Esteban “tito” dómina reconstruye la vida de rivadavia en su nuevo libro: “son las memorias que él no escribió”

POLÍTICAAgencia 24 NoticiasAgencia 24 Noticias

Bernardino Rivadavia integra el imaginario histórico argentino. Su nombre aparece en avenidas, plazas, escuelas y en el emblemático sillón presidencial. Elegido presidente en 1826, su figura suele quedar atrapada entre el mito escolar y las controversias políticas de los primeros años de la nación.

En su último libro, Yo, Rivadavia, el escritor e historiador cordobés Esteban “Tito” Dómina propone un recorrido por la vida del prócer desde una perspectiva diferente. La obra, que se presentará en la Feria del Libro de Córdoba el próximo 30 de octubre, está escrita en primera persona y reconstruye tanto las decisiones públicas del dirigente como su intimidad familiar y humana. El autor aclara que no inventa hechos, sino que recurre a herramientas literarias para narrar acontecimientos documentados.

En diálogo con Diario Alfil, Dómina analiza el legado de Rivadavia, las controversias que marcaron su trayectoria y los paralelismos entre las divisiones políticas del siglo XIX y las grietas de la Argentina contemporánea.

“este libro trata de ser las memorias que él no escribió”

—¿Qué lo motivó a escribir este libro?

—Si uno hiciera una encuesta abierta sobre los personajes más conocidos de la historia, él está seguro en el casting. Se lo tiene como el primer presidente argentino, aunque no regía la Constitución de 1853, ya que fue presidente en 1826. De allí viene toda la leyenda del famoso sillón, las plazas, calles, barrios, cuadernos, radios y clubes de fútbol, pero lo que él hizo no es tan conocido.

Lo que digo, tal vez presuntuosamente, es que este libro trata de ser las memorias que él no escribió. Dejó cartas y correspondencias que permiten trazar su trayectoria; por eso lo definí e incluso lo puse así en la tapa como una “memoria conjetural”, lo cual indica por dónde va la obra.

—Está escrito en primera persona. ¿Cómo definió ese recurso narrativo?

—Es un género literario, no una biografía dura. Sin embargo, no hay ficción: todo lo que se relata está comprobado o escrito en fuentes documentales. Se trata de un abordaje literario sobre hechos estrictamente reales.

—¿Cuánto tiempo le llevó desarrollar esta obra?

—Yo voy abriendo en la computadora carpetas de posibles libros, voy juntando material y luego veo cuál redondeo para presentar. Este debe ser el proyecto que más tiempo llevaba esperando: pasaron un montón de años juntando documentación y puliéndolo.

el mito del sillón de rivadavia y su lado más íntimo

—Mencionó la leyenda del “Sillón de Rivadavia”. ¿Qué hay de cierto en ese mito?

—Eso es puramente legendario. No es el sillón actual que se utiliza en la Casa Rosada. En aquel entonces, Rivadavia llevó sus propios muebles a la sede de gobierno, incluido el sillón de su casa. Cuando renunció y se fue, se lo llevó consigo.

—Además del hombre público, el libro indaga en su ámbito personal. ¿Qué descubrió al adentrarse en su intimidad?

—Su vida pública fue por un lado, pero adentrarse en su vida privada fue como destapar una caja de Pandora. Aparecieron episodios y cuestiones muy jugosas que integran ese “lado B”, entre ellas el vínculo complejo con sus hijos. El lector no solo va a encontrar el costado político, sino también lo privado. Y reitero: todo sin ficción, eso es lo importante.

unitarios, federales y una grieta que atraviesa la historia argentina

—¿Cómo deberíamos procesar los cordobeses la figura de Rivadavia, que fue uno de los emblemas de la lucha entre unitarios y federales?

—Son muy pocos los personajes históricos que reúnen unanimidad. San Martín y Belgrano la tienen; después, el resto divide las bibliotecas, como pasa con Sarmiento. Rivadavia recibe muchas críticas por ese lado B que tienen todos los protagonistas de la historia. Con el tiempo han salido cosas a la luz, como el caso del crédito con la Baring Brothers.

—¿El comienzo formal de la deuda externa argentina?

—Así se dice. A Rivadavia le tocó actuar en un tiempo de grieta que está presente en toda la historia argentina; es una constante de nuestro país. En esa década de 1820 la grieta era tremenda entre unitarios y federales, con batallas y enfrentamientos abiertos. Tenía enemigos acérrimos como Facundo Quiroga.

Le tocó actuar en tiempos de discordia y lo pagó muy caro. En 1827 renuncia a la presidencia y se va. Años después, en 1834, intenta regresar, pero no lo dejan desembarcar y le advierten que no es bienvenido. Parte entonces a un exilio definitivo que termina en Cádiz, donde muere con una visión sumamente amarga de lo argentino.

En su testamento dejó asentado que no quería ser sepultado ni en Buenos Aires ni en Montevideo. Y, sin embargo, con el tiempo lo repatriaron y hoy está en el mausoleo de la Plaza Miserere.

una visión modernizadora y el rol de la mujer

—En ese balance histórico, ¿cuál considera que fue su principal legado o visión de país?

—Él tenía una idea muy fuerte de la modernidad. Había sido enviado a Europa, estuvo varios años allá y vio de cerca esa civilización, la cual quiso trasladar al Río de la Plata, aunque en el intento se metió en grandes problemas.

Intentó medidas muy progresistas y enfrentó a corporaciones poderosas como la Iglesia Católica. Si bien era creyente, buscó recortar el poder de la estructura eclesiástica y salió muy erosionado de esa contienda.

También fue progresista en el rol de la mujer: decidió darle espacio público e impulsó la Sociedad de Beneficencia junto a Mariquita Sánchez de Thompson, una mujer empoderada, abriendo así el papel de la mujer en la sociedad. En una perspectiva histórica amplia, queda enrolado dentro de la corriente liberal.

de la política activa a la historia

—Mirando su trayectoria personal, habiendo sido concejal y referente político en Córdoba, ¿evalúa regresar a la política activa?

—No, ya cumplí un ciclo. Hoy la sigo como un espectador muy informado. Ojo, Lula sigue activo con 80 años... Pero en mi caso, fui concejal y ahora soy espectador, lo que sí dialogo mucho con gente que está en actividad.

Con Yo, Rivadavia, Dómina propone volver sobre uno de los personajes más discutidos de la historia argentina, recuperar aspectos menos conocidos de su vida y revisar las tensiones políticas de una época que, con sus diferencias, todavía encuentra ecos en el presente.

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