Llaryora salió con los tapones de punta contra Milei: “No hay diferencias con el kirchnerismo”

POLÍTICA03 de noviembre de 2026Agencia de Noticias del InteriorAgencia de Noticias del Interior

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Resumen

  • El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, cuestionó duramente la decisión del Gobierno nacional de incrementar los subsidios al transporte público del AMBA.

  • Acusó a Javier Milei de darle la espalda a Córdoba y al resto del interior argentino.

  • Calificó la política de subsidios como «discriminatoria y populista», y sostuvo que no encuentra diferencias con el kirchnerismo.

  • Advirtió que mientras Nación absorbe los mayores costos del transporte en Buenos Aires, en el interior los pagan los pasajeros y los gobiernos locales.

  • Reclamó una distribución federal de los recursos y exigió que Córdoba reciba el mismo tratamiento que el área metropolitana.

El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, decidió levantar la voz y confrontar públicamente con Javier Milei por una decisión del Gobierno nacional que vuelve a poner sobre la mesa una vieja discusión argentina: la distribución de los recursos y el histórico desequilibrio entre Buenos Aires y el interior.

La determinación de la administración libertaria de incrementar las compensaciones económicas destinadas al transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), con el objetivo de evitar nuevos aumentos del boleto, provocó una fuerte reacción del mandatario cordobés, que no ahorró críticas y eligió una comparación políticamente explosiva: dijo que la política de subsidios de Milei es idéntica a la que aplicaba el kirchnerismo.

«Una vez más, el Gobierno nacional aumenta los subsidios al transporte del AMBA y le da la espalda a Córdoba y al interior», disparó Llaryora a través de sus redes sociales.

Pero su cuestionamiento fue mucho más allá de una discusión tarifaria. El gobernador puso el foco en lo que considera una contradicción central del modelo económico nacional: el Gobierno reclama equilibrio fiscal y austeridad a las provincias, pero al mismo tiempo decide ampliar la asistencia económica para sostener el transporte de Buenos Aires.

«Los cordobeses también aportamos los recursos que financian esas decisiones. Sin embargo, mientras la Nación absorbe los mayores costos del transporte en el AMBA, en nuestras provincias ese esfuerzo recae sobre los pasajeros y los gobiernos locales», sostuvo.

Llaryora enumeró los problemas que enfrenta el transporte del interior: combustible, salarios, repuestos y mantenimiento. Costos que, según remarcó, no son exclusivos de Buenos Aires y que también afectan a trabajadores, estudiantes y familias cordobesas que necesitan utilizar diariamente el colectivo.

Su frase más contundente llegó cuando comparó directamente la política de Javier Milei con la del kirchnerismo.

«Asistimos en esta materia a una política discriminatoria y populista idéntica a la del kirchnerismo. No hay diferencias y los cordobeses las seguimos padeciendo», afirmó.

La declaración tiene un peso político particular. Llaryora no es un dirigente opositor que simplemente busca confrontar con la Casa Rosada. Es el gobernador de una de las provincias más importantes del país, que mantiene una relación compleja con el Gobierno nacional y que necesita negociar permanentemente recursos, obras y financiamiento.

El reclamo también tiene una dimensión económica concreta: el boleto urbano en Córdoba supera ampliamente el valor que pagan los usuarios del AMBA. Mientras en el área metropolitana se busca mantener la tarifa mínima en torno a los 742 pesos, en la capital cordobesa el pasaje ronda los 2.150 pesos.

La diferencia es difícil de explicarles a los ciudadanos del interior, especialmente cuando los recursos nacionales provienen de los impuestos que pagan todos los argentinos.

Llaryora aclaró que no cuestiona que se proteja el bolsillo de los pasajeros de Buenos Aires. Lo que considera inadmisible es que esa protección no alcance a los usuarios del resto del país.

«No se puede invocar el equilibrio fiscal para negar respuestas a las provincias y, al mismo tiempo, ampliar la asistencia al AMBA», insistió.

Y cerró con una definición que resume el espíritu de su reclamo: «El federalismo se demuestra cuando se distribuyen los recursos. Córdoba exige lo que le corresponde».

Una discusión que Milei no puede ignorar

El planteo de Llaryora abre un debate que excede largamente al transporte público. ¿Puede un gobierno nacional exigirles a las provincias que reduzcan gastos, eliminen subsidios y se ajusten el cinturón mientras mantiene una política de asistencia diferenciada para el distrito electoralmente más importante del país?

La discusión no significa que haya que quitarles los subsidios a los pasajeros del AMBA. Significa preguntarse por qué un trabajador de Córdoba, Rosario, Santa Fe o Rafaela debe afrontar un boleto considerablemente más caro que un usuario de Buenos Aires.

Y aquí aparece una contradicción que el Gobierno de Milei tendrá que explicar: si el argumento es terminar con los privilegios, los privilegios no pueden cambiar de nombre ni de beneficiario.

El federalismo no puede ser una consigna para los discursos presidenciales y una cuestión secundaria cuando llega el momento de repartir los recursos.

Llaryora fue contundente y puso sobre la mesa una realidad que comparten numerosos gobernadores e intendentes del interior. La motosierra puede ser una herramienta de administración, pero no debería convertirse en un mecanismo para profundizar las desigualdades territoriales.

Milei llegó prometiendo terminar con las prácticas de la vieja política. Si en materia de subsidios reproduce los mismos criterios que cuestionaba del kirchnerismo, tendrá que explicar dónde está el cambio.

Porque la Argentina no termina en la General Paz. Y los argentinos del interior también pagan impuestos, trabajan, producen y tienen derecho a recibir un trato igualitario.

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