Luis Scervino: “Hay que hacer una sintonía fina de la cuarentena porque no podemos quedarnos encerrados hasta que termine la pandemia”

CORONAVIRUS Por Heretz Nivel
El médico sanitarista elaboró junto a un grupo multidisciplinario una propuesta para salir del aislamiento con menos riesgos. Plantean llevar a hoteles a la mitad de la población de los geriátricos y que salgan a trabajar los que tienen entre 18 y 35 años
PROPUESTA

¿Menos cuarentena? ¿Más cuarentena? ¿Cómo volver a la mayor normalidad posible en medio de la anormalidad de la pandemia? Respuestas hay casi tantas como especialistas que ocupan horas en los medios para aconsejar sobre algo que nadie conoce profundamente. “No hay expertos en esta pandemia. Todos los días escuchamos a alguien que habla de algo que hasta la comunidad científica del mundo desconoce. El ejemplo más cabal fue cuando vimos desfilar a quienes desalentaban el uso del barbijo y, semanas después, decían que era necesario. Lo mismo le pasó a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si hubiera especialistas importantes en todo el mundo, los países habrían tomado conductas similares ante el COVID-19. Y todos adoptaron decisiones disímiles de manera independiente a su grado de desarrollo, desde Estados Unidos y Brasil hasta los países escandinavos, donde Suecia hizo una cosa y Noruega, lo contrario. Es la prueba palmaria de que acá no hay nada escrito y que esta historia se va tratando de resolver en la medida en que se va desarrollando”.

El que habla es Luis Scervino, médico sanitarista de mucha experiencia y ex titular de la Superintendencia de Servicios de Salud, que integra un grupo de técnicos y profesionales de distintas disciplinas que, preocupados por el avance del coronavirus y la ausencia de respuestas, elaboraron una propuesta para salir de la cuarentena que se basa en algunas certezas que existen.

“Hay pocas certezas sobre el tema, pero una es que no podemos quedarnos encerrados el resto de nuestras vidas hasta que esto se termine. Nadie lo ha hecho en el mundo. Por lo tanto, tenemos que salir del aislamiento de una manera en la que haya menores riesgos. El Gobierno ha tomado muy buenas decisiones hasta ahora y esta es una propuesta que busca aportar una suerte de sintonía fina a las que se pusieron en marcha”, afirmó Scervino durante una entrevista con Infobae.

-¿Por qué hace tanto hincapié en que esta propuesta se basa en las certezas?

-Porque estamos ante algo que se comporta como una nueva enfermedad, aunque algunas variantes del virus ya se conocían, y no hay ninguna persona que pueda decir que es especialista en este tema. A nadie se le ocurriría hoy hacer una práctica alocada para una cirugía cardiovascular o para tratar un infarto porque se sabe desde hace 80 años cómo hacerlo. Sobre esta enfermedad no hay experiencia y la comunidad médica y científica está dominada por la incertidumbre y el desconocimiento. Por eso tenemos que ser prudentes a la hora de dar un consejo a la sociedad. Lo que hoy digamos como una verdad revelada quizá mañana nos obligue a desdecirnos. Como el uso del barbijo o los diez tratamientos que se han probado en el mundo, que se presentaron como la panacea y parece que no sirve ninguno.

-¿Con qué certezas comenzaron a elaborar la propuesta?

-Hoy tenemos casi 4 millones de infectados, más de 300.000 muertos y prácticamente la mayor parte de los países con contaminación. Esa certeza lleva, por ejemplo, a una pregunta: ¿dónde se muere la gente? El 50% se muere en los geriátricos en España y en el Reino Unido. El 35%, en Francia e Italia. Ya vemos lo que está pasando en la Argentina, donde solamente una obra social como el PAMI tiene cerca de 22.000 internados en todo el país. En la ciudad de Buenos Aires hay cerca de 400 geriátricos. Y aunque el PAMI está trabajando fuertemente en el tema, al igual que los funcionarios nacionales, porteños y de otros distritos, no alcanza con elaborar protocolos. Aquellos países también lo tienen y la gente se les muere igual. Creemos que hay que disminuir desde el punto de vista epidemiológico el efecto cascada de la infección en los geriátricos, sobre todo en donde hay tres o cuatro pacientes por habitación. Entonces, hagamos una evaluación de cada uno y a los que estén en mejores condiciones los podemos trasladar a hoteles, en habitaciones individuales donde se les preste la atención que corresponda. Algunos podrán ir con sus familias. Y otros se quedarán en el mismo geriátrico. La idea es, en un plazo no mayor a un mes, reducir a la mitad la cantidad de adultos mayores internados.

