensiones políticas de la coalición siguen al rojo vivo. Demasiada carga para inversores que perdieron una y otra vez apostando a la Argentina y ahora no están dispuestos a caer en la trampa de siempre.

 

 

* Para www.infobae.com

Te puede interesar