Llaryora no se casa con Milei, pero le gusta coquetear con el Presidente

OPINIÓN Por Juan Palos

hoy

Martín Llaryora volvió a dejar en claro cuál será el rumbo de su relación con el presidente Javier Milei. Sin levantar la voz, sin buscar una confrontación estéril, pero también sin mostrar un alineamiento político, el gobernador cordobés eligió el camino del equilibrio.

Cada vez que se le consulta por el vínculo con la Casa Rosada responde prácticamente lo mismo: "Es una relación institucional. En las cosas que están bien, nosotros acompañamos y las cosas que perjudiquen a la provincia o que nos parezcan que no le sirven a Córdoba, las rechazamos". Una frase medida, políticamente correcta y que resume toda una estrategia.

No es una postura improvisada. Es una construcción política que Llaryora pretende sostener durante toda su gestión. Córdoba hace muchos años decidió mantener una identidad propia frente al poder central, sin importar quién gobierne la Nación, y el actual mandatario provincial está decidido a continuar ese camino.

Mientras algunos gobernadores eligieron enfrentarse abiertamente con Milei y otros optaron por convertirse en aliados incondicionales, Llaryora decidió ubicarse en el medio. Dialoga cuando es necesario, gestiona recursos para la provincia y, al mismo tiempo, conserva la libertad de reclamar cuando entiende que Córdoba está siendo perjudicada.

Así lo demuestra el reclamo por la deuda previsional que la Nación mantiene con la provincia. El gobernador recordó que el juicio continúa en la Corte Suprema y expresó su esperanza de que el conflicto tenga una resolución favorable. Según sostiene, esos fondos pertenecen a Córdoba y su demora obliga a la Provincia a seguir afrontando un importante déficit previsional.

Paradójicamente, esa postura convive con una relación institucional que ha dado resultados. El Gobierno nacional adelantó 400 millones de dólares en concepto de coparticipación y autorizó al intendente Daniel Passerini a tomar un crédito por 120 millones de dólares. Son decisiones que muestran que existe diálogo y capacidad de gestión entre ambas administraciones.

Sin embargo, Llaryora se cuida de que nadie interprete esos gestos como una alianza política con Milei. Gobernar con buena relación institucional no significa compartir un mismo proyecto político. Esa diferencia el gobernador procura remarcarla cada vez que tiene oportunidad.

La estrategia parece clara y difícilmente cambie en el año electoral. Llaryora quiere seguir mostrando a Córdoba como una provincia independiente, capaz de respaldar las medidas nacionales que beneficien a los cordobeses y de rechazar aquellas que considere perjudiciales.

En definitiva, el gobernador no pretende transformarse en un dirigente libertario ni convertirse en un opositor permanente. Prefiere mantener abiertas todas las puertas, conservar autonomía política y defender el histórico perfil cordobés de independencia frente al poder central.

Llaryora no quiere casarse con Milei. Prefiere mantener una relación de respeto institucional, aprovechar los acuerdos cuando favorecen a Córdoba y marcar diferencias cuando entiende que los intereses de la provincia están por encima de cualquier conveniencia política.

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