-Así se reducen las posibilidades de contagio, pero igual se mantiene el riesgo de que la infección llegue con el personal que atiende a esos adultos mayores.

-Claro, pero hay que promover que el trabajo de los cuidadores y enfermeros se desarrolle en una única residencia durante el período que circule el virus. En el sector de salud abunda el pluriempleo y el personal está en tránsito permanente, y un porcentaje alto cursa la enfermedad en forma asintomática y contagia sin saber que lo está haciendo. En estos lugares es imprescindible hacer testeos para ir aislando a aquellos que den positivo. Lo mismo, además, hay que hacer entre quienes trabajan en funerarias, en centros de comercialización de alimentos y en farmacias.

-Pero tampoco hay que descuidar a esos adultos mayores que están en sus casas.

-En este caso hay que impulsar acciones positivas para contrarrestar la sensación de un aislamiento que les resta derechos. Los adultos mayores también tienen un nivel de agotamiento importante por el encierro, y más todavía si están solos y lejos de sus familias. Por eso proponemos que en los medios haya programas de entretenimientos para esta franja específica de la población, donde se pueda premiar el aislamiento y hacerlo participativo. Esta es una pandemia que se transmite en vivo: todo el tiempo te dicen la cantidad de muertos y de infectados que hay, con lo cual a la gente de la tercera edad, que es la que seguramente más va a estar afectada, le impacta negativamente.

-Uno de los aspectos más originales de la propuesta que elaboraron es la de liberar a la población de entre los 18 y 35 años para que se reintegren a su actividad laboral.

-Si uno toma los números del último censo, de 2010, y los actualiza, estamos hablando de unas 5 millones de personas de la población económicamente activa que, según la experiencia de otros países, tienen las cifras más bajas de mortalidad por el COVID-19. Proponemos que vuelvan a trabajar, siempre que no convivan con mayores de 65 años o que tengan a su cargo a hijos menores.

-¿No los expone, aun así, a un alto riesgo de contagio?

-Hoy liberamos a la gente por actividad, desde los 18 hasta los 60 años. Pero entre los 35 y los 50 años la diferencia de mortalidad se duplica. Por eso creemos que podría liberarse en una primera oleada a aquellos que van a tener consecuencias muy bajas si llegaran a contagiarse. No es lo mismo que se infecte una persona de 35 años que una de 55 años. Además, esto va de la mano de monitorear estas salidas y de instrumentarlas con un criterio geográfico: en el AMBA, que es el área que más va sufrir los contagios, hay zonas que son bolsones de pobreza y allí hay que hacer un trabajo regionalizado para ir viendo cuál es la capacidad hospitalaria.

-¿Cómo resolverían el tema de los turnos laborales para los que reanudan las tareas?

-Proponemos distribuir a las personas en turnos alternativos, siguiendo el esquema del Instituto Weissman, de Israel: diseñó un modelo matemático que permitió determinar que se contribuye a cortar la cadena de contagios si la población trabaja cuatro días y se aísla durante diez. Esto es porque durante los primeros cuatro días la enfermedad es prácticamente no transmitible y el mayor nivel de contagios se da entre el sexto y el décimo día. Acá ya existen algunos lugares en donde se aplica un esquema parecido, que tiene la lógica de la evolución del virus en el cuerpo.

-¿Cree que es muy riesgosa la actual flexibilización de la cuarentena en la Capital si se van multiplicando los casos de contagiados?

-Cualquier apertura incluye el riesgo de que aumenten los contagios. A veces se opta no por lo ideal, sino por la situación que genere el menor daño potencial posible, considerando que hay una certeza: no podemos quedarnos encerrados el resto de nuestras vidas hasta que esto se termine. La apertura es un riesgo que hay que tomar porque la gente se está cansando del encierro y está empezando a violar la cuarentena y, además, por los daños colaterales de la enfermedad, que tienen que ver con el parate económico, además de los problemas de salud que se están desatendiendo por el miedo de ir al médico o al hospital. Por eso acompañamos la decisión política de salir del aislamiento y decidimos aportar estas ideas para hacer una sintonía fina de esta etapa. Nos parece que también sería importante que se integre una mesa multisectorial que aporte una visión no sólo infectológica de la situación actual, con técnicos que representen al Gobierno, al sector productivo y al sindicalismo. Hay que ayudar a los dirigentes políticos para que tomen las mejores decisiones posibles ante la pandemia.

Con información de www.infobae.com sobre una nota de Ricardo Carpena

